El refugio de Manolo García en un pueblo de 600 habitantes

El refugio de Manolo García en un pueblo de 600 habitantes

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El municipio español donde desconecta Manolo García: 600 habitantes, iglesia del siglo XVI y está escondido en la sierra

El cantautor catalán de 70 años elige este pequeño enclave de Castilla-La Mancha.

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El exvocalista de El Último de la Fila ha encontrado en la Sierra del Segura su particular oasis de paz. Un municipio con encanto medieval donde cambia los escenarios por los pinceles, la naturaleza y el más absoluto anonimato.

Acostumbrado a colgar el cartel de 'no hay entradas' en los estadios más imponentes de España y a desatar la locura de miles de fans a lo largo de décadas, Manolo García tiene un secreto infalible para mantener los pies en la tierra.

Lejos del bullicio de las grandes capitales, del asfalto de su Barcelona natal y del estrés frenético de la industria musical, el cantautor ha fijado su verdadero refugio vital en un rincón casi secreto de Castilla-La Mancha. Hablamos de Férez, un pintoresco municipio de la provincia de Albacete que apenas supera los 600 habitantes censados.

Para el intérprete de Pájaros de barro, este rincón de la Sierra del Segura no es un destino vacacional cualquiera para dejarse ver, sino su auténtica patria emocional.

Los padres de Manolo eran originarios de esta zona (su madre de Férez y su padre de la vecina localidad de Socovos) y emigraron a Cataluña en busca de prosperidad en los años cincuenta.

Sin embargo, el artista nunca permitió que ese hilo invisible con sus raíces manchegas se rompiera. Hoy, es en este pequeño pueblo de calles empinadas donde pasa sus veranos, largas temporadas de desconexión y donde encuentra el silencio necesario para componer.

Conocido en la comarca por su riqueza hídrica y sus paisajes, Férez es un remanso de paz alejado por completo de los circuitos del turismo de masas.

Férez

Férez

El pueblo, que enamora por su laberíntico entramado de callejuelas estrechas, sus fachadas de mampostería tradicional y su inconfundible sabor medieval, es el escenario perfecto para slow travel. Aquí, Manolo García no es la estrella de rock inalcanzable, sino un vecino más que rehúye cualquier tipo de ostentación.

En este municipio, el artista posee una vivienda tradicional rehabilitada con mimo, respetando siempre la arquitectura típica de la sierra albaceteña.

No hay lujos excéntricos, grandes piscinas infinity ni muros infranqueables. Su rutina es tremendamente sencilla: madrugar, pasear por los escarpados senderos rodeados de pinos y encinas y dedicarse a su otra gran pasión más allá de los escenarios, la pintura.

Quienes conocen de cerca a Manolo aseguran que es habitual verle conversando tranquilamente con los paisanos en la plaza del pueblo o comprando en los pequeños comercios locales, apostando de manera ferviente por el producto de proximidad.

Su compromiso con el ecologismo y la defensa del medio rural es inquebrantable y predica con el ejemplo habitando esa España vaciada a la que en tantas ocasiones ha puesto voz.

Si el viajero decide seguir los pasos del cantante y perderse por Férez, descubrirá joyas arquitectónicas como la Iglesia Parroquial de la Asunción, levantada en el siglo XVI y que cuenta con un impresionante órgano histórico.

También destaca la ruta hasta el Arroyo de la Mora, el puente de piedra o los miradores desde donde se contempla la inmensidad de un paisaje agreste y puro.

Manolo García ha encontrado en Férez el antídoto perfecto contra el veneno de la fama. Un refugio inexpugnable de piedra y naturaleza que guarda la esencia más íntima de una de las voces más queridas de nuestro país.