Image: Nuestra música

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Cine

Nuestra música

Director y guionista: Jean Luc Godard

13 enero, 2005 01:00

Fotograma de Nuestra Música, de Jean Luc Godard

Intérpretes: Sarah Adler, Nade Dieu, Rony Kramer y Juan Goytisolo

Esta es la historia de una batalla librada por el plano y el contraplano. En un bando está la realidad, en el otro la ficción. En un lado está la incertidumbre, en el otro la certeza. Vivimos, dice Godard, en tiempos difíciles, pero no más que los de la Guerra de Argelia, la de Vietnam o la de Afganistán. Después de todo, el comunismo duró sólo lo que dura un partido de fútbol entre Hungría e Inglaterra, poco más que una victoria del azar que ocurrió cuando Beckham ni siquiera podía soñar con comprarse unos calzoncillos Calvin Klein. La clase magistral de Godard, corazón partido de su última película-ensayo, Nuestra música, es un modelo de pensamiento, no antiplural sino irrepetible. Verdadero adicto al aforismo entendido como mina antiimperialista, Godard da una lección de coherencia moral e ideológica que debería avergonzar a todos aquellos que se apuntan a la revolución -o, tanto da, a movimientos pacifistas- como quien cambia de gimnasio. Respirar, parpadear, vivir... todo debe resultar un acto revolucionario, y nunca -y menos ahora, cuando el enemigo es tan público, tan popular, tan exhibicionista, como el que lo critica- hay que bajar la guardia. No sólo de un modo estrictamente político sino también semiótico. Si Godard lleva tantos años interrogándose por el estatuto de la imagen, si él fue -con la connivencia de Anne Marie Mieville- uno de los primeros en investigar las posibilidades del vídeo como Nuevo formato, él es el más autorizado para guardar silencio cuando alguien le pregunta si el futuro del cine está en las cámaras digitales. Por supuesto que hay una voluntad de ir a la contra, y precisamente en esa rabia ontológica está la fuerza de un personaje -quién es ese Groucho Marx enfurruñado y reflexivo sino la máscara de una máscara, una cita que encubre otra cita- que morirá con el hacha de guerra en alto.

Sólo por eso, por las ganas de tocar las narices vomitando genio incluso cuando sabe que se equivoca, Nuestra música es una película de visión obligada para los que crean que el cine es un arte de resistencia ética. Dividido en tres capitulos -Infierno, Purgatorio y Paraíso-, este ensayo de estructura dantesca propone una reflexión sobre las relaciones entre guerra e ideología que Godard inició en películas como El soldadito, Los carabineros o La chinoise. La primera parte es un montaje asociativo de imágenes bélicas y música clásica, tan sugerente como misterioso. La segunda parte transcurre durante un encuentro con escritores en Sarajevo, y es la más discutible. A veces, Godard no puede evitar la reconstrucción dramática con intenciones alegóricas (esos indios navajos que representan a la-nación-oprimida-por-los-malos), y el resultado se acerca más a un teatrillo de parroquia que a una película de ideas. Cuando las ideas cuajan -la citada sesión de Godard, las declaraciones de Goytisolo-, Nuestra música alza el vuelo, y deja a su protagonista "real", una estudiante de cine, cometiendo un acto suicida en favor de la paz. Cuando Godard recibe la noticia por teléfono, su reacción es de absoluta indiferencia, demostrando así que nadie está libre de pecado, ni siquiera quien lo condena teniendo conocimiento de causa. Por eso el final, con este hermoso ángel en el paraíso, es tan ambiguo, tan críptico, tan extraño: Godard parece sugerirnos que nada debe cambiar para que todo este condenado al cambio.