Irene Pardo.

Irene Pardo. Daniel Hidalgo

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Irene Pardo, directora del Festival de Almagro: "Hay mucha confusión entre cultura, redes, fama y talento"

Reivindica el Siglo de Oro desde un corral con cuatro siglos habitado por una 'troupe' de comediantes muy contemporánea.

Más información: Festivales de teatro clásico: el Siglo de Oro celebra su inmortalidad

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¿Qué libro está leyendo?

Instrucción de novicias, de Las hijas de Felipe, con fruición.

¿Cuál es el libro que más le ha ‘autoayudado’?

Me impactaron mucho La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, y El entusiasmo, de Remedios Zafra. Me dieron muchas claves para situarme en la gestión cultural.

Si no hubiera podido ser filóloga y gestora cultural, ¿qué habría querido ser?

Algo relacionado con viajar y convocar a mucha gente.

Si el siglo XVII fue de oro en España, ¿de qué material está hecho este?

Sin duda, de coltán. Lo explica muy bien Lluïsa Cunillé en Après moi, le déluge.

¿El oro de aquel siglo en qué consiste exactamente?

Fueron unos siglos de una concentración extraordinaria de talento, creatividad, literatura, pintura, teatro, pensamiento y música. El verdadero oro fueron las personas.

Este año redescubren el Corral de Comedias. ¿Qué siente cuando entra en él?

Siempre he sentido mucha emoción como espectadora. Siento una incredulidad enorme al pisarlo como parte de mi casa, de mi vida y de mi trabajo.

¿Qué balance hace de estos cuatro años al frente del Festival de Almagro?

Estoy muy contenta de haber puesto mi granito de arena para abrir el festival a nuevas lecturas y estéticas, dar la mano a creadores y creadoras muy jóvenes y acercarlo todavía más al territorio en el que vive.

Y para el curso que viene, ¡50 aniversario! ¿Qué nos guarda para entonces?

Si te lo cuento, te tendría que matar.

¿Qué acontecimiento histórico le habría gustado vivir in situ? ¿Por qué?

Me habría encantado formar parte de Las Sinsombrero. Me imagino ayudándolas a crear un festival de teatro, montándole una exposición a Maruja Mallo o publicándole el libreto con su propio nombre a María de la O Lejárraga.

¿Qué disco o canción se pone en bucle estos días?

Te quiero porque te quiero, de Rozalén y Rodrigo Cuevas. La canto a todo volumen antes de salir de casa y coger la bicicleta para llegar a la Plaza Mayor.

¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido? ¿Diría, por cierto, que es la mejor que ha visto o es otra?

Merlí. Qué manera tan brillante de unir filosofía, historia, juventud y presente.

¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?

Me quedaría a vivir en Tiburón (esto te lo cuento otro día) y no aguantaría ni un minuto en Sirât.

¿Ha experimentado alguna vez síndrome de Stendhal? ¿Ante qué?

Viendo salir la luna gigantesca de agosto entre las montañas de Cabo de Gata mientras mi amigo Marc Ventosa pinchaba Tristán e Isolda de Wagner. Apoteósico.

No se muerda la lengua, díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.

No me gusta la confusión que hay entre cultura, ocio, redes sociales, fama, talento y oficio.

Un placer cultural culpable.

Niego la mayor. Placer y cultura no deberían generar nunca sensación de culpa.

¿Cuál es la última exposición a la que ha ido?

La de Maruja Mallo en el Reina Sofía. Hay todavía muchas historias por contar y me siento muy orgullosa de estar participando de un momento que contribuye a la recuperación de tantas mujeres que quedaron fuera del relato. No se pierdan Hacer realidad lo fingido y verdadero lo aparente en el Festival de Almagro.

¿La inteligencia artificial matará la creación artística?

Las artes en vivo, desde luego no. Pero hay formas de creación artística que van a sufrir mucho.

España es un país…

...de países, culturas, lenguas, eso fue el Siglo de Oro. Sepamos apreciarlo y disfrutemos de su riqueza.