Planta nuclear de Natanz.

Planta nuclear de Natanz. Redes sociales.

Oriente Próximo

Trump y Netanyahu atacan la principal planta nuclear de Irán y Teherán bombardea la sede del programa atómico israelí

El OIEA destaca que "no se prevén consecuencias radiológicas ni se ha detectado ningún impacto adicional" en la instalación.

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Las claves

Estados Unidos e Israel atacaron el centro de enriquecimiento de uranio Shahid Ahmadi Roshan en Natanz, Irán, causando daños en la planta nuclear clave del país.

Irán respondió bombardeando la ciudad israelí de Dimona, donde se encuentra una de las principales instalaciones nucleares, dejando al menos 20 heridos, entre ellos un niño.

El Organismo Internacional de Energía Atómica confirmó daños en Natanz, aunque sin fugas radiactivas ni peligro para la población cercana.

Natanz es estratégica en el programa nuclear iraní y sufre reiterados ataques y sabotajes, siendo un punto crucial en las tensiones entre Irán, Israel y potencias internacionales.

Un misil lanzado desde Irán impactó este sábado en Dimona, en el sur de Israel, ciudad donde se ubica una de las principales instalaciones nucleares israelíes.

Este ataque responde al perpetrado por Estados Unidos e Israel contra el centro de enriquecimiento de uranio Shahid Ahmadi Roshan en la céntrica provincia de Natanz, en Irán.

Este lanzamiento supone la ejecución de la "represalia inmediata" que Teherán había prometido tras el sabotaje de sus propias instalaciones.

El impacto en Dimona, que fue registrado a las 19.07 hora local, dejó al menos 20 víctimas por heridas de metralla, entre ellos un niño de diez años.

De acuerdo con el servicio de emergencias Magen David Adom (MDA), sus equipos atendieron a las víctimas, que sufrieron las lesiones mientras se dirigían a zonas protegidas.

Por su parte, el Cuerpo de Bomberos y Servicios de Rescate de Israel informó del colapso de un edificio tras uno de los impactos, lo que provocó un incendio en la zona.

Según el Comando del Frente Interno, la unidad del Ejército israelí encargada de garantizar la seguridad de la población civil en Israel, desde la medianoche se han registrado al menos siete oleadas de ataques iraníes dirigidas contra Dimona y otras áreas del sur del país.

En paralelo, el servicio de bomberos informó de varios incidentes en el norte de Israel atribuidos a impactos de cohetes lanzados por Hizbulá, con daños en algunos edificios.

Ataque a Natanz

"No hay constancia de ninguna fuga de materiales radiactivos en este complejo y no existe peligro alguno para los residentes de las áreas circundantes", informó el Centro Nacional del Sistema de Seguridad Nuclear en un comunicado recogido por la agencia semioficial iraní Tasnim.

El Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) ha confirmado daños en las instalaciones nucleares de Natanz.

"A partir de las últimas imágenes satelitales disponibles, el OIEA puede confirmar algunos daños recientes en los edificios de acceso de la planta de enriquecimiento de combustible (FEP) subterránea de Natanz, Irán", ha afirmado el organismo.

Asimismo, ha destacado en un comunicado publicado en sus redes sociales que "no se prevén consecuencias radiológicas ni se ha detectado ningún impacto adicional en la propia FEP".

El director general de la agencia, Rafael Mariano Grossi, ha reiterado "su llamamiento a la moderación militar para evitar cualquier riesgo de accidente nuclear", reza el escueto comunicado de la organización, publicado en redes sociales.

Las autoridades iraníes han protestado contra un ataque "contrario a las leyes y obligaciones internacionales, incluido el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y otras normativas relacionadas con la seguridad nuclear".

No es la primera vez que la central resulta alcanzada durante los ataques conjuntos que comenzaron el 28 de febrero contra Irán: tres días después, la agencia nuclear de la ONU, el Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) confirmó daños en un bombardeo contra las instalaciones sin que tampoco hubiera constancia de "consecuencias radiológicas".

Sin embargo, en ese momento no resultó dañada la planta de enriquecimiento de combustible (FEP) como sí ha pasado este sábado y hay que recordar además que la central ya fue uno de los objetivos de la operación conjunta lanzada por EEUU e Israel el verano pasado y que azotó durante doce días la república islámica.

Este ataque al país persa llega unas horas después de que Irán disparara dos misiles balísticos contra la base militar estadounidense-británica de Diego García en el Océano Índico, según informó la agencia de noticias semioficial Mehr.

