Un macaco comiendo tierra de arcilla roja.

Un macaco comiendo tierra de arcilla roja. Proyecto de macacos de Gibraltar/Martín Nicourt

Historias

La nueva 'moda' entre los monos de Gibraltar: comen tierra para proteger su estómago de la comida de los humanos

El comportamiento se llama geofagia y es mucho más común en aquellos individuos que tienen un contacto frecuente con los turistas.

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Los monos son una de las mayores atracciones turísticas de Gibraltar. Se les puede ver en la reserva natural del peñón y las redes sociales están llenas de vídeos de los visitantes interactuando con estos animales o siendo perseguidos por ellos tras un encuentro poco amigable.

La reserva cuenta con numerosos carteles informativos en los que se prohíbe explícitamente prácticas como alimentar o acariciar a los macacos, aunque la realidad es muy distinta.

Es muy habitual verles comiendo bolsas de patatas, galletas y tentempiés varios que las propias personas les dan o que cogen del suelo porque se quedan ahí tirados. Alimentos que no deberían ingerir y que pueden provocarles daños gastrointestinales.

Para evitar esos problemas, han comenzado a comer tierra como una suerte de antídoto contra el malestar que les causan estos aperitivos llenos de azúcares y grasas. La conducta se llama geofagia y ha sido observada por un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge.

Es la primera vez que se ha visto un comportamiento similar en macacos que viven en Gibraltar —la única población de monos en libertad de Europa—. Por eso los autores han publicado su trabajo en la revista Scientific Reports.

Estos científicos monitorean a los grupos de monos del peñón y han visto que la práctica de geofagia es mucho más común en aquellos individuos que tienen un contacto frecuente con los turistas.

Las tasas de ingesta de tierra también son más altas durante la temporada alta de vacaciones. El 56,5% de los episodios se produjo en verano, el 39,1% en invierno y el 4,3% en primavera.

La población de macacos de Gibraltar registró un promedio de 12 episodios de ingesta de tierra por semana, lo que les sitúa entre los primates que la practican con más frecuencia. Una cifra comparable a la de los chimpancés y lémures, que comen tierra para obtener minerales y mitigar las toxinas de las plantas.

Barrera protectora

Los científicos creen que estos alimentos, que ya suponen una parte sustancial de la dieta de algunos macacos en Gibraltar, alteran la composición del microbioma intestinal. Lo que deriva en cambios en su cultura, por eso adoptan esta nueva práctica.

Un mono de Gibraltar se come una galleta que han dejado unos turistas.

Un mono de Gibraltar se come una galleta que han dejado unos turistas. Proyecto de macacos de Gibraltar/Martín Nicourt

Los autores sostienen que ingerir tierra puede ayudarles a reequilibrar el estómago al proporcionarles bacterias y minerales ausentes en la comida basura.

Sylvain Lemoine, líder del estudio, cuenta que su teoría y la de su equipo es que lo hacen para proteger su sistema digestivo contra el alto contenido energético y el bajo contenido en fibra de estos alimentos.

"La tierra consumida actúa como una barrera en el tracto digestivo, limitando la absorción de compuestos dañinos", apunta. Esto podría aliviar síntomas gastrointestinales, desde náuseas hasta diarrea. Por otra parte, también puede aportar bacterias beneficiosas que contribuyen al microbioma intestinal.

Durante todo el periodo de estudio, entre el verano de 2022 y la primavera de 2024, casi una quinta parte (18,8%) de la alimentación de estos macacos la constituía la comida basura que obtenían de los turistas.

Los autores cuentan en el trabajo que algunos de los casos de geofagia que observaron se produjeron poco después de verles comer helado (7 minutos antes de ingerir tierra), galletas (48 minutos antes ) o pan (6 minutos antes).

Algo que se sale completamente de los alimentos que consume habitualmente la especie, como hierbas, hojas, semillas y algún que otro insecto, destaca Lemoine.

Por otra parte, no todos los grupos de macacos consumieron tierra por igual. Los que poblaban la cima del Peñón de Gibraltar, tenían dos veces y media más probabilidades de consumir comida basura para turistas que los animales de otras zonas.

De hecho, los tres grupos de monos que viven en este territorio fueron responsables de más de dos tercios (72%) de todos los incidentes de ingesta de tierra.

Un mono de Gibraltar con un paquete de patatas en la mano.

Un mono de Gibraltar con un paquete de patatas en la mano. Proyecto de macacos de Gibraltar/Martín Nicourt

Sin embargo, entre los que habitan las zonas bajas de las laderas de Gibraltar se observaron muchos menos casos de esta práctica. Incluso, hubo un grupo que no tuvo ningún contacto con turistas ni acceso a comida humana. Fueron los únicos individuos en los que no se observó ningún consumo de tierra.

Comportamiento social:

Otra de las hipótesis del equipo de la Universidad de Cambridge es que este comportamiento se transmite de manera social. Afirman que es un ejemplo de una cultura animal emergente y una suerte de tradición que han creado al vivir en un entorno dominado por los humanos.

Alrededor del 30% de los casos de geofagia se produjeron en grupos, con varios animales comiendo tierra juntos. Asimismo, el 89% de todos los incidentes tuvieron lugar en presencia de otros macacos que, a menudo, observaban.

Los humanos queremos comida basura porque hemos evolucionado para buscar y almacenar grasas y azúcares ricos en energía para sobrevivir a períodos de escasez. Ahora, la disponibilidad de estos productos puede estar generando el mismo efecto en los primates que habitan el Peñón de Gibraltar, según Lemoine.

"El hecho de que coman tierra les permite seguir consumiendo alimentos que tienen efectos digestivos negativos, pero que son tan deliciosos para ellos como para nosotros", ha añadido.

Para María del Carmen Hernández, profesora ayudante doctora del área de Zoología en la Universidad Autónoma de Madrid, esta es otra muestra más del "impacto negativo de las actividades humanas sobre el bienestar de las poblaciones de animales salvajes".

Esta información, agrega, debería traducirse en un mayor esfuerzo en educación ambiental y en el desarrollo de políticas eficaces de protección de la biodiversidad.

Algunas especies muestran una gran capacidad de compensación, como lo descrito en este artículo. Sin embargo, muchas otras no logran adaptarse a entornos fuertemente perturbados y "acaban sufriendo un declive poblacional o, en los casos más extremos, desapareciendo".