Entre las consecuencias de la relación literatura infantil-escuela/instituto encontramos la utilización de la novela con fines instructivos y moralizantes. Esta concepción funcionalista de la literatura goza de extendida aceptación gracias al auge de proyectos pedagógicos centrados en la "transmisión de valores transversales". Diversas colecciones y premios han sido creados para satisfacer dicho mercado. En general, este producto reúne una mediocre factura literaria junto a una lacrimógena trama y un acartonado mensaje edificante.
No deben confundirse esas obras oportunistas con las novelas de corte realista, aun cuando compartan los mismos anaqueles y se trate de presentar la una por la otra. Compárese, por ejemplo, El cazador de estrellas de R. Gómez (Premio Alandar 2003) y Maíz amargo de M. A. Bogunyà. La primera es melodramática, se regodea en el sufrimiento, apela a la emotividad del lector y su mensaje es evidente y ramplón. La segunda profundiza en la vida psicológica del protagonista, rehúye de los estereotipos y persigue un fin estético que trasciende cualquier moraleja. El cazador de estrellas intenta enseñarnos algo, Maíz amargo es una lectura placentera.
No deben confundirse esas obras oportunistas con las novelas de corte realista, aun cuando compartan los mismos anaqueles y se trate de presentar la una por la otra. Compárese, por ejemplo, El cazador de estrellas de R. Gómez (Premio Alandar 2003) y Maíz amargo de M. A. Bogunyà. La primera es melodramática, se regodea en el sufrimiento, apela a la emotividad del lector y su mensaje es evidente y ramplón. La segunda profundiza en la vida psicológica del protagonista, rehúye de los estereotipos y persigue un fin estético que trasciende cualquier moraleja. El cazador de estrellas intenta enseñarnos algo, Maíz amargo es una lectura placentera.