Image: Jodie Foster, azote de Wall Street

Image: Jodie Foster, azote de Wall Street

Cine

Jodie Foster, azote de Wall Street

8 julio, 2016 02:00

George Clooney, en el centro, es el bufonesco presentador Lee Gates

Enésima película que explora las perversiones del sistema financiero, con Money Monster la directora Jodie Foster coloca un reparto de lujo, George Clooney y Julia Roberts, en un thriller satírico sobre las miserias de la telebasura periodística y los fraudes bursátiles.

Mientras se emite un nuevo episodio de Money Monster -el programa de telebasura financiera que presenta el bufonesco Lee Gates (George Clooney) y que dirige la pragmática Patty Fenn (Julia Roberts)-, un joven al borde de un ataque de nervios (Jack O'Connell) asalta el estudio a punta de pistola y explosivos. Entre sus exigencias, poder charlar cara a cara con Walt Camby (Dominic West), un magnate de Wall Street que debe dar explicaciones por la pérdida súbita de 800 millones de dólares de su fondo de inversiones. A partir de esta atractia y eléctrica premisa argumental, Jodie Foster construye uno de los ejercicios de equilibrismo fílmico más atrevidos de su carrera como directora, sólo comparable al melodrama con toques surrealistas de El castor (2011). Y es que en Money Monster se entrecruzan una farsa acerca de la irresponsabilidad de los medios de comunicación, un thriller psicológico y urbano que apuesta por la acción en tiempo real, y un iracundo estudio de las miserias del sistema financiero global. De partida, cabe apuntar que ninguna de las tres facetas del filme alcanza su plenitud: la sátira no llega a ser corrosiva, el thriller no adquiere velocidad de crucero y la radiografía de Wall Street resulta algo naïf. Sin embargo, tanto en los márgenes del relato como en el corazón de la propuesta es posible encontrar elementos que redimen al conjunto.

Magnetismos y concesiones

Allí donde no llega el talento de Foster como directora -la virtualidad de los escenarios mediáticos y financieros está muy desaprovechada-, sí alcanza el magnetismo del reparto y, sobre todo, la decisión del equipo de guionistas (Jamie Linden, Alan DiFiore y Jim Kouf) de podar el relato de elementos accesorios, concentrándose en la labor profesional y la toma de conciencia de los protagonistas.

La sombra de sus referentes pone de manifiesto su naturaleza esencialmente inofensiva

La película cabalga sobre unas cuantas concesiones al mainstream: Clooney relaja el ambiente soltando chanzas en los momentos de mayor adversidad (en la línea de su astronauta/showman de Gravity); la película trata con demasiada condescendencia a sus protagonistas, cuyo despertar moral llega demasiado pronto, por imperativo hollywoodiense; y el villano deviene una figura caricaturesca. Sin embargo, en el lado positivo de la balanza, el filme hace gala de una cierta nobleza en su negativa a exprimir los dramas privados de los protagonistas. Más que un viaje sentimental, Money Monster se presenta como la odisea ética de unos reporteros que redescubren el compromiso con un periodismo independiente, capaz de enfrentarse al poder, a la manera de los chicos de Spotlight.

Con películas como Network (Un mundo implacable) (1976) de Sidney Lumet y El rey de la comedia (1982) de Martin Scorsese en el horizonte cinéfilo, Money Monster reviste su denuncia de las miserias mediático-financieras con eficaces toques de humor y una ristra de giros alegremente inverosímiles. La alargada sombra de sus referentes, y de películas recientes como Inside Job o La gran apuesta, pone de manifiesto la naturaleza superficialmente subversiva pero esencialmente inofensiva de Money Monster. De hecho, Foster y sus guionistas parecen alinearse con el discurso de Washington y Wall Street, según el cual los desajustes del sistema deben ser resueltos mediante la autorregulación... y la buena fe de algunos trabajadores. En cualquier caso, observada en el contexto del cine de Hollywood, Money Monster emerge como un solvente híbrido genérico (¿un thriller político-satírico?) con algunas cosas que decir acerca del compromiso profesional de sus protagonistas y la amoralidad de aquellos que controlan la maquinaria social.