Imagen | Iris Murdoch, poeta inédita

Imagen | Iris Murdoch, poeta inédita

Letras

Iris Murdoch, poeta inédita

Iris Murdoch se consideraba una poeta frustrada a quien la poesía le parecía más difícil que la filosofía. Publicamos un ejemplo inédito de la Murdoch poeta

8 julio, 2019 17:36

Iris Murdoch se consideraba una poeta frustrada. Solía decir que en su vida había escrito muchos versos, pero tan sólo "ocho poemas". La poesía le parecía más difícil incluso que la filosofía. Shakespeare, a su juicio, había alcanzado una insondable simplicidad gracias a su condición de poeta. "Los poetas pueden expresar mucho más que los novelistas: esa concentrada sensación de algo que es simple, lúcido, verdadero y sin impostura y al mismo tiempo extrañamente fortuito". Uno de esos ocho poemas, publicado junto al resto de su obra lírica en el volumen Poems by Iris Murdoch (1997), se titula "Clase sobre Agamenón, 39" y evoca un deslumbramiento iniciático que la escritora tuvo en Oxford el año en que estalló la guerra.

Murdoch estudió Mods and Greats, una mezcla de filosofía, historia y lenguas clásicas. Eduard Fraenkel, un helenista judío huido de la Alemania nazi, empezó a impartir en 1938 un seminario privado sobre el Agamenón, la primera parte de la Orestea de Esquilo. En aquellas lecciones acompañaban a Murdoch, entre otros, Mary Midgley, que acabaría siendo una notable filósofa, Hugh Lloyd-Jones, que sería uno de los grandes helenistas oxonienses de la segunda mitad del siglo XX, y Frank Thompson, amante de Murdoch y a cuya memoria está dedicado el poema. Thompson murió fusilado en 1944 tras caer prisionero como soldado británico en Bulgaria.

En el poema, del que tan sólo ofrecemos la primera estrofa, Murdoch funde su propio despertar amoroso y el estallido de la guerra con la revelación que le supuso el comentario de Fraenkel al pasaje que en el Agamenón empieza con el verso 83 y la primera aparición de Clitemnestra, que es interpelada por el coro con el llamado "himno a Zeus", donde se pronuncian los versos que marcaron a la escritora para siempre: "Aquel que guio a los mortales / en la sensatez y estableció como ley: sufriendo se aprende". El seminario de Fraenkel fue extraordinariamente minucioso, difícil y lento. Al llegar al verso mil, ya había estallado la Segunda Guerra Mundial.

Clase sobre Agamenón, 39

¿Te acuerdas de la interminable

clase sobre Agamenón

del profesor Eduard Fraenkel?

Entre el verso ochenta y tres y el verso

mil supimos que habíamos perdido

la inocencia, nuestra juventud yacía

exhausta, en ese aire nítido y cruel,

la secuela antes vivida,

sumida por el terror en un destello,

la más siniestra amalgama de sol y lluvia.

¿Esperábamos la guerra? ¿Qué temíamos?

La llama abrasiva y devastadora

del primer amor o que no pudiéramos

decir en público

el aoristo de un verbo fácil.