Image: Medardo Fraile. El cuento completo

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Letras

Medardo Fraile. El cuento completo

21 abril, 2017 02:00

Medardo Fraile retratado por su esposa, Janet

Empieza a leer aquí El día del grito, uno de los cuentos de Cuentos completos

La primera vocación de Medardo Fraile fue el teatro, pero pronto descubrió que lo suyo era el relato. El amor le llevó a Glasgow en 1962 y cuando volvió sin volver, en los 90, supo que en España, de su obra, apenas se conocía nada. Páginas de Espuma recupera ahora sus Cuentos completos en edición de Ángel Zapata.

Los devotos de Medardo Fraile (Madrid, 1925-Glasgow, 2013) creen que si hubiese vivido en España, su suerte literaria hubiese sido otra. Mientras aquí triunfaban los Aldecoa, Ferlosio, Matute y compañía, Fraile, tan cerca y tan lejos, caía en el olvido. Él mismo reconocía que “el buen nombre que tenía cuando llegué a Inglaterra se fue borrando, porque entonces la Literatura era un solo plato de lentejas y yo no estaba encima con mi cuchara”. Y no exageraba. Hipólito G. Navarro recuerda que en 1978, le conmocionó un brevísimo relato de Fraile, “El álbum”, que descubrió en una antología con relatos de Cortázar y Monterroso. “Era una publicación ‘pirata' de algún país latinoamericano. No había en ella ni una sola referencia a los autores antologados, y durante mucho tiempo creí que Medardo era un raro escritor del otro lado del Atlántico”. Con todo, su suerte cambió en 1991, cuando Alianza publicó una primera versión de sus Cuentos; Fraile lo reveló con acritud en el prólogo a esa edición: “Estos cuentos debieron aparecer en un solo volumen hace unos 12 años pero, en fin, más vale tarde en el país de nunca”, escribió, recordando quizá que los cuentos completos de Benet o García Hortelano se habían publicado entre el 77 y el 79, y en el 73, los de Aldecoa. Poco a poco, su obra fue calando entre las nuevas promociones de narradores, gracias a esa primera recuperación de Alianza, y a las de Cátedra, Menoscuarto y, muy especialmente Páginas de Espuma, que ya en 2004 publicó una primera versión de estos Cuentos completos, también en edición de Ángel Zapata. La actual edición reproduce la anterior con dos importantes añadidos: los relatos inéditos en libro hasta aquel momento, que se publicaron en el volumen Antes del futuro imperfecto (2010), y, sobre todo, el conjunto de los diez últimos relatos que Fraile escribió y que aquí aparecen ordenados y agrupados bajo el título de “Últimos cuentos”, lo que aporta, según Zapata, “ese plus de lo definitivo y el añadido de lo completo”. No es el único aliciente del volumen, que también ofrece dos apéndices, “dos intensas reflexiones, una en torno al cuento y otra sobre su trayectoria”. El lector que se asome por vez primera a la narrativa breve de Fraile descubrirá en este libro, en palabras del pope actual del relato español, Eloy Tizón, “al más oriental de nuestros cuentistas. Él escribe un cuento divagatorio, muy paseado, callejero, que ha relajado su tirantez y huye del énfasis declamatorio”. Tizón también subraya que Fraile “pinta con delicadeza un cuento elusivo, acuarelado, que tiende hacia la indeterminación ambigua y que la mayoría de las veces queda graciosamente suspendido en el aire, flotante, sin alcanzar la menor apoteosis retórica ni moraleja didáctica. Sin darse importancia ni posar de vanguardista, desactiva el conflicto clásico y evita todo efectismo y todo giro sorpresivo. Es un esteta que escribe con los ojos achinados”. Según Pedro Ugarte, discípulo y amigo personal de Fraile, “sus cuentos eran extraños en su sencillez, y también en su hondura. Como dijo él mismo tantas veces, era difícil explicar ‘de qué trataban' pero uno acababa llevándolos prendidos del alma”. Por eso, por su frescura y su insólita modernidad, apunta G. Navarro, Fraile fue un adelantado de su tiempo. Un narrador que, según Miguel Ángel Zapata, “renovó el género desde un discurso alejado del costumbrismo naturalista imperante durante la primera mitad del siglo XX y acercándose a una sutil introspección psicológica que otorgaba a los tipos corrientes de la España de la época una proyección casi universal”. Para el otro Zapata, el editor del volumen, la clave de sus relatos está en su mezcla “entre el virtuosismo estilístico y la hondura humana. El estilismo suele dar una idea caramelizada de la realidad. Esto Medardo lo sabía/lo temía. Y por eso su prosa no desemboca nunca en el narcótico dulzón de la tristeza, sino en la angustia. Sus cuentos subvierten desde dentro los códigos del realismo clásico con el fin de captar el fondo de zozobra que está en nosotros”. Sea como fuera, lo que Páginas de Espuma pretende con este volumen es que Fraile comience a ser leído “como se merece”. Quizás así acabemos desmintiendo al propio Medardo, que solía lamentarse de que en España “lo que siempre vale es ser extranjero, incluso tonto extranjero”.

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