Ian McEwan en Barcelona.

Ian McEwan en Barcelona. Archivo Europa Press

Letras

Ian McEwan: "Necesitaremos una catástrofe o dos para que el mundo se centre"

El escritor británico comparece en rueda de prensa con motivo de la publicación de 'Lo que podemos saber', su nueva novela.

"En Estados Unidos se cree que si limitamos la IA, podríamos entrar en una crisis que nunca antes se había visto".

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Ian McEwan (Aldershot, 1948) tiene una costumbre que le ayuda a dar forma a sus novelas: sale a pasear solo, camina y camina y, de pronto, las tramas van floreciendo en su mente. Ni siquiera necesita, a estas alturas, realizar grandes investigaciones para el proyecto que en ese momento tenga entre manos.

"Ya tengo suficientes elementos como para googlear dentro de mi cabeza", ha asegurado el escritor. Lo ha hecho esta tarde desde su casa, por videoconferencia, en una rueda de prensa para los medios hispanohablantes organizada por Anagrama –en cuya colección McEwan ocupa un lugar prominente como miembro del Dream Team británico desde que Jorge Herralde lo fichara junto a Julian Barnes, Martin Amis, Kazuo Ishiguro o Hanif Kureishi– con motivo del lanzamiento de su nueva novela, Lo que podemos saber.

Pasea y pasea, y es la soledad quien le dicta la historia. De un tiempo a esta parte, siente que las nuevas tecnologías han dinamitado el espacio íntimo. Más allá de que "la privacidad está amenazada", uno de los temas sobre los que reflexiona en su nueva obra, lo que verdaderamente lamenta, en comparación con la época en la que se inició en la escritura, es la renuncia al "gusto por la soledad".

Advierte cómo, al bajar de un avión, todos los pasajeros buscan ansiosos su teléfono móvil, que no han podido utilizar durante las horas que ha durado el vuelo. Está convencido de que en esos instantes podría surgir un hallazgo, al menos algo que contemplar con gozo, y sin embargo casi todos se lo pierden.

¿Hacia dónde nos dirigimos, a tenor de estos síntomas? El escritor ha tratado de imaginarlo en Lo que podemos saber, una historia situada en 2119, aunque no se trata exactamente de una distopía. La peripecia de Thomas Metcalfe –el narrador principal de la novela, que investiga un poema perdido de Francis Blundy– sirve como pretexto para "especular sobre cómo escribimos la historia, cómo entendemos el pasado y si nos entendemos unos con otros en el presente", según ha dicho el propio autor, que ha dejado claro que "no pretende ser una predicción".

Cubierta de 'Lo que podemos saber'.

Cubierta de 'Lo que podemos saber'. Anagrama

Ahora bien, "quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos se está convirtiendo en una conversación preocupante", advierte, pues "en el primer mundo la sensación es que el futuro es peor que el presente". Lo que más le inquieta, no obstante, es "el pesimismo colectivo", en tanto que "tiene un efecto paralizador, una especie de pegamento metafísico". Por eso esta novela está impregnada de "un optimismo necesario".

"Tenemos motivos para ser optimistas", exclama. "Es lo que debemos al futuro, a las personas a las que no conocemos. Nuestra tarea es intentar escapar de eso que nos paraliza", ha añadido, no sin dejar en el aire una conjetura cuando menos inquietante: "Necesitaremos una catástrofe o dos para que el mundo se centre".

Las peores amenazas, sin embargo, no son tanto la inteligencia artificial ni el rastro que desde hace años va dejando nuestra huella digital, otro de los elementos con los que fabula en la novela. McEwan cree que "hemos perdido algo por el camino, sin duda", pero la información más relevante no la deja el ser humano en la nube. "En cierto modo, tenemos una perspectiva más completa de Napoleón o Charles Darwin a través de las cartas que escribieron que lo que podrá obtener el futuro de nuestras comunicaciones por internet", afirma.

Y es que, además de que "pocas personas escriben persona a persona", el autor de Lecciones cree que "solo algunos comunican por internet pensamientos realmente íntimos". Él mismo entregó todos los correos que envió desde 1996 hasta 2013 a una biblioteca de Texas. "No me preocupó porque no había escrito nada significativo", apostilla. Además, considera que "es más divertido investigar a alguien que escribía cartas en el siglo XIX". En definitiva, "mi punto de vista es que seremos muy copiosos, pero a expensas de falta de profundidad", ha vaticinado.

Con todo, McEwan no ha restado importancia a la presencia ineludible de la inteligencia artificial. "Hay programas que se están alejando de nuestro control, pero es que hay mucho dinero invertido", ha afirmado. El problema es que "en Estados Unidos se cree que si limitamos la IA, podríamos entrar en una crisis que nunca antes se había visto". O sea, "la IA podría limitarse, pero hace falta una voluntad política y económica".

¿La solución? No la tiene, pero "lo mejor que podría pasarnos es una nueva administración en los Estados Unidos con alguien al frente que fuera una brújula moral", ha venido a decir, al tiempo que ha recordado que un político americano dijo con desprecio eso de que "América inventa y Europa regula". Pero resulta, según el autor, que "debe ser así". Dejar el mundo en manos de Trump es lo peligroso.

Observarnos desde el futuro

Nada mejor que la historia para interpretar las dinámicas del presente. McEwan lo sabe y ha encontrado en esta historia un enfoque singular con el que vuelve a dar buena cuenta de su maestría para la novela total, que entronca el impulso posmodernista –el flujo de la conciencia, la inmersión en la psicología de los personajes, etc.– de los inicios de su carrera. En Lo que podemos saber "no somos nosotros los que imaginamos el futuro, sino que es el futuro quien nos observa a nosotros", como bien ha apuntado la editora de Anagrama, Silvia Sesé, al inicio de la rueda de prensa.

Amén del interés que suscita tan disruptivo cambio de perspectiva, "la enseñanza de la historia es una de las cosas más importantes en nuestros sistemas educativos", en tanto que "se cometen muchos errores por no atender al pasado", dice el autor, que lamenta cómo "en el Reino Unido ya no es una cuestión central". Por eso esta novela es "una celebración de la historia", ha apostillado.

Lo que podemos perder, no obstante, está determinada por la poesía, "una forma literaria superior que representa el pináculo de todas las posibilidades de expresión en cualquier lengua". "Fue mi primer amor como adolescente", asegura el escritor, que también se ha mostrado halagüeño con el género en el que siempre se ha desempeñado. "De momento, no hay un sustituto para la novela. Es una máquina que nos permite explorar la condición humana".

Respecto a su vigencia, McEwan relata que "en los 70 ya se hablaba de si la novela estaba muerta". Sea como fuere, "para mí seguirá siendo la persecución apasionada de una minoría", ha dicho.