Donald Trump aborda el nuevo Air Force One, regalado por Catar, en una imagen de archivo.

Donald Trump aborda el nuevo Air Force One, regalado por Catar, en una imagen de archivo. Jonathan Ernst Reuters

Oriente Próximo

Turquía acusa a Israel de crear la amenaza iraní para asesinar a Trump en el Air Force One a la que la CIA no dio credibilidad

Los analistas de la CIA no encontraron convincente la información proporcionada por Israel, y así se lo trasladaron a la Casa Blanca.

Aun así, el Servicio Secreto decidió sacar a Trump del avión presidencial en un camión de catering.

Más información: La controvertida evacuación del Air Force One: Trump escapó en un camión de catering con su séquito dejando a Rubio a bordo

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Las claves

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Turquía acusa a Israel de haber inventado una amenaza iraní contra Donald Trump durante la cumbre de la OTAN para influir en decisiones de EE.UU.

El Servicio Secreto activó un operativo extraordinario y Trump abandonó Turquía en un avión distinto al habitual tras recibir una advertencia de posible atentado.

La CIA y altos cargos estadounidenses consideraron la información israelí como poco convincente y de baja fiabilidad, aunque se tomaron medidas de precaución.

Turquía sostiene que el supuesto plan era inverosímil y sospecha que Israel buscaba sabotear negociaciones entre Washington, Ankara y Teherán.

Donald Trump abandonó Turquía el pasado 8 de julio en un avión distinto del habitual, después de que el Gobierno israelí trasladara a la CIA una advertencia sobre un plan iraní para asesinarle durante la cumbre de la OTAN.

Según reveló este miércoles el Washington Post, citando a responsables estadounidenses actuales y anteriores familiarizados con esa información, los analistas de la agencia no consideraron convincente el material recibido y comunicaron su escepticismo a cargos de la Administración Trump.

Uno de esos responsables describió los avisos sobre amenazas contra la vida del presidente como "de origen israelí, no generados por Estados Unidos, y de baja confianza".

El dispositivo que se activó pese a esas dudas sólo se puede calificar de extraordinario en todos los sentidos.

Trump llegó a Ankara en el nuevo Boeing 747-8 regalado por Catar, pero para el trayecto de vuelta embarcó públicamente en el Air Force One clásico de los años noventa, un 747 más antiguo, alegando que lo hacía por nostalgia.

Una vez dentro, y fuera del alcance de las cámaras, fue trasladado en un camión de catering hasta un tercer aparato, un C-32A de las Fuerzas Aéreas, que despegó rumbo a la base británica de Mildenhall escoltado por cazas F-16, según dos funcionarios estadounidenses y el material examinado por el diario.

Con él, viajaron el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, y otros tres colaboradores estrechos entre los que no estaba el secretario de Estado, Marco Rubio.

Donald Trump junto a su secretario de Defensa, Pete Hegseth, en una reunión en Maryland, EEUU.

Donald Trump junto a su secretario de Defensa, Pete Hegseth, en una reunión en Maryland, EEUU. Reuters

Middle East Eye, medio digital británico especializado en asuntos de Oriente Próximo, añade más detalles: en vez de salir del aeropuerto de Etimesgut, como habría sido lo habitual, tanto el supuesto Air Force One como el avión que realmente llevó a Trump lo hicieron del de Esenboga, donde los edificios civiles quedan más lejos del perímetro.

Según apuntan los expertos, si se recuperó un avión más antiguo en vez de insistir con el catarí fue porque disponía de sistemas de defensa de los que el nuevo carece.

La Casa Blanca en ningún momento respondió con claridad a las preguntas sobre qué información recibió ni sobre cómo la valoraron sus responsables, y se limitó a señalar que el presidente "se ha enfrentado a numerosas amenazas contra su vida, incluidas las procedentes de Irán".

La CIA declinó hacer comentarios y la embajada israelí en Washington no respondió a las preguntas del Post.

Uno de los altos funcionarios citados por dicho periódico defendió la precaución máxima tomada en la operación: "El Servicio Secreto ha tenido tres incidentes muy cercanos con este presidente, así que no se arriesgan. Hicieron lo que tenían que hacer".

El propio Trump se desentendió de la decisión: "Realmente depende del Servicio Secreto. Querían que fuera en otro vuelo, en otro avión, con la misma seguridad. Hago lo que dicen".

13 periodistas y 2 secretarios en el avión señuelo

Un breve repaso a la lista de quienes se quedaron en el aparato que supuestamente iba a ser atacado ya invita a pensar que nadie se tomó muy en serio la amenaza.

