Hay lecturas que requieren tiempo, volver sobre ellas, irse apropiando lentamente de ese universo ficcional antes de conseguir participar de sus metáforas. La dificultad es el requisito estipulado para poder disfrutar de una modalidad muy particular de placer lector. Eso lo saben muchos niños y, desgraciadamente, somos los mediadores quienes les impedimos esta experiencia y les transmitimos nuestros prejuicios y limitaciones.
Una niña no es un álbum fácil ni por su temática ni por su tratamiento. Incluso su proximidad estética tiene más complejidad de la que aparenta. Sin embargo, detrás de sus elipsis, alusiones y silencios, hay un sustrato sentimental y afectivo tan intenso como sincero. El niño o adulto que se adentre en sus aguas, que atienda su fragilidad y no se sienta agredido por la violencia inherente, disfrutará de un significativo hallazgo. Es cierto que exige varias aproximaciones, que tal vez nunca se logre compren-der del todo, que no es un libro para cualquier lector pero, ¿acaso importa?
Una niña no es un álbum fácil ni por su temática ni por su tratamiento. Incluso su proximidad estética tiene más complejidad de la que aparenta. Sin embargo, detrás de sus elipsis, alusiones y silencios, hay un sustrato sentimental y afectivo tan intenso como sincero. El niño o adulto que se adentre en sus aguas, que atienda su fragilidad y no se sienta agredido por la violencia inherente, disfrutará de un significativo hallazgo. Es cierto que exige varias aproximaciones, que tal vez nunca se logre compren-der del todo, que no es un libro para cualquier lector pero, ¿acaso importa?