Image: Emma
Todo nos hace pensar que estamos frente a un producto de consumo. Su aspecto es propio de un libro fungible que no merece ser conservado, tras su lectura y desde la misma tipografía del título sospechamos que nos encontramos ante una novela rosa. Al leer debajo de Emma la palabra-explicación "Novela" se acrecientan nuestros prejuicios y la coletilla "Basada en el manga de Kaoru Mori" nos lleva a pensar que estamos ante una versión parasitaria de una obra de éxito. Sin embargo, al leer el primer párrafo encontramos lo inesperado: está bien escrita.
La novela se ajusta a la perfección a las directrices del género romántico: trata de una relación amorosa que lucha en contra de un medio social que se opone a su existencia; construye una trama que siembra expectativas en el lector para que se involucre emocionalmente y anhele un desenlace en el que los buenos sean recompensados, los malos castigados y el final feliz se prolongue hacia la eternidad. Pospone la resolución de la historia a una segunda y definitiva entrega donde el azar y lo inesperado tienen lugar.
Lo que sorprende en Emma es que la formula no resulta evidente, la elaboración psicológica de los personajes da vida al estereotipo, la contextualización en la Inglaterra victoriana le aporta una tensión añadida y las destrezas narrativas de la autora, junto al dominio que tiene de la tradición literaria anglosajona, dejan su rastro en multitud de detalles, referencias y homenajes que no incordian la fluidez de la lectura. Obra paradójica que destaca en la homogénea oferta editorial juvenil tanto por su nivel literario como por la osada apuesta por recuperar y dignificar la novela rosa.
La novela se ajusta a la perfección a las directrices del género romántico: trata de una relación amorosa que lucha en contra de un medio social que se opone a su existencia; construye una trama que siembra expectativas en el lector para que se involucre emocionalmente y anhele un desenlace en el que los buenos sean recompensados, los malos castigados y el final feliz se prolongue hacia la eternidad. Pospone la resolución de la historia a una segunda y definitiva entrega donde el azar y lo inesperado tienen lugar.
Lo que sorprende en Emma es que la formula no resulta evidente, la elaboración psicológica de los personajes da vida al estereotipo, la contextualización en la Inglaterra victoriana le aporta una tensión añadida y las destrezas narrativas de la autora, junto al dominio que tiene de la tradición literaria anglosajona, dejan su rastro en multitud de detalles, referencias y homenajes que no incordian la fluidez de la lectura. Obra paradójica que destaca en la homogénea oferta editorial juvenil tanto por su nivel literario como por la osada apuesta por recuperar y dignificar la novela rosa.