A bordo del antiguo 747, viajaron hasta Reino Unido el secretario de Estado, Marco Rubio, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, y asesores como Stephen Miller o Monica Crowley, junto al grupo habitual de trece periodistas acreditados, entre ellos un corresponsal y un fotógrafo de Reuters.

Según una de las fuentes citadas por Reuters, Rubio había sido informado tanto de la información israelí como del ardid preparado por el Servicio Secreto. Aun así, optó por embarcar en el avión que, presumiblemente, habría sido el objetivo planeado.

Rubio y Bessent sabían que Trump se había trasladado; los periodistas y la mayoría de los asesores, no.

El camión de cátering por el que Trump se escabulló mientras los periodistas subían a bordo.

El camión de cátering por el que Trump se escabulló mientras los periodistas subían a bordo. Reuters

Con todo, las instrucciones a bordo sí que reflejaron una cierta preocupación: se indicó a los ocupantes que mantuvieran bajadas las persianas de la cabina de prensa, y cuando un fotógrafo abrió la suya, recibió de inmediato la orden de cerrarla por parte del Servicio Secreto.

Cuando todo el pasaje se juntó en la escala de Mildenhall, los periodistas, que no sabían que Trump había llegado hasta ahí en otro avión, preguntaron al presidente por tantas precauciones.

"Bueno, sí, porque probablemente estáis en un vuelo peligroso por culpa de los indeseables con los que tenemos que tratar", contestó Trump. Y añadió, en referencia a las amenazas iraníes: "Yo soy el número uno en su lista, antes que vosotros. Pero si yo caigo, vosotros caéis. Quizá algún día queráis cambiar de profesión".

El episodio choca con los precedentes al respecto, porque la operación se aparta de los viajes sorpresa habituales, en los que un grupo reducido de periodistas acompañaba al presidente bajo compromiso de secreto.

Maggie Haberman, de The New York Times, explicó así el caso más conocido: la visita de Bill Clinton a Pakistán en 2000, cuando llegó primero un avión señuelo identificado y los agentes desembarcaron antes de que Clinton aterrizara por separado.

"Me hablaron de los procedimientos de seguridad extraordinarios que se estaban tomando", explicó Haberman. "Por supuesto, los peligros amenazaban también a los periodistas que cubrían el viaje, no solo al presidente Clinton".

Turquía y el equilibrio con Teherán

Uno de los supuestos que sostenían la verosimilitud del plan era la supuesta buena relación entre Ankara y Teherán, pero conviene precisar algunas cuestiones.

Turquía e Irán comparten 530 kilómetros de frontera, mantienen relaciones diplomáticas y comercian entre sí; por ejemplo, Ankara es uno de los principales importadores de gas natural iraní.

Ahora bien, la desconfianza es estructural: Turquía sospecha desde hace años que su vecino apoya al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), al que considera su principal amenaza de seguridad nacional.

Durante esta guerra, ha optado por lo que se podría denominar una "neutralidad activa", mediando junto a Pakistán, con un respaldo interno abrumador: una encuesta de MetroPoll de marzo recogía que el 68,1% de los turcos quiere que su país permanezca neutral, frente a un 2,1% partidario de alinearse con Estados Unidos e Israel.

Y es que una cosa es que Ankara considere amigos a los ayatolás y otra cosa es que quiera que su régimen se derrumbe. Un Irán fragmentado amenaza a Turquía con una insurgencia kurda revitalizada y una nueva oleada de refugiados, las dos contingencias que más daño doméstico han causado a Recep Tayyip Erdoğan.

El jefe de la inteligencia turca, İbrahim Kalın, advirtió de que la guerra corría el riesgo de encender un "anillo de fuego" que enfrentase a turcos, kurdos, árabes y persas.

Según reveló la prensa israelí, el plan de Estados Unidos e Israel para reclutar combatientes kurdos como fuerza terrestre en el propio Irán se vino abajo en marzo tras la oposición turca.

Teherán ha agradecido públicamente a Ankara no haber respaldado lo que describe como un complot del Mosad y la CIA para provocar una insurrección en el oeste del país.

Donald Trump comparece junto a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdoğan.

Donald Trump comparece junto a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdoğan. Reuters

Con Israel, eso sí, la relación está rota desde hace años. Antiguos socios estratégicos, ambos países vieron cómo sus relaciones se venían abajo tras el asalto al Mavi Marmara en 2010, y la restauración diplomática de 2022 no sobrevivió a la guerra de Gaza.

