Un momento de 'Nijinsky', coreografía firmada por John Neumeier y ejecutada por el Ballet de Hamburgo. Foto: Kiran West

Un momento de 'Nijinsky', coreografía firmada por John Neumeier y ejecutada por el Ballet de Hamburgo. Foto: Kiran West

Danza

De Neumeier para Nijinsky: el homenaje de un bailarín legendario a otro

El Ballet de Hamburgo muestra por primera vez en el Liceu esta 'biografía danzada' de la estrella ucraniana, creada en el año 2000 por el venerado fundador de la compañía.

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Cualquier actuación del Ballet de Hamburgo nos recuerda por qué su fundador, el coreógrafo John Neumeier (Milwaukee, 1939), sigue siendo uno de los nombres más venerados de la danza actual. Durante sus más de cincuenta años al frente de la compañía, levantó una agrupación que sigue a la cabeza con un sólido repertorio que mantiene con orgullo y solvencia. Los tiempos cambian, las corrientes coreográficas evolucionan... pero sus ballets permanecen –al menos por ahora– imperturbables.

Nijinsky (2000), la pieza que llega por vez primera al Liceu, reúne toda la sabiduría creativa, el oficio y el gusto por el detalle que caracterizan a su autor. Poder disfrutar una de sus mejores obras interpretada por la compañía para la que fue creada supone un valor añadido a estas representaciones.

El norteamericano, que dejó el Ballet de Hamburgo hace apenas dos años, encabeza la Fundación que lleva su nombre, dirige el Bundesjugendballett, que creó en 2011, y sus obras forman parte del repertorio de las compañías más prestigiosas.

Por su amplia labor, Neumeier ha recibido galardones como la Orden del Mérito de la República Federal Alemana, el título de Caballero de la Legión de Honor de Francia o el Premio Kioto de la Inamori Foundation de Japón, entre otros muchos.

Su danza se apoya en una tradición académica a la que incorporó elementos estéticos del siglo XX, construyendo así un lenguaje propio; Nijinsky no solo contiene algunos de sus solos más hermosos, sino una dirección escénica solvente, ingeniosa y muy expresiva.

Un momento de 'Nijinsky', coreografía firmada por John Neumeier y ejecutada por el Ballet de Hamburgo. Foto: Kiran West

Un momento de 'Nijinsky', coreografía firmada por John Neumeier y ejecutada por el Ballet de Hamburgo. Foto: Kiran West

Lo que comenzó en 1979 como una pieza abstracta (Vaslav) inspirada en el que fuera uno de los artistas más célebres del siglo pasado –Vaslav Nijinsky (1889-1950)– se convertiría años después en un ballet de una noche. Por el camino, John Neumeier se había ido fascinando con la dramática historia del bailarín ucraniano encumbrado por el empresario Serguéi Diáguilev en sus Ballets Russes cuya carrera quedó truncada, tras apenas una década sobre el escenario, a causa de sus desequilibrios mentales; Neumeier es, a día de hoy, uno de los mayores coleccionistas mundiales de memorabilia sobre Nijinsky.

“No hay nada más difícil que crear un ballet sobre una persona concreta”, explica. “La verdadera comprensión solo puede surgir de un conocimiento íntimo y, sin embargo, en el momento de la creación hay que desprenderse de ese conocimiento, olvidar todo lo leído, oído o pensado. Cuanto más se sabe, más profunda es la conexión y más difícil se vuelve el proceso”, añade el coreógrafo.

En Nijinsky, elementos reales e imaginarios se mezclan con la naturalidad de una mente endiablada en la que todo parece tener cabida: el omnipresente y controvertido Diáguilev; su esposa Romola, con quien Nijinsky se casó de forma abrupta durante una gira de la compañía por Sudamérica a la que no asistió el empresario; su hermana, la también coreógrafa Bronislava Nijinska; o sus compañeros en los Ballets Russes alternan con los principales personajes de los ballets que lo hicieran famoso.

Reconoceremos al Arlequín que interpretó en Le Carnaval, al esclavo de Shéhérazade, escenas emblemáticas de Les Sylphides o Le spectre de la rose... junto con sus propias coreografías: L’Après-midi d’un faune, Le Sacre du printemps o Jeux.

Este riquísimo mosaico con el que Neumeier nos desvela la compleja existencia del artista arranca con la que fuera su última actuación, celebrada en el salón de baile de la Suvretta House, un hotel de St. Moritz (Suiza). Vemos así una recreación de aquella tarde del 19 de enero de 1919 –que después el propio Nijinsky describiría como una “boda con Dios”–, salpicada por los imaginados pensamientos del bailarín durante su danza.

Tras dos actos conmovedores, Neumeier cierra el espectáculo con el recuerdo de la brutalidad de la Primera Guerra Mundial –en la que falleció el hermano mayor del protagonista– dejando al espectador preguntándose si la locura no estaría realmente en el mundo exterior que rodeaba a Nijinsky.

El coreógrafo también firma escenografía y vestuario, creados a partir de los bocetos originales de Léon Bakst y Alexandre Benois –dos de los grandes artistas que colaboraron con Diáguilev– y se apoya en música de Frederic Chopin, Robert Schumann, Nikolái Rimski-Kórsakov o Dmitri Shostakóvich que será interpretada por la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu, dirigida por Jonathan Nott.

El Ballet de Hamburgo que dirige hoy el americano Lloyd Riggins –antiguo Primer Bailarín de la compañía y hombre de confianza Neumeier durante años– viaja, además de con su equipo artístico habitual, acompañado por una serie de aprendices y estudiantes de la escuela de la compañía (fundada por el propio Neumeier en 1978) que completan el elenco para esta gran producción.

Dice el coreógrafo que este no es un ballet narrativo; incluso que puede que no sea un ballet, sino dos. “La exploración coreográfica no puede ser un documental: es una biografía del alma, una biografía de los sentimientos y los estados de la condición humana”, concluye.