El 'Guernica'.

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Columnas SIN SOLTAR AMARRAS

El PNV no quiere el 'Guernica': quiere montar un show

Si cada obra se queda en su ciudad, en su pueblo o en su aldea, el concepto universal de museo salta por los aires.

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Hace dos años, durante el festival Refúgiate en la cultura, con el que el Ayuntamiento de Madrid anima a huir del calor del verano madrileño entrando en museos, galerías, cines o teatros, se ofreció una corta exhibición de flamenco en el Museo Reina Sofía.

Eduardo Guerrero bailó para los visitantes de una sala y, al acabar su espectáculo, pidió ejecutar una pieza delante del Guernica.

Consultados los responsables del museo, nos dijeron que sólo si se renunciaba al zapateado, pues el repique de los tacones podría producir alguna vibración que dañase el cuadro.

Eduardo, pues, se alzó ante la obra y dibujó complicadas figuras con los brazos, en un homenaje hermoso y mudo a una de las cumbres del arte español.

Recordé la anécdota estos días de la polémica con el PNV, que pretendía llevarse de excursión el Guernica al pueblo que le da nombre para, supuestamente, cerrar heridas y reparar daños.

La reclamación no es nueva. En los años noventa, ya Arzalluz dio la matraca con el traslado del cuadro y despachó la negativa con la frase miserable "como siempre: las bombas para Euskadi y el arte para Madrid".

Obvia Arzalluz el recuerdo de los doce guardias civiles reventados en la plaza de la República Argentina o los muertos tras la explosión de un coche bomba accionado por ETA en el cuartel de Guzmán el Bueno.

El expresidente del PNV Xabier Arzalluz.

El expresidente del PNV Xabier Arzalluz. Efe

Se ha explicado con paciencia franciscana que el Guernica no puede moverse.

Que su estado es tan precario que podría hacerle daño el repique de los tacones de un bailarín. No digamos ya un viajecito de quinientos kilómetros para luego exhibirse en un lugar que difícilmente podrá ofrecer las condiciones de conservación indispensables para preservar la obra.

Yo, firme defensora de las políticas de préstamo entre museos, temo más que a un nublado a los talibanes que esgrimen el origen para reclamar una obra.

Siguiendo esa deriva peligrosa, los 'sorollas' tendrían que ir a Valencia; las 'inmaculadas' de Murillo, a las iglesias sevillanas; El fusilamiento de Torrijos, a Málaga; y Las lanzas, a Breda.

Cada obra se quedaría en su ciudad, en su pueblo, en su aldea.

Y el concepto universal de museo saltaría por los aires.

Por suerte, el ministro Urtasun no ha podido ser más claro: el Guernica se queda donde está.

En la pataleta por la negativa, el lehendakari Pradales soltó la frase lapidaria "si pudieron sacar a Franco de su tumba, ¿cómo no van a poder traer un cuadro a Euskadi?".

Y al comparar un cuadro con un cadáver ya se le vio el plumero: no era el huevo sino el fuero.

A Pradales le daba igual el Guernica: quería el espectáculo.

Pero esta vez no ha funcionado y están que trinan. Debe de ser la falta de costumbre…