Foto de la ciudad de Nueva York.
Un estudio con datos recogidos durante 200 años sugiere que la población humana ha superado la capacidad de la Tierra
Un “sobregiro” global que no empezó ayer: dos siglos de demografía sugieren que la humanidad lleva tiempo viviendo por encima del equilibrio ecológico.
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La población mundial no solo sigue creciendo: podría llevar décadas funcionando por encima de lo que el planeta puede sostener de forma estable. Esa es la advertencia de un estudio publicado en Environmental Research Letters, liderado por Corey J. A. Bradshaw, que revisa más de dos siglos de datos demográficos.
La idea tiene bastante más filo de lo que sugiere un titular simple sobre “demasiada gente”. Lo que plantean los autores es un desajuste entre número de habitantes, consumo de recursos, energía disponible y capacidad real de regeneración ecológica de la Tierra bajo el modelo actual.
Según la difusión realizada por Flinders University, el análisis detecta una señal clara de sobrepasamiento sostenido de la capacidad de carga y sitúa el gran punto de inflexión a mediados del siglo XX, cuando la dinámica humana empezó a separarse de una trayectoria compatible con la estabilidad a largo plazo.
Deuda ecológica crónica
Ahí está la clave de la noticia. El trabajo no se limita a discutir cuántas personas “caben” en el planeta, sino que reabre una cuestión mucho más incómoda: si la humanidad lleva tiempo viviendo con una especie de deuda ecológica crónica que se cubre agotando capital natural.
La conclusión tampoco nace de una proyección alarmista lanzada al aire. El equipo aplicó modelos de crecimiento ecológico a registros globales y regionales de población, tamaño demográfico y tasas de crecimiento, con la idea de estimar una capacidad de carga sostenible a partir del comportamiento real del sistema durante más de 200 años.
Con los niveles presentes de consumo, la población actual sería demasiado numerosa y demasiado exigente para que la Tierra pueda sostenerla de manera duradera. La cuestión no sería solo cuántos somos, sino cómo vivimos.
Eso sí, la “capacidad de carga” no es una cifra fija, mágica e indiscutible, sino una estimación que depende de factores como la tecnología, la dieta, la eficiencia, la desigualdad, la disponibilidad energética o el nivel de bienestar aceptado.
Según el estudio, la Tierra podría soportar más población en términos estrictamente biofísicos, pero una cifra mucho menor si se aspira a una vida razonablemente segura y estable sin degradar más los sistemas naturales.
Eso da al hallazgo un alcance mucho más político que demográfico. El problema no se formula solo en términos de natalidad o tamaño poblacional, sino como una combinación entre crecimiento humano y economías apoyadas en consumo intensivo, extracción acelerada y combustibles fósiles que han enmascarado durante décadas los límites reales.
Por eso el estudio encaja tan bien con las crisis que ya están sobre la mesa: cambio climático, pérdida de biodiversidad, estrés hídrico, presión alimentaria y encarecimiento energético. No plantea que exista un colapso automático e inminente, pero sí que el sistema humano actual opera por encima de un umbral ecológico sostenible.