Pol Guasch. Foto: Alex-Domenech.
'Reliquia': Pol Guasch firma una elegía catártica sobre el suicidio del padre, el duelo y la escritura
El escritor catalán entrega una confesión emocionante sobre una autobiografía dura y amarga, que pretende entender la razón del suicidio con amplitud de miras.
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Pol Guasch (Tarragona, 1997) inicia Reliquia con una categórica afirmación: “Habría agradecido una nota”. En línea con un recurso característico de la novela, la afición a alusiones que sugieren y no precisan, desvela, sin embargo, a continuación, a qué se refiere: se trata de un reproche a su padre. Antes de quitarse la vida –se queja– podría haber dejado algún mensaje en un simple trozo de papel o en una servilleta vieja; le habría bastado con que le hubiera dicho que le quiere o que intentara olvidarle en una hoja con erratas y palabras borradas.
Reliquia
Pol Guasch
Traducción de Unai Velasco. Anagrama, 2026. 159 páginas. 11,99 €
Tras esta explicación inicial, Guasch se abisma en el examen del suicidio y en el significado de la muerte. Ve al padre como la “reliquia” que señala el título, pero sin ninguna connotación sagrada, sino como un resto o un vestigio del pasado, y se dedica a recordar a quien ya está “cansadamente muerto”.
Este trabajo emocional filtrado por la lucidez analítica lo lleva a cabo diez años después del adiós del padre y lo materializa en el libro que escribe a partir de sus vivencias. Con ello pretende entender la razón del suicidio con una gran amplitud de miras que desborda los determinantes genéticos y sociales.
Tiene la indagación de Guasch una pulsión obsesiva en la que no se contenta con manejar sus experiencias personales porque las considera insuficientes o porque desea alcanzar una razón universal del suicidio y recurre al testimonio de escritores suicidas bastante conocidos. Por ello, el relato en primera persona se amplifica y enriquece con textos y confesiones de una decena de autores, de Virginia Woolf, David Foster Wallace, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik o Sylvia Plath.
Pero Guasch no se limita a narrar nada más la impronta de la ausencia que le dejó el suicidio paterno a los cuarenta y cuatro años, cuando él tenía quince. Al contrario, escribe una autoficción catártica que desborda ese traumático episodio y se dilata por su biografía completa, desde la misma infancia y el sufrimiento debido a su condición homosexual, y por su familia, formada por los progenitores y dos hermanos adoptivos. El relato también acoge consideraciones sobre el amor y la amistad.
Esta novela lírica es una confesión emocionante, una autobiografía dura y amarga
Además, agrega un buen puñado de reflexiones que lo convierten en una narración de ideas, un tanto filosófica, expuestas con tono sencillo y sin aspavientos. Todo ello va envuelto, por otra parte, en una idealista proclamación de la literatura, encarnada en el propio libro que leemos, como acaso el único recurso, o al menos el mejor, para comprender el mundo y enfrentarnos a sus silencios y misterios.
De resultas de este múltiple abordaje anecdótico y temático, sale una confesión emocionante, una autobiografía dura y amarga, con momentos muy crudos como el de la transcripción del informe de la autopsia del suicida, pero templada, exenta de melodrama y patetismo.
El quid de Reliquia no se halla, sin embargo, en el contenido sino en su forma cercana a la llamada novela lírica. Pol Guasch escribe su perentoria carta póstuma al padre con técnica impresionista. En ella la narración estricta tiene poco peso. En su lugar, se atiene a una inspiración de poemática subjetividad. La evocación se fragmenta en el ir y venir de un tiempo discontinuo. Los datos referidos aluden, pero concretan poco. La peripecia, más que llegar con claridad al libro, anda como perdida en la mente aprensiva y cavilosa del autor. La escritura artística de Pol Guasch requiere lectura parsimoniosa y mucha atención, pero merece la pena el esfuerzo.