Ankara retiró a su embajador en octubre de 2023 y suspendió el comercio en 2024. En abril de este año, el Gobierno turco acusó formalmente a Benjamin Netanyahu de crímenes de guerra y llegó a referirse a él como el "Hitler de nuestro tiempo".

Una amenaza real convertida en instrumento

La existencia de una amenaza iraní contra Trump no está en discusión. Es una preocupación central desde el asesinato de Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds, en 2020, y se ha agravado con la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, en febrero de este año junto a decenas de altos cargos.

En 2024, las amenazas de Teherán estuvieron cerca de concretarse: el paquistaní Asif Merchant fue detenido con un supuesto plan para matar a políticos estadounidenses, posiblemente incluido Trump, y el Departamento de Justicia atribuye al afgano Farhad Shakeri un encargo iraní para idear el asesinato del entonces candidato.

Teherán lo niega.

De hecho, el presidente ha sobrevivido a tres intentos de magnicidio en los últimos dos años, sin que se conozca vínculo alguno entre los sospechosos e Irán.

Por eso, los responsables turcos han salido a la palestra a poner en duda los intereses israelíes a la hora de filtrar la información.

Según reveló Ragip Soylu en Middle East Eye, Ankara sospecha que el informe israelí fue una argucia del Gobierno de Netanyahu para presentarse como protector de Trump, hacer descarrilar la negociación con Teherán y erosionar la relación personal entre el presidente estadounidense y Erdoğan.

"Por supuesto, nos tomamos todo muy en serio e intentamos ayudar a nuestros homólogos estadounidenses todo lo posible", declaró una persona conocedora del asunto. "Sin embargo, para nosotros estaba muy claro que era imposible que ese informe fuera cierto".

El argumento que se esgrime desde Ankara es que Teherán nunca se ha atrevido a ejecutar en Turquía una operación tan sofisticada; un ataque con misiles portátiles habría exigido casas seguras, rutas encubiertas y transportar el armamento a través de innumerables controles con la ciudad blindada por la cumbre.

Aparte, el informe israelí llegó justo mientras Trump negociaba un acuerdo para terminar la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz.

En su reunión con Erdoğan, el presidente estadounidense repitió que la guerra con Irán había terminado y se mostró esperanzado con las conversaciones, según una fuente que asistió al encuentro.

Esa posición chocaba frontalmente con la agenda de Netanyahu, partidario de reanudar las hostilidades con bombardeos más duros sobre la infraestructura energética iraní.

El día anterior al supuesto complot, además, Trump había dado a entender que estaba dispuesto a levantar las sanciones impuestas a Turquía por la compra del sistema ruso S-400 y a venderle cazas F-35, algo a lo que Israel se opone con firmeza por considerar que alteraría su superioridad militar cualitativa en la región.

Sin reacción de Israel

Algunos responsables estadounidenses comparten parte de esa lectura sin llegar tan lejos.

Un funcionario en activo y otro ya retirado dijeron al Post que vieron en la alerta israelí un intento de influir en las decisiones del presidente más que de informarle: encajaba en "un patrón más amplio de informes de inteligencia israelí que algunos responsables consideran diseñados para condicionar la toma presidencial de decisiones" con una selección interesada de los hechos y las amenazas.

El presidente estadounidense Trump junto al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu

El presidente estadounidense Trump junto al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu Reuters

Israel, precisan, ve a Irán como su principal enemigo, pero considera a Turquía una amenaza a medio y largo plazo y observa con inquietud el acercamiento entre Washington y Ankara.

El senador demócrata Chris Van Hollen lo formuló así: "Tengo mucha curiosidad por saber hasta qué punto la información proporcionada por Israel era no ya creíble, sino verificable de forma independiente. No me cabe duda de que a Irán le gustaría ver desaparecer al presidente, pero todo esto parece un poco fantasioso".

Israel no ha respondido públicamente a la acusación turca: Middle East Eye solicitó comentarios al Ministerio de Exteriores israelí sin obtener respuesta, y la embajada en Washington tampoco contestó al Post.

Las sospechas de Ankara, que ningún medio ha podido verificar de forma independiente, siguen siendo una atribución a fuentes turcas y no un hecho establecido.

Queda, de fondo, la observación de un veterano de Ankara citado por Soylu sobre el momento elegido para filtrar la operación del Servicio Secreto, un mes después de que ocurriera: "Supongo que necesitan héroes para un ataque que nunca sucedió y que, muy probablemente, nunca llegó a planearse".