Image: David Slade: El éxito de Eclipse se debe a que no pide perdón por ser romántica

Image: David Slade: "El éxito de Eclipse se debe a que no pide perdón por ser romántica"

Cine

David Slade: "El éxito de Eclipse se debe a que no pide perdón por ser romántica"

Llega a las pantallas la tercera parte de la Saga Crepúsculo, en la que el director de '30 días de oscuridad' ha conseguido, por fin, acabar con el vapuleo de la crítica

30 junio, 2010 02:00

David Slade, director de Eclipse, flanqueado por dos de los protagonistas de la película, Ashley Greene y Xavier Samuel.

¿Vieron 30 días de oscuridad? No hay vampiros más crueles, feos, sigilosos y a la vez gritones que los de esa película en la historia del cine. Simplemente, acojonan. En cambio, su padre, el director David Slade, insiste en que aquel título suyo era, fundamentalmente, "un drama". Tal vez lo diga porque en todas sus películas, por encima de la acción, de los efectos especiales, de todo el artesonado y de los fuegos artificiales sobresale el diálogo entre personajes (aunque a menudo acabe interrumpido por un sobresalto). Así que también tal vez por eso las primeras críticas coinciden en señalar la tercera parte de la saga basada en las novelas de Stephenie Meyer, que él dirige y que se estrena este miércoles en todo el mundo, como "la mejor estrenada hasta la fecha".

Si las precedentes Crepúsculo y Luna nueva habían sido vapuleadas por su falta de acción, la mala estructura y los peores actores, a Slade le reconocen haber mermado defectos como el extraño hieratismo de los Cullen o la parsimonia intrínseca a una narración en la que predominaban hasta la fecha un distanciamiento y una frialdad hilados para gustos emos. Él mismo se metió en un lío cuando, al enrolarse en el proyecto, criticó las entregas anteriores, así que hoy prefiere no pronunciarse sobre el tema: "Diré que ya no las recuerdo", elude. Pero si algo ha conseguido Slade es, por fin, introducir los muy cinematográficos elementos como el humor, la ironía y los celos, redondeando los personajes.

"Para mí era importante hacer un drama muy realista y sentí que parte de ese realismo me lo iba a dar el humor. Tenía que ser algo natural, mi plan era conseguir esto en todo, desde los efectos hasta los diálogos. Nadie me obligaba a seguir el estilo de las anteriores, y también me enfrentaba a un libro más maduro, así que el ambiente era proclive", explica el cineasta, que ha reforzado notablemente el triángulo amoroso entre la joven Bella Swam (Kristen Stewart), su novio el lacónico vampiro Edward Cullen (Robert Pattinson) y su pretendiente hombre lobo descamisado Jacob (Taylor Lautner). "Trabajé de cerca con Rosenberg, la guionista, y con la propia Meyer, que ha estado muy involucrada en el proyecto, para decidir en qué momentos nos separábamos del guión. Lo importante para mí es que la historia llegue adonde quieres que llegue, y la película nos permite ser más subjetivos, sugerir cosas."

Vampiros castos
A lo que sí ha sido muy fiel es al inusitado casticismo que caracteriza a los personajes, adolescentes que, en pleno siglo XXI, hacen gala de su virginidad a lo Hannah Montana. Es precisamente el joven vampiro quien pronuncia en Eclipse la negativa a mantener relaciones con su novia antes del matrimonio: "Era importante ampliar y explicar por qué Edward tiene esos valores, un poco también para alejarlo de las críticas de las anteriores películas. En un momento del filme, él le dice a Bella que le crea, que sí quiere acostarse con ella, pero no puede hacerlo en parte por sus propias creencias y en parte por el peligro que representa para ella tener sexo con un vampiro", justifica el director. Y, en efecto, el lado perverso, de bestias, de los vampiros, florece en Eclipse más que nunca en la saga: "No quería despojar al personaje de su lado maligno, había que dejar patente que él se ha divorciado de la humanidad. Él se mantiene reticente a transformar a Bella para no arrebatarle su alma, porque sabe que, en el fondo, es como regalarle una maldición".

Cuenta el director que, de esta manera, buscó recalcar la confrontación del protagonista en diversos momentos de la película. Por ejemplo, mostrándolo más tenso e incluso más agresivo: "La escena de la tienda de campaña -cuando permite que su rival, Jacob, abrace a Bella para darle más calor- o su reacción al beso de Jacob a su novia lo hacen más tridimensional. Le dije a Pattinson que cuanto más agresivo fuera, más demostraría su amor y más clara dejaría su disputa interna".

En cualquier caso, por mucha agresividad que manifieste en esta ocasión la familia Cullen y por mucha violencia que practiquen los recién convertidos a los que se enfrentan en esta entrega, los de Eclipse siguen siendo unos vampiros guapos, modernos y conductores de cochazos que en nada se parecen a la bestia y al mito que ha dado la historia de la literatura y luego la del cine. "Meyer ha situado al vampiro en un lugar haciendo que pueda resultar cercano (un oscuro pueblucho iluminado en Eclipse por Javier Aguirresarobe). A mí me gusta Béla Lugosi pero no creo que Crepúsculo haya hecho ningún daño ni a aquel tipo de cine ni a la novela romántica ni a la narrativa gótica. Quiero decir, que a mí me encanta incluso siendo aficionado al cine de terror y al fantástico, pero si otros aficionados quieren odiarla, me parece bien, porque después de todo no deja de ser, antes que una película de cine fantástico, un drama, como lo son mis anteriores películas. Las secuencias de acción fueron un desafío, pero mucho más lo fueron las románticas, y lo bueno de estas películas es que son de amor. Y el amor verdadero es algo precioso y muy sano culturalmente. Los jóvenes de hoy ya están muy sexualizados en el cine, estas películas no predican lo contrario, pero establecen una narrativa coherente".

Con todo, estos aficionados al horror deberían darle una oportunidad al filme de Slade, que duplica la acción, la violencia, la tensión y que, incluso, calca escenas de clásicos del género, como el momento en el que el ejército de vampiros emerge del agua como emergían los zombis de Land of the Dead, de Romero. "Lo que yo diría es que el mérito de Meyer y de estas películas está en haber abierto el género a edades y públicos muy diferentes", defiende el cineasta, que confirma que entrar en este proyecto, a pesar de la locura del fenómeno, que le acecha desde que aceptó dirigir esta tercera parte, ha sido "muy divertido". Y concluye: "Ni si quiera yo he logrado entender el fenómeno Crepúsculo, pero creo que su éxito se debe a que son películas que no piden perdón por ser románticas, algo inusual hoy".