El Wall Street Journal había adelantado que se trataba de un ataque de alcance intermedio hacia la base, pero que no la alcanzaron ya que uno de los misiles ha fallado en pleno vuelo y el otro ha sido interceptado por un buque de la Armada estadounidense.

La Base Diego García, enclave estratégico para las operaciones estadounidenses en el extranjero, se encuentra a casi 4.000 kilómetros de las costas iraníes. Hasta el momento, Irán había desvelado un abanico de misiles con un rango máximo de entre 2.500 y 2.000 kilómetros de alcance.

Es por eso que Mehr afirmó que atacar la base era un "paso significativo... que demuestra que el alcance de los misiles iraníes va más allá de lo que el enemigo había imaginado anteriormente".

Pieza clave

La planta nuclear de Natanz —a unos 220 km al sureste de Teherán— es el nodo clave del programa de enriquecimiento de uranio del país persa y una pieza estratégica en la disputa con las potencias internacionales.

Su importancia radica en que concentra buena parte de las centrifugadoras capaces de transformar uranio natural en material apto tanto para uso civil como, potencialmente, militar.

Revelada en 2002 por opositores iraníes, Natanz se situó desde el principio en el centro de las sospechas sobre las verdaderas intenciones del programa nuclear de Teherán.

Hasta entonces había permanecido fuera del radar del organismo nuclear de la ONU, lo que alimentó la percepción de un proyecto con posibles derivadas militares.

El complejo tiene además un peso estratégico porque buena parte de sus instalaciones están enterradas y protegidas para resistir ataques aéreos. Pese a esas defensas, ha sufrido ciberataques y sabotajes atribuidos a Israel, que buscan frenar el avance nuclear iraní sin desencadenar una guerra abierta.

En el plano diplomático, Natanz marca el tono de las negociaciones nucleares. Bajo el acuerdo de 2015, Irán se comprometió a reducir de forma drástica las centrifugadoras activas en la planta y a limitar el nivel de enriquecimiento, a cambio del alivio de sanciones.

Más allá del expediente técnico, Natanz tiene implicaciones regionales y globales. Para Israel y varios países árabes del Golfo, simboliza una amenaza directa; para Teherán, es el emblema de su derecho soberano a la tecnología nuclear y una palanca de presión frente a Estados Unidos y Europa.

Acuerdos y control

El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA, por sus siglas en inglés) convirtió a Natanz en el eje del dispositivo de control internacional sobre el programa atómico iraní.

En la práctica, el pacto estableció que sería la única planta autorizada para enriquecer uranio a nivel industrial durante un periodo de 15 años, concentrando allí las actividades que antes se sospechaba que Irán podía dispersar por otras instalaciones menos vigiladas.

El JCPOA fijó límites estrictos al número y tipo de centrifugadoras operativas en Natanz, así como al nivel máximo de enriquecimiento de uranio.

Irán se comprometió a retirar miles de máquinas, a usar principalmente modelos de primera generación y a mantener el enriquecimiento por debajo del umbral considerado de uso civil, reduciendo así el riesgo de una rápida "escapada" hacia un uso militar del programa.

El control de Natanz quedó en manos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que obtuvo acceso reforzado a la planta.

Los inspectores pudieron instalar cámaras, realizar inspecciones frecuentes y verificar los stocks de uranio y el estado de las centrifugadoras, lo que convirtió la actividad en la planta nuclear en un barómetro casi en tiempo real del cumplimiento o incumplimiento iraní del acuerdo.

Cada vez que Irán ha anunciado la instalación de centrifugadoras más avanzadas o el aumento del nivel de enriquecimiento en Natanz, se ha interpretado como una respuesta directa a la ruptura o debilitamiento del JCPOA.

Estos movimientos en la planta han marcado las sucesivas crisis del pacto y condicionan hoy cualquier intento de renegociación: el grado de acceso y control sobre la planta nuclear será uno de los puntos más sensibles en cualquier nuevo entendimiento entre Teherán y las potencias.

Tras la salida de Estados Unidos del JCPOA en 2018 y la reimposición de sanciones, el acuerdo entró en una deriva que se reflejó de inmediato en Natanz.

Teherán respondió de forma gradual anunciando primero el incumplimiento de los límites de reservas de uranio y, después, el aumento del nivel de enriquecimiento por encima del 3,67 % pactado, además de instalar centrifugadoras más avanzadas de las autorizadas.

Estos pasos, que Irán justificó como reversibles y "proporcionales" a la violación previa del acuerdo por parte de Washington, supusieron en la práctica las primeras violaciones claras del marco de 2015 y marcaron el inicio del progresivo vaciamiento del régimen de control sobre Natanz.