Harrison Ford en un momento del filme

Harrison Ford en un momento del filme

Cine

'Indiana Jones y el dial del destino', en busca del tiempo perdido

La quinta entrega de la saga es un himno a la longevidad de un héroe tocado por la llama antiautoritaria

28 junio, 2023 02:17

El transcurso del tiempo constituye la preocupación central de Indiana Jones y el dial del destino. Lo señala, ya en los primerísimos compases del filme, el tic-tac de un reloj que, poco a poco, se va acelerando hasta reducir los segundos a décimas, centésimas…

Se trata del primer indicio del choque entre dos nociones aparentemente contradictorias: el curso natural de los acontecimientos, que apunta inevitablemente hacia lo crepuscular, y la sublimación del tránsito entre las épocas, que alumbraría la condición inmortal de los mitos.

Sobre esta atractiva paradoja se sustenta la propuesta narrativa y conceptual de la nueva y última entrega de las aventuras del arqueólogo del látigo y el sombrero fedora. El quinto capítulo de la saga de Indy se abre con un extenso prólogo que lleva al espectador hasta las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, unos años después de que los Jones, padre e hijo (Sean Connery y Harrison Ford), se vieran envueltos en la búsqueda del Santo Grial en Indiana Jones y la última cruzada (1989).

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En esta ocasión, el temerario arqueólogo y su socio Basil Shaw (Toby Jones) pretenden hacerse con otra reliquia cristiana: la lanza de Longino, con la que un soldado romano atravesó el cuerpo crucificado de Jesús. En plena disputa con los nazis, Basil es interrogado sobre sus motivaciones. “¿Buscáis la lanza por su poder?”, pregunta un general teutón, a lo que el colega de Indy responde: “Mi amigo y yo solo intentamos salvar la Historia”.

Imaginería digital

Este noble empeño memorístico recorre toda la saga de Indiana Jones y puede rastrearse hasta el interés original de Steven Spielberg y George Lucas por recuperar el legado de los seriales pulp de los años 30 y 40, de la Serie B de Republic Pictures a las aventuras ilustradas del personaje de Doc Savage.

Sin embargo, mientras celebra la conservación del patrimonio cultural, el arranque de Indiana Jones y el dial del destino problematiza la cuestión al abusar de una imaginería digital que desdibuja los contornos de la Historia. ¿Es posible rescatar una esencia del pasado mientras se rejuvenece a golpe de píxel el cuerpo de Harrison Ford?

Más allá de la destrucción del “aura” del actor, el problema llega cuando el espectador ideal del filme –un nostálgico de la trilogía original… como este crítico– se descubre extraviado ante un torrente audiovisual que se asemeja más a un videojuego que a una película.

Tras el obligado prólogo de acción hiperbólica, los responsables de Indiana Jones y el dial del destino se desmarcan de la historiografía virtual para reencontrarse con lo que André Bazin, el más grande de los teóricos fílmicos, definió como la ontología cinematográfica, o la capacidad del cine para capturar una cierta esencia de lo real.

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Según Bazin, el cine poseía la capacidad única de “momificar” el transcurso del tiempo, embalsamar una transformación, mientras que el poeta y cineasta francés Jean Cocteau fue aún más lejos al hablar del cine como el ejercicio de “filmar la muerte trabajando”. Aunque la máxima del director de Orfeo (1950) puede sonar a profecía siniestra, su reflexión alumbra uno de los placeres más singulares de la experiencia cinéfila: la posibilidad de acompañar a los ídolos de la pantalla en su camino a la vejez.

En el tren de Mangold

El sucesor de Spielberg en la dirección arrancó su carrera basculando entre el drama –Inocencia interrumpida (1999), En la cuerda floja (2007)– y el thrillerCopland (1997), Identidad (2003)–, pero a partir del wéstern El tren de las 3:10 (2007), y con la excepción de Le Mans ‘66 (2019), se ha orientado al cine de acción, con títulos como Noche y día (2010), Lobezno inmortal (2013) o Logan (2017).

Indiana Jones y el dial del destino parece invocar a Cocteau en su empeño por abrazar lo crepuscular como motor narrativo y conceptual. Así, tras el arranque situado a principios de la década de 1940, la acción se desplaza hasta el Nueva York de finales de los 60, donde encontramos a Indy convertido en un viejo cascarrabias, traumatizado por la pérdida de un ser querido, al borde del retiro y del divorcio.

Según la cronología ficcional, esta nueva película presenta a un Indiana Jones ya septuagenario –en la serie Las aventuras del joven Indiana Jones (1992) se revelaba que el héroe nació en 1899–, aunque en realidad Harrison Ford ya es octogenario. Y resulta conmovedor observar cómo la vejez ha hecho mella tanto en el personaje como en la estrella.

Phoebe Waller-Bridge y Harrison Ford en la película

Phoebe Waller-Bridge y Harrison Ford en la película

El descaro e irreverencia de Indy han sido reemplazados por una amargura de tintes melancólicos, mientras que la motricidad desgarbada de Ford se ha ido volviendo más rocosa. Una genuflexión ante el inexorable paso del tiempo que, sin embargo, choca con la dimensión mítica del héroe.

Cuando, en Indiana Jones y el dial del destino, la aventura llama a la puerta del arqueólogo se hace evidente que hay cosas que nunca cambian. Ahí está el odio de Indy a los nazis, su pánico a las serpientes, o la capacidad de la saga para generar químicas memorables, como la que destilan Ford y Phoebe Waller-Bridge, que borda el papel de la ácida y materialista ahijada de Indy.

Por último, cabe señalar que, si el contraste entre la vejez del héroe y la inmortalidad del mito cuaja, es gracias en gran medida a la labor del director James Mangold, que solventa la difícil papeleta de reemplazar a Steven Spielberg echando mano de un pulcro neoclasicismo. De hecho, el diálogo entre Historia y mito, ya estaba muy presente en las dos incursiones de Mangold en el cine popular de gran presupuesto.

Mientras Lobezno inmortal (2013) confrontaba la idea del trauma histórico (la bomba atómica de Nagasaki) con el anhelo de inmortalidad de los rivales de Lobezno, en Logan (2017) se contrastaban las agonías de Charles Xavier y Lobezno con el surgimiento de un futuro posible gracias a un proceso de sucesión familiar. Así, Mangold, con su buena mano para los relatos otoñales, convierte Indiana Jones y el dial del destino en un himno a la longevidad de un héroe tocado por la llama antiautoritaria.

Indiana Jones y el dial del destino

Dirección: James Mangold.
Guion: Jez Butterworth, John-Henry Butterworth, James Mangold.
Intérpretes: Harrison Ford, Toby Jones, Mads Mikkelsen, Phoebe Waller-Bridge, Antonio Banderas.
Año: 2023.
Estreno: 28 de junio