Constantino Bértolo. Foto: Mariú

Constantino Bértolo. Foto: Mariú

Letras

Constantino Bértolo, editor: "La lista de los libros más vendidos es hoy la nueva religión"

Ensayista y crítico, hay pocos tan curtidos en batallas literarias como él. Su última provocación es 'El arte de rechazar manuscritos', un libro tan contundente como revelador.

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Bienhumorado y sabio, Constantino Bértolo (Navia de Suarda, Lugo, 1946) despliega en su nuevo librito, El arte de rechazar manuscritos (Debate), los secretos de muchos rechazos literarios.

Subtitulado ¡Miénteme! Dime que me publicas, el exeditor de Debate y Caballo de Troya, ensayista y crítico, reflexiona sobre los revueltos egos editoriales, con afirmaciones tan provocadoras como que los escritores "son depredadores del reconocimiento ajeno".

Pregunta. Con el auge de la edición digital y de la inteligencia artificial, ¿el editor tradicional es una especie en vías de extinción?

Respuesta. Creo que sí. Hoy ya hay muchísimos más textos "editados" en la red que en la edición tradicional. Y sin duda la mera expansión cuantitativa acabará por producir transformaciones en el concepto de cualidad que, al fin y al cabo, siempre ha mantenido fuertes relaciones con la escasez como productora de valor. Sin embargo, y paradójicamente, la explosión digital ha venido a reforzar y acrecentar el "aura" de la edición en papel al amplificar su distinción, su "diferencia".

P. A grandes rasgos, ¿cuáles son los mayores cambios que ha experimentado la edición desde los tiempos en los que usted dirigía Debate, esto es, entre 1990 y 2003?

R. Tres, diría, fundamentalmente relacionados con el tema de la rentabilidad. El primero tuvo lugar a principio de la década de los noventa del siglo pasado: hasta ese momento, en la valorización de una empresa editorial, los libros en almacén se consideraban un activo. Con la llegada, vía inversiones extranjeras, de una contabilidad más severa, lo que hasta entonces era cuantificado como activo paso a ser pasivo. Fue un cambio brutal que inmediatamente conllevó la pérdida del control de las tiradas por parte de los editores.

»El segundo cambio fue el surgimiento de la llamada "preventa", un sistema que permite, a través de la red comercial, anticipar la demanda de los títulos programados. Esto facilitó que la función marketing interviniese cada vez con mayor peso en la configuración del catálogo, poniendo en cuestión la competencia más propia del editor: la selección de textos.

"Paradójicamente, la explosión digital ha venido a reforzar y acrecentar el 'aura' de la edición en papel"

»La distribución, los pies del negocio editorial, se convierte así en su cabeza. Pensar con los pies. Finalmente, y aunque como editor solo asistí a su emergencia, la expansión de las redes y del espacio digital está propiciando transformaciones tan radicales como la aparición de la Editorial-Nube y del Autor-No propietario.

P. ¿Por qué, en general, parece que la preocupación por formar a los lectores estética y éticamente ya está desfasada?

R. Los libros, todos, y los literarios muy especialmente, siempre forman y deforman a los lectores y lectoras. Algunas editoriales, pocas, desde la responsabilidad de quien debe velar por la salud semántica de la sociedad, mantienen esa pretensión. Pero me temo que hoy ese propósito sería descalificado como adoctrinamiento. La buena literatura enseña a esperar. La mala literatura tiene prisa. Un buen libro nos entrega el placer de la paciencia, que viene a ser, a su modo, el erotismo intelectual de la lectura. Ese tempo en el que el placer brota y se hace calma.

P. ¿La actual saturación editorial no sería una prueba del todo vale y del fin del rechazo?

R. Lo malo no sería el todo vale sino el todo vale lo mismo. Al respecto, y como hemos abordado, la edición tradicional, en papel, mantiene todavía su capacidad de otorgar diferencia y prestigio, como ese Salón del Gourmet, dentro de un Gran Hipermercado. El mercado del libro literario es un mercado bastante singular porque no es el precio, el PVP, el que jerarquiza su valor sino "el aprecio" y, en la construcción de esa distinción, el sistema editorial tradicional, con sus diferentes jerarquías,sigue siendo un elemento decisivo.

P. ¿En qué medida el editor se convierte (o puede convertirse) en coautor de un libro?

R. Siempre he compartido la idea de que un editor es también un interlocutor y en ese sentido la edición tiene algo de conversación y diálogo. Pero en general las autoras o autores son más suspicaces que propensos.

P. ¿Cuáles eran sus criterios para rechazar un original? ¿Qué hacía cuando pensaba que una obra era impublicable? ¿Lo aceptaba el autor o se ganaba un enemigo para siempre?

R. Vivir sin enemigos es señal de sometimiento.

P. Distingue entre el público lector homogéneo, el residual y el emergente, pero explica que son posibles las mutaciones: ¿qué hace que el lector (o el autor) homogéneo se convierta en residual, y el emergente, en homogéneo?

R. Hay complejas razones de fondo pero en la superficie son los medios de producción de necesidades (previos a la aparición del algoritmo), como el marketing o los medios de comunicación los que mueven las subjetividades colectivas y las "estructuras del sentir estético". En estos momentos un autor como Karl Kraus está pasando de autor residual a autor emergente. De fondo, la guerra y la crisis de identidad de Europa, soplan a su favor.

"A un autor rechazado le recomendaría perseverancia. El azar también forma parte del destino"

P. Además de los consejos que da en el libro a los autores rechazados, ¿qué recomendación más personal le daría a un joven cuyo original hubiese sido rechazado? ¿Le recomendaría una escuela de letras, un agente, que empezase de nuevo?

R. No. Le recomendaría perseverancia, que cambie de título y acaso de nombre y vuelva a mandar otra vez su manuscrito a las mismas editoriales. El azar también forma parte del destino.

P. Si, como escribe, aún está vigente la visión de la literatura como un lugar con trazos religiosos, ¿quiénes serían en España hoy el Papa, la curia, los monaguillos y los diablos?

R. Hoy la nueva religión es la lista de libros más vendidos: el Papa, supongo que David Uclés o Javier Cercas; la curia, la crítica en su conjunto; los monaguillos, los influencers. El diablo ya no existe. Según leo en los suplementos culturales, cada fin de semana aparecen media docena por lo menos de obras maestras. La banalidad del bien es el mal de nuestro tiempo.