Yolanda Díaz en un acto de Sumar.

Yolanda Díaz en un acto de Sumar. Europa Press

Política PACTOS DE INVESTIDURA

El PSOE pide a Sumar que no interfiera con Junts y ERC y le recuerda que "el candidato es Sánchez"

Los socialistas temen que Díaz no sepa controlar su grupo parlamentario, como ya ocurrió con Unidas Podemos en la legislatura pasada.

12 agosto, 2023 02:47

La sintonía, equilibrios y coordinación que Pedro Sánchez y Yolanda Díaz exhibieron durante toda la legislatura pasada ha tardado apenas dos semanas en resentirse. Si antes del 23-J el líder del PSOE confiaba en la de Sumar como un contrapeso a Unidas Podemos, a sus formas y a su independencia, en los últimos días los socialistas empiezan a preocuparse de que la vicepresidenta no sepa capaz de asumir un papel secundario en el Gobierno ni de manejar a su coalición ni siquiera en este preludio del año político, con el Congreso todavía cerrado por vacaciones.

Fuentes del Ejecutivo socialista recuerdan a Díaz que "el candidato es Pedro Sánchez, no ella" y la acusan de "ir por libre" sin contar con el PSOE. Este síntoma se notó desde el lunes directamente posterior a las elecciones, el 24 de julio, cuando la vicepresidenta designó al exdiputado Jaume Asens como negociador entre la coalición de Gobierno y los partidos independentistas. Todo esto, en paralelo y por su cuenta. 

La elección de Asens no sentó bien a ninguno de los dos lados de la mesa. A pesar de su interlocución directa con Carles Puigdemont y su buena relación con Junts, el exdiputado está muy mal considerado tanto en algunos de los partidos que integran Sumar como en ERC, otro de los socios a los que se le pidió sondear. Desde el minuto uno, los socialistas han velado porque le retiren de las negociaciones y no interfiera.

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La propia ministra de Hacienda en funciones y número 2 del PSOE, María Jesús Montero, aseguró que los socialistas –y no Sumar– son los que tienen "la responsabilidad" de liderar los contactos con los diferentes grupos para que Sánchez repita como presidente. Díaz, por su parte, quiere hacer valer sus 31 diputados.

Parte de la negociación en paralelo que dirige la vicepresidenta se deslizó el miércoles pasado cuando, entrevistada en TVE, la vicepresidenta propuso reformar el reglamento del Congreso de los Diputados para que se permita el uso de las distintas lenguas del Estado –las llamadas "cooficiales", más allá del castellano– en el hemiciclo, una antigua reivindicación nacionalista a la que el PSOE siempre se ha opuesto.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en una imagen de archivo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en una imagen de archivo. Eduardo Parra Europa Press

La otra se ha visto este lunes, cuando el portavoz de Sumar, Ernest Urtasun, acusó abiertamente al PSOE de "falta de ambición" para negociar las líneas del Gobierno. "En los primeros contactos que estamos manteniendo con el PSOE estamos notando una cierta falta de ambición. Las propuestas que nos trasladan son insuficientes, nosotros queremos compromisos concretos", lamentó el eurodiputado.

Más aún, no hay que desdeñar la complicada situación interna que vive Sumar desde la inesperada victoria de la izquierda el 23-J, con la coalición inmersa en un proceso de orgánico sobre quiénes serán sus dirigentes en el futuro. Los socialistas temen que Díaz no está siendo capaz de "atar las taifas" de su coalición antes de la investidura, esto es, de garantizar la fidelidad de todos los pequeños partidos que integran el grupo parlamentario.

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Díaz, que ya está planteando su Ejecutiva, tiene la vista fija en septiembre para armar la estructura del partido, esta vez sí, admitiendo la doble militancia con formaciones como Podemos, Más Madrid o Compromís. Esto podría generar todavía más crisis dentro de la coalición, dado que la mayoría de fuerzas que integran Sumar no admiten esta doble militancia.

A falta de que elijan su nuevo rumbo, en las próximas semanas pueden ocurrir dos cosas: o que las formaciones cambien su reglamento para que los militantes puedan adscribirse a otras fuerzas, o que algún dirigente cambie de chaqueta para arrimarse más a Díaz.

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Negociación PSOE-Sumar

Todo esto se enmarca en un problema mayor: Sumar no tiene sólo que hablar con los independentistas, sino también con el propio PSOE para armar un equipo de Gobierno a velocidad de crucero. Para esta última labor ya existe un interlocutor admitido por las dos partes, el secretario de Estado Nacho Álvarez, pero dentro de la coalición hay quien pide tener silla propia en esas reuniones, como Podemos y Compromís, y negociar de tú a tú con el equipo de Pedro Sánchez. 

A los socialistas, en concreto, les inquietan dos cosas. La primera es que Sumar esté negociando términos de investidura con Junts cuando ni siquiera tiene decididos los cupos y responsabilidades que le tocarán en el Gobierno con el PSOE. La segunda, que Díaz no sea capaz de controlar a su coalición ni a su grupo parlamentario, las llamadas taifas.

De hecho, este es un miedo recurrente en el PSOE desde hace meses. Las fuentes consultadas remiten a la crisis del sólo sí es sí para explicar esta descoordinación. Entonces, explican, "se abrió todavía más la grieta del Gobierno porque Yolanda no supo controlar a Podemos"; una situación que parece estar replicándose ahora a ojos de los socialistas y el resto de miembros de la coalición.

Díaz lleva días atendiendo todas las peticiones de los partidos inmersos en Sumar para que Álvarez las transmita en esas reuniones de investidura, pero ni las vacaciones y la falta de una mesa de coordinación lo ponen difícil. El objetivo, a grandes rasgos, es establecer una dinámica que evite situaciones como las de la legislatura pasada, en las que el PSOE negociaba a dos bandas, una con la vicepresidenta y otra con Ione Belarra e Irene Montero.

Aunque nadie lo admite abiertamente, existe el miedo en la coalición de que los 31 escaños de Sumar sean cada uno "de su padre y de su madre", en referencia a que no rindan obediencia a Díaz sino a sus propias formaciones. Ha ocurrido en varias ocasiones con Compromís y, sobre todo, con Podemos, que dejó claro desde el primer día que sus cinco diputados responden únicamente ante Belarra.