Mar Flores, 56 años

Mar Flores, 56 años

Corazón

Mar Flores (56 años), modelo: "Me levanto a las 7 de la mañana, solo duermo 4 horas y ceno a las 8 de la tarde"

La modelo madrileña explica cuál es su rutina para mantenerse joven a su edad.

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Mar Flores (56 años) vive en una carrera de fondo contra el reloj y contra el sueño. La modelo y empresaria reconoce que su cuerpo le pide ocho horas de descanso, pero su realidad es muy distinta.

"Necesito dormir 8 horas, pero solo duermo 4 o 5. Es una faena", confiesa. Detrás de su imagen impecable hay una rutina férrea, una agenda milimetrada y una sensación constante de deuda con la almohada que comparten miles de mujeres.

Nada más abrir los ojos, Mar no se lanza de la cama: primero mira el móvil "con cariño", lo deja en su sitio y se toma su zumo verde, el ritual que marca el inicio de la jornada.

"Utilizo la alarma del móvil y la pongo en un sonido muy suave porque me molesta mucho levantarme sobresaltada. Si retraso la alarma y le digo que me llame en 5 minutos, ya jamás me levanto", explicó la madrileña.

Su mañana está organizada al milímetro. Después del zumo, se lava los dientes, se viste de deporte y entre las 7 y las 8 de la mañana ya está entrenando.

Tres días a la semana hace pesas y ejercicio cardiovascular y otros dos los reserva para el yoga, una combinación con la que mantiene su figura y, sobre todo, su cabeza en orden.

Solo después llega el momento de desayunar con sus hijos, llevarlos al colegio y continuar la jornada en la oficina.

Lejos del tópico de la frivolidad asociada al mundo de la moda, Mar se define como una mujer muy organizada y metódica, obsesionada con cuidarse al cien por cien.

Sabe que su trabajo le exige mantener una buena imagen durante años y que eso solo se consigue con disciplina y constancia.

Esa misma filosofía la aplica a la mesa: no le gusta comer fuera porque, cuenta, en casa sigue una rutina muy clara de alimentación basada en proteínas, verduras e hidratos de carbono medidos: "Suelo hacer cinco ingestas al día".

Si el día se lo permite, se concede una siesta, un pequeño respiro que compensa algo la falta de sueño nocturno.

Si no hay tregua, continúa trabajando hasta la hora de recoger a los niños del colegio. Una vez a la semana se permite un capricho con ellos: merendar tortitas; el resto de los días, la merienda suele ser tan simple y saludable como una pieza de fruta.

Las noches también siguen un guion: "Cenamos ya duchados, sobre las 20.30, tres platos. Dos platos y una ensalada o verdura. Comemos bastante bien y no hay postre. A veces un yogur", señaló sobre sus cenas

Todo está pensado para comer "bastante bien" y no romper el equilibrio que tanto le cuesta mantener.