Image: ¡A bañarse!
La simplicidad conseguida por muchos artistas a menudo esconde la complejidad del proceso de abstracción, el meditado tratamiento de las formas (con las numerosas renuncias que implica) y el mérito que tiene el poder decir tanto con tan poco. Ilustradores como Bruna, Eriksson, Douzou o Gomi han desarrollado una obra dirigida a los más pequeños que destaca tanto por su intensidad narrativa como por el profundo vínculo afectivo que establece.
Al lector adulto que desee apreciar estos rasgos en un libro, le recomendamos ¡A bañarse!, de Taro Gomi. Allí descubrirá, por ejemplo, cómo la mirada del protagonista tiene el poder de sugerir presencias que no hallamos en la ilustración; o cómo se articula una narración dinámica aunque se opte por suprimir la ambientación y cualquier detalle superfluo; o cómo se construye una sólida construcción de la psicología de los personajes a partir de la cambiante relación de ambos en cada página; o cómo la historia genera constantemente expectativas para luego sorprendernos y, en definitiva, cómo valiéndose de muy diversos y efectivos recursos conquista la atención y el cariño del prelector, al tiempo que lo introduce en la posibilidad de "leer antes de leer".
Al lector adulto que desee apreciar estos rasgos en un libro, le recomendamos ¡A bañarse!, de Taro Gomi. Allí descubrirá, por ejemplo, cómo la mirada del protagonista tiene el poder de sugerir presencias que no hallamos en la ilustración; o cómo se articula una narración dinámica aunque se opte por suprimir la ambientación y cualquier detalle superfluo; o cómo se construye una sólida construcción de la psicología de los personajes a partir de la cambiante relación de ambos en cada página; o cómo la historia genera constantemente expectativas para luego sorprendernos y, en definitiva, cómo valiéndose de muy diversos y efectivos recursos conquista la atención y el cariño del prelector, al tiempo que lo introduce en la posibilidad de "leer antes de leer".