El mercado editorial ha hecho de la literatura infantil un bien de consumo. Como tal, responde a "las necesidades del mercado" y a "las exigencias del clien- te". En buena medida, el mayor cliente es la escuela y por eso el objeto literario se elabora a su gusto. Así, los valores transversales, la transmisión de contenidos, el mal llamado realismo social o el tratamiento de problemas juveniles (drogas, racismo, anorexia, etc.) determinan y justifican una abundante producción que se caracterizan por el estereotipo y escaso valor literario.
La proliferación de estas colecciones tiende a eclipsar la aparición de obras fuera de serie y de honesto compromiso social. De carta en carta es uno de esos libros que destacan por su calidad y porque antes de ser un libro para la escuela, es una obra literaria. Así lo apreciamos en la naturalidad con que se presentan los hechos, en la profundidad de los personajes, en el cuidado que tiene la escritur o en la ausencia de moralejas explícitas.
La proliferación de estas colecciones tiende a eclipsar la aparición de obras fuera de serie y de honesto compromiso social. De carta en carta es uno de esos libros que destacan por su calidad y porque antes de ser un libro para la escuela, es una obra literaria. Así lo apreciamos en la naturalidad con que se presentan los hechos, en la profundidad de los personajes, en el cuidado que tiene la escritur o en la ausencia de moralejas explícitas.