Adiós al oso pardo como lo conocíamos: el calentamiento global cambia a la especie y afecta al ecosistema
Adiós al oso pardo como lo conocíamos: el calentamiento global cambia a la especie y afecta al ecosistema
Una nueva investigación liderada por el CSIC asegura que el cambio climático ha afectado al oso pardo y la especie está cambiando para siempre.
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De igual manera que cientos de otros animales, el oso pardo ha tenido que adaptarse al nuevo planeta Tierra a causa del cambio climático. Si bien es cierto que la especie está atravesando actualmente un buen momento, en términos de población tras haber rozado la extinción, ya no es ni mucho menos como era antaño.
Una nueva investigación liderada por el CSIC asegura que el oso pardo está evolucionando hacia un nuevo camino debido al calentamiento global, modificando su dieta, su hibernación, sus movimientos y hasta sus costumbres, lo que puede desembocar en una alteración del ecosistema en sí.
El estudio en cuestión, publicado en la revista Nature Communications, pone el foco en cómo el oso pardo está pasando de ser un depredador a un animal puramente herbívoro. Si bien es cierto que son omnívoros y pueden adaptarse a todo, ahora se están inclinando por una dieta vegetal que altera el sistema.
El cambio climático obliga al oso pardo a readaptarse.
Puede ser un cambio permanente
Debido al aumento de las temperaturas y la disponibilidad de recursos, los osos se alimentan cada vez más de plantas y frutos, lo que altera su rol tradicional en la cadena trófica.
Este cambio de comportamiento del oso pardo funciona como un indicador temprano de transformaciones profundas en todo el ecosistema, ya que cambia la forma en que se distribuyen las semillas y se controlan otras poblaciones, haciendo que todo se desregularice y pase a "mutar" hacia un nuevo escenario un tanto impredecible.
Y eso no es todo, ni lo más grave para el oso pardo: el calentamiento de los inviernos está provocando que los periodos de hibernación se reduzcan o incluso desaparezcan en poblaciones específicas, lo que los obliga a buscar comida durante todo el año aumentando el gasto energético, alterando su modus vivendi.
Se cree que el hábitat adecuado para el oso pardo podría reducirse hasta un 45% para el año 2100. Las poblaciones tienden a desplazarse hacia el norte o hacia zonas de mayor altitud buscando climas más fríos para poder seguir con su vida y abrazar sus instintos, pero no es tan sencillo como parece.
El estudio, además, advierte que aunque el oso pardo es una especie muy adaptable, la rapidez del cambio climático actual está poniendo al límite su capacidad de respuesta genética y conductual, lo que sirve para poner sobre la mesa el riesgo al que están expuestos la gran mayoría de animales.
Si una especie tan resistente y adaptativa como el oso pardo está en una situación como esta, los animales que no tengan esta capacidad de reacción pueden estar incluso peor.