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. Tomás Serrano

Asia

Trump pide ayuda a Elon Musk y Tim Cook para presionar a Xi Jinping: la lista de objetivos del presidente para su viaje a China

El esperado encuentro entre los dos hombres más poderosos del mundo se celebra con Irán, Taiwán y la tregua comercial como telón de fondo. Las agendas de los mandatarios están cargadas de asuntos.

Más información: Trump llega a Pekín en busca de una salida honrosa de Irán y Xi Jinping se la ofrecerá a cambio de pagar un peaje: Taiwán.

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Las claves

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Donald Trump viaja a China con un grupo de destacados empresarios, incluyendo a Elon Musk y Tim Cook, para fortalecer su agenda económica ante Xi Jinping.

La delegación estadounidense busca acuerdos para reducir el desequilibrio comercial, vender productos agrícolas y tecnológicos y atraer inversiones chinas en fábricas en EE.UU.

China acude al encuentro en posición de fuerza tras sortear la guerra arancelaria y buscará mantener el 'statu quo' comercial y frenar la venta de armas a Taiwán.

Trump espera obtener compromisos de China que le permitan presentar logros económicos y políticos ante los votantes en las próximas elecciones de medio término.

El presidente Donald Trump está listo para reunirse en Pekín con el primer mandatario chino, Xi Jinping. Es un encuentro esperado. Trump pondrá el foco en una agenda económica, pero Irán, Taiwán y los grandes asuntos geoestratégicos sobrevolarán las cabezas de ambas delegaciones.

El presidente no estará solo. Se unirán a él los máximos ejecutivos de otras grandes corporaciones estadounidenses. El Departamento de Estado publicó este lunes la lista de invitados.

Los representantes de la industria electrónica y digital, las Big Tech, son: Tim Cook, de Apple; Dina Powell, de Meta, Jim Anderson, de Coherent y Chuck Robbins, de Cisco, aunque este ya ha comunicado que no podrá unirse al grupo por compromisos de agenda. La industria de semiconductores envía a Sanjay Mehrotra, de Micron Technology, Cristiano Amon, de Qualcomm y Jensen Huang, de Nvidia.

Por parte de la industria aeroespacial van Kelly Ortberg, de Boeing; Lawrence Culp, de General Electric y Elon Musk, representando a SpaceX y también a Tesla. Destacan Jacob Thaysen, de Illumina, como representante del ámbito del sector biotecnológico, y Brian Sikes, por parte de la industria agroalimentaria.

El sector financiero y el mercado de capitales acuden con una nutrida representación: Larry Fink, de BlackRock; Stephen Schwarzman, de Blackstone, Jane Fraser por parte del Citi y David Solomon, de Goldman Sachs. Les acompañan Michael Miebach, de Mastercard y Ryan McInerney, de Visa.

Trump quiere impresionar en esta visita con un despliegue de poderío económico e industrial. "Voy a ir a China en abril. Va a ser algo salvaje", dijo en su discurso durante la reunión del Consejo de Paz que se celebró el pasado mes de febrero en Washington. "Tenemos que montar el espectáculo más grande que jamás hayan tenido en la historia de China", aseguró.

Esta es la segunda vez que el presidente visita a su homólogo chino. La anterior fue en noviembre de 2017. Aquella visita se produjo poco después del XIX Congreso del Partido Comunista de China. Xi aprovechó la oportunidad para presentarla como un respaldo internacional a su liderazgo.

Pekín no escatimó atenciones. El viaje fue calificado por los medios locales como 'visita de Estado plus'. Se extendió la alfombra roja; el presidente chino y la primera dama, Peng Liyuan, esperaron a los Trump al pie del avión y acompañaron a la pareja a una visita guiada por la Ciudad Prohibida.

El tour incluyó una cena privada en el palacio de Jianfu (palacio de la Felicidad Establecida), al estilo de los antiguos emperadores. Al día siguiente, Trump fue recibido en el Salón del Pueblo, pasó revista a las tropas y asistió a una representación en el epatante auditorio de la Ópera de Pekín.

El presidente Donald Trump y la primera dama, Melania Trump, reciben la aprobación del presidente Xi Jinping en la Ciudad Prohibida de Pekín durante su visita de Estado en 2017.

El presidente Donald Trump y la primera dama, Melania Trump, reciben la aprobación del presidente Xi Jinping en la Ciudad Prohibida de Pekín durante su visita de Estado en 2017. Jonathan Ernst. Reuters.

Si el objetivo del viaje para Xi era demostrar a los suyos el reconocimiento internacional, también le sirvió para enviar a Occidente un mensaje claro: China está aquí y ya es poderosa.

Trump quedó realmente impresionado: "Nunca vi tantos soldados, todos de la misma estatura, exactamente de la misma estatura, con un margen de un centímetro", recordó en febrero. "Fue impresionante y me dije: tienes que superarlo. Vamos a superarlo. Vamos a llevar a mucha gente", aseguró.

El inquilino de la Casa Blanca admira a los personajes duros, asertivos, con ideas claras y Xi entra en esa categoría. La visita sirvió para forjar una excelente relación personal entre ellos y también para suscitar la inquietud de que la posición de liderazgo de EEUU se enfrentaba a una seria amenaza.

Musk, Cook y una docena de los más poderosos empresarios de Estados Unidos forman parte de esa comitiva de 'mucha gente' con la que Trump quería impresionar a los chinos. Pero hay un problema: cuando Trump hablaba con tanto entusiasmo ante el Consejo de Paz en febrero, contaba con que sus planes salieran de forma muy distinta a como están resultando.

Cambio de escenario

Xi invitó a Trump a visitar Pekín durante una conversación telefónica que mantuvieron el pasado septiembre. El encuentro se planificó para marzo. Para entonces, el mandatario estadounidense ya controlaba el petróleo venezolano y aspiraba a hacer lo mismo con el iraní.

