Image: Pensamientos mortales

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Novela

Pensamientos mortales

Luis Antonio de Villena

8 noviembre, 2000 01:00

Editorial Planeta. Barcelona, 2000. 204 páginas, 2.090 pesetas

Villena queda deslumbrado por una mujer-donjuán, cuando el donjuanismo masculino se encuentra en decadencia, pero le insufla reflexiones que enlazan el sexo con cierto esteticismo

Según la nota que viene a cerrar esta nueva novela del prolífico Luis Antonio de Villena, Pensamientos mortales de una dama, título poético y equívoco (se trata de una exaltación vital y no mortal), empezó a ser escrita en enero de 1997, pero fue abandonada y reemprendida en varias ocasiones. La razón que nos ofrece su autor es que "tenía algo de reto, para mí, hablar del universo íntimo de una mujer". Se trata, de hecho, de una novela "de tesis", puesto que su autor se propone "descubrir que -en el futuro- los problemas (o los afanes vitales) de hombres libres y mujeres verdaderamente libres [...] andarán más cerca que nunca".

El tratamiento del relato, el de la "mujer nueva" (aunque no precisamente en el sentido en que la entendiera Carmen Laforet), se reduce a una confesión o monólogo, que traza en el comienzo y en pocas páginas la evolución de una mujer, nacida en 1948 según se nos informará más adelante, casada en 1975 con un arquitecto que logra situar a la familia entre la burguesía acomodada y, tras la casi independencia de los hijos, sufre una lenta, aunque radical metamorfosis. Hasta la página 32, pues, se nos ofrecen los tópicos de situaciones habituales. "Yo era poco más que una señorita tonta", se confiesa. Y elige a su marido "porque era deferente y a la vez dominador". Relata los primeros escarceos sexuales y una preñez que obligará a acelerar la boda.

Todo ello viene a completar el arranque del verdadero relato, ya a sus 47 años, a través de Charo, una amiga que ha conocido en un gimnasio, quien va a abrirle nuevos horizontes. La mujer madura se iniciará en la belleza masculina, el descubrimiento del sexo en una perspectiva "libre" y "masculina". Villena queda deslumbrado por una mujer-donjuán, cuando el donjuanismo masculino se encuentra ya en clara decadencia. Pero le insufla reflexiones que enlazan el sexo con cierto esteticismo que nos recordará pasajes del olvidado y más sutil álvaro de Retana. El resultado de esta confesión-descripción es el retrato de algunos jóvenes, casi todos de modesta extracción social, que buscan aquí o en Miami el éxito fácil y el dinero. Dos excepciones rompen la regla: la aventura ocasional con Ruy, y un taxista ocasional y apasionado. La relación con el ya maduro profesor A. Beltrán servirá para justificar el bisexualismo con más altura intelectual. Tinín, el último amante, se convertirá en el más sólido refugio de esta mujer que no sabe si su actitud es justificable como apertura a esta "nueva mujer" que se otea o debe autocalificarse de pervertida. El modelo malo será, sin embargo, Charo, tal vez, porque en ella no aparecen signos artísticos. La protagonista acabará pintando, aconsejada por el profesor que se mueve en la alta sociedad, y que alterna las jóvenes alumnas con mujeres maduras.

Con la belleza masculina -eje vertebrador-, el sexo y el placer constituyen temas casi únicos. Salvo en dos ocasiones en las que la mujer desciende a otro ambiente, el lenguaje narrativo es neutro y ligeramente descuidado. Cuando Tinín abandona su máscara de joven educado o amaestrado, se explaya con una expresividad más viva: "Mi padre era un pobre currante completamente machacado, tía [...], y mi madre, además de soportarle, ha hecho lo que ha podido, yendo a fregar a otras casas y dejándose las manos y la dignidad y todo; joder, ¿piensas que yo quiero ocultar eso?".

Desde esta actitud que desdeña las situaciones de marginalidad, aunque "mujer nueva" por su "liberación", podrá comprender la bisexualidad del hijo. Tal vez algunas lectoras puedan descubrir en el libro de Villena atisbos de su desconocida personalidad, que las gentes que nos rodean pueden ser más complicadas o más simples como refleja el espejo en el que el autor ha proyectado sus retratos.