Pero la situación en Irán se complicó y obligó a la Casa Blanca a pedir un aplazamiento de la reunión. No quería abordar unas delicadas negociaciones con Pekín en pleno conflicto contra Teherán, que tiene en China uno de sus principales aliados.

Lo que se planificó como una operación relámpago ha dado paso dos meses y medio más tarde a un frágil alto el fuego. Las negociaciones para reabrir el estrecho de Ormuz van muy despacio y el estrangulamiento del tráfico marítimo de crudo y fertilizantes evocan el fantasma de una crisis económica mundial.

Miembros del batallón de la Guardia de Honor del Ejército Popular de Liberación desfilan en las recepciones de los altos mandatarios en Pekín.

Miembros del batallón de la Guardia de Honor del Ejército Popular de Liberación desfilan en las recepciones de los altos mandatarios en Pekín. Maxim Shemetov. Reuters.

Trump llega a esta importante cita en desventaja. El poderío militar desplegado en el Golfo no aporta los resultados que Washington pretendía. De poco sirve el ejército más poderoso del mundo si no es capaz de doblegar a una pequeña nación sin marina ni aviación que controla una franja del mar de apenas 30 km de anchura. Es un mal ejemplo en su comparación con sus anfitriones chinos.

La palanca del petróleo que Washington quería emplear en la negociación ya no está en sus manos. En las circunstancias actuales, la capacidad de la delegación estadounidense para presionar a Pekín a cerrar acuerdos favorables se ha debilitado.

La agenda económica

Según declaraciones de funcionarios de EEUU a The New York Times, la comitiva de altos ejecutivos que acompaña a Trump pretende constituir un comité de inversiones y comercio con China. Sobre la mesa se pondrán acuerdos para vender a los asiáticos productos agrícolas, aviones comerciales y otros bienes, así como fijar normas en el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

El objetivo declarado por EEUU es reducir el desequilibrio comercial actual que les es desfavorable. También persigue un compromiso de inversión para construir fábricas en suelo estadounidense por valor de un billón de dólares.

El magnate Elon Musk acompañará al presidente Trump en su visita a Pekín. Imagen de Archivo.

El magnate Elon Musk acompañará al presidente Trump en su visita a Pekín. Imagen de Archivo. Manuel Orbegozo. Reuters.

Trump busca volver a Washington con una 'lluvia de millones' que atraiga votantes para su partido en las elecciones de medio término de noviembre. Las compras de grano, especialmente de soja, suavizarían las críticas de los agricultores, un colectivo de votantes clave para el presidente.

Lo mismo ocurre con las fábricas. "Si quieren venir para construir una fábrica y darte trabajo a ti, a tus amigos o a tus vecinos, eso es fantástico", declaró el presidente ante el Club Económico de Detroit en enero. "Me encanta la idea. Dejemos que China venga", añadió ante un auditorio repleto de representantes de la industria del automóvil.

Tim Cook, director ejecutivo de Apple, invitado a una recepción duranta la reciente visita de los monarcas británicos a EEUU.

Tim Cook, director ejecutivo de Apple, invitado a una recepción duranta la reciente visita de los monarcas británicos a EEUU. Matt McClain. Reuters.

La idea de la llegada de inversión china a Detroit tiene serios detractores: "Instamos encarecidamente a la Administración a rechazar cualquier intento de los fabricantes chinos de eludir estas restricciones existentes estableciendo instalaciones de producción en EEUU", decía una carta reciente firmada por diversas asociaciones de la industria.

Dos velocidades

Para Xi, este encuentro le sitúa en una posición de negociación sólida. Ante su público interior, ha capeado con éxito el temporal de la guerra arancelaria desatada por Trump el 'Día de la Liberación'. Las importaciones estadounidenses han caído alrededor del 20 % y las exportaciones asiáticas a otros mercados han superado con creces la bajada del comercio con EEUU.

Su objetivo es extender la tregua comercial tanto como sea posible. El statu quo actual les beneficia.

En lo político, Pekín buscará el compromiso de suspender la venta de armas a Taiwán. En diciembre, la Administración Trump aprobó el paquete más voluminoso de la historia, pero las entregas se están realizando a cuentagotas. Se estima que el importe de pedidos pendientes de suministro supera los 30.000 millones de dólares, pero Washington está frenando los envíos.

Para Donald Trump, a los ambiciosos objetivos económicos que ha trasladado a su ilustre equipo de asesores, hay que añadir un componente político de altísimo valor. Pedirá la intervención activa y decisiva de China para alcanzar un final a la guerra de Irán que pueda vender como una gran victoria.

Scott Kennedy, analista del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) situado en Washington, declaró a Efe: "Los líderes chinos confían en su capacidad para maniobrar mejor que el presidente Trump y ganarle la partida en sus principales objetivos de política exterior". Podrán intercambiar gestos de bajo coste y alto valor a cambio de compromisos políticos firmes.

Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, declaró este lunes a la agencia oficial de noticias Xinhua que Xi y Trump "mantendrán un intercambio de opiniones en profundidad sobre cuestiones de importancia asociadas con las relaciones entre ambos países, así como con la paz y el desarrollo mundiales".

La prudencia verbal china contrasta con la exuberancia de las declaraciones estadounidenses. "China está dispuesta a trabajar con Estados Unidos con un espíritu de igualdad, respeto y beneficio mutuo para ampliar la cooperación, gestionar las diferencias e inyectar más estabilidad y certeza a un mundo turbulento y cambiante", concluyó. El mensaje está claro: Pekín espera un diálogo de igual a igual. La supremacía estadounidense podría estar a punto de pasar a la historia.