Tarik Saleh. Foto: Kim Svensson

Tarik Saleh. Foto: Kim Svensson

Cine

Tarik Saleh vuelve a Egipto: "Ser patriota es lo que haces cuando no tienes nada más de lo que estar orgulloso”

El cineasta sueco de origen egipcio remata su trilogía con 'Águilas de El Cairo', sobre un galán de cine presionado para convertirse en propaganda política.

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Tarik Saleh (Estocolmo, Suecia, 1972) rechaza con vehemencia la definición de cineasta político, pero reincide una y otra vez en tramas de suspense e investigación policial desencadenadas por la corrupción en las instituciones y la insidiosa influencia de la religión en los estamentos de poder en Egipto.

Esto es, el thriller político. Su última incursión es el remate a su Trilogía de El Cairo. Tras El Cairo Confidencial (2017) y Conspiración en El Cairo (2022), este 13 de marzo llega a nuestros cines Águilas de El Cairo, donde su actor fetiche, el suecolibanés Fares Fares, interpreta a un galán de cine presionado para convertirse en herramienta de propaganda del Gobierno.

Pregunta. ¿Por qué se cierra en banda a la denominación de cineasta político?

Respuesta. Soy un incomprendido. El thriller político no significa que tengas una agenda; sino que tratas dinámicas de poder. Soy un purista en lo que respecta al séptimo arte, me gusta el cine de género, pero tengo un pequeño problema con mi amado Egipto, y es que quiero ser honesto en lo que hago. Ahora mismo es muy difícil porque la gente está muy nerviosa. Entiendo por qué, la situación en esa región es muy explosiva.

»Cualquier paso en falso puede conducir a una catástrofe. Especialmente para Egipto, por su ubicación. Mira a sus vecinos: los genocidios en Sudán y en Gaza, los cambios políticos en Arabia Saudita, Túnez, quién sabe lo que está pasando ahora mismo en Libia... Egipto tiene un papel muy importante como factor estabilizador. No es un país pequeño, no es Suecia, sino uno significativo que, culturalmente, informa al resto del mundo árabe en música, cultura y cine. Si yo fuera un cineasta político, sería una responsabilidad enorme. Mi única responsabilidad es con mi audiencia: no aburrirlos, darles suspense y hacer que crean lo que ven. Y, por supuesto, ser veraz.

P. ¿Cree que el público árabe admira a las estrellas de cine de una forma culturalmente distinta al occidental?

R. Sí, aunque pienso que en ese sentido, Egipto y Estados Unidos son muy similares, allí, el cine es más que cine. Europa es diferente. En Egipto, mucha gente no sabe leer ni escribir, así que el séptimo arte es su forma de comunicarse. La población va a ver estas películas y a estos artistas para aspirar a sueños que nunca podrán alcanzar. Los actores hacen cosas que la gente normal no puede. Es el billete del hombre pobre para viajar a algún lugar; puedes ser otra persona durante dos horas. Eso trae mucha esperanza. Por eso esas estrellas se vuelven tan grandes.

P. ¿Puede ahondar en el fenómeno en Egipto?

R. Hay mil millones de personas que hablan árabe. Con el sistema de estudios de Egipto y sus estrellas a lo Hollywood, el fenómeno es masivo. Cuando vivía en Egipto en los noventa, recuerdo que Adel Emam tenía una obra de teatro y venían autobuses de Arabia Saudita cada semana solo para verlo.

P. ¿Cuáles son los efectos colaterales de amasar tanta influencia y poder?

R. Hoy en día tenemos un problema con ese culto a los ídolos. Tenemos a una estrella de reality que es presidente de Estados Unidos y a un actor que es la cara del mundo libre luchando contra Rusia como presidente de Ucrania. No juzgo sus méritos, solo digo que los actores y las estrellas de realities son buenos actuando y muy buenos mintiendo.

P. A su protagonista lo llaman popularmente el faraón de la pantalla. ¿A quién valora usted como la mayor estrella de cine hoy día?

R. En Egipto es ahora mismo Mohamed Ramadan, sin duda. Es el más grande. Pero históricamente, mi favorito es Ahmed Zaki. También Adel Emam, por supuesto, sigue vivo y es un actor increíble con una carrera asombrosa. Pero si hablamos del mundo en general, pondría a Tom Cruise ahí arriba. Él solo salvó el cine después del COVID al obligar a Paramount a estrenar Top Gun:Maverick (Joseph Kosinski, 2022) en salas. Todos le debemos algo.

Fotograma de 'Águilas de El Cairo'.

Fotograma de 'Águilas de El Cairo'.


P. ¿Cree que el presidente Abdelfatah el-Sisi y su gobierno verán la película?

R. No creo, porque el mensajero podría meterse en problemas. Pero si la viera, tengo la sensación de que le gustaría. Él sabe quién es. Lo complicado es la gente que lo rodea.

P. Pero, ¿es posible que se proyecte en festivales en Egipto?

R. Por supuesto que no. No obstante, mis películas se ven mucho en Egipto porque la piratería es enorme allí. Recibo muchas cartas y mensajes de gente de allí. Con Conspiración en El Cairo (2022) recibí muchísimos comentarios; a mucha gente le encantó y mucha gente la odió, como con todo el cine.

P. ¿Qué representa Egipto, el país de su padre, para usted?

R. Amo Egipto. Alejandría es mi lugar favorito en el mundo. Es muy importante para mí, pero no de una manera patriótica, porque no creo en el patriotismo en absoluto. Creo que ser patriota es lo que haces cuando no tienes nada más de qué estar orgulloso. No has logrado nada en tu vida, así que estás orgulloso de dónde vienes. Es absurdo, una coincidencia. ¡Intenta lograr algo por ti mismo en su lugar!

P. Es usted bastante camaleónico, no solo por el hecho de haber crecido en dos culturas, sino también por sus facetas como documentalista, periodista y artista urbano. ¿Cuánto se contaminan entre sí todas sus formas de acercarse al arte?

R. Demasiado. Es una contaminación constante. El grafiti me enseñó a planificar y a construir algo sin pedir permiso. En el arte urbano no preguntas si puedes pintar este muro, porque te responderán que no. Simplemente lo pintas y que la gente lo critique después. Así abordo el cine. Nadie pidió esta película, pero yo la hago.

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P. ¿Cuánto cliché se permite con sus personajes?

R. Es una buena pregunta. Hay una línea muy fina. Siendo hombre en el mundo actual, con cuatro hijas y una esposa, a veces me siento en un campo de minas intentando no meter la pata. Yo mismo me siento como un cliché a veces. Hay algo ridículo en un hombre intentando ser un hombre. En la película, el protagonista vive con la presión de mantener una imagen de seductor, y se ve envuelto en una relación absurda que se vuelve peligrosa cuando aparece una mujer que realmente lo atrae. Juego con elementos del arquetipo de la mujer fatal porque amo las obras maestras de Billy Wilder, Fritz Lang y Hitchcock. Está todo ahí, pero intento ser auténtico.

P. ¿Hasta qué punto es el director de la película en su ficción una versión distorsionada de sí mismo?

R. En realidad, el personaje con el que más me identifico es el del productor, el Dr. Mansour. Se basa en un director real. Para mí fue fácil escribirlo porque tiene mi trabajo: es el adulto en la sala. Debe mantener la estabilidad. La visión es más grande que su ego.

Fotograma de 'Águilas de El Cairo'.

Fotograma de 'Águilas de El Cairo'.

P. ¿Vendería su alma al diablo como así lo hace su actor protagonista?

R. Nunca. Y lo digo con certeza porque me lo han ofrecido. Cuando estás en mi posición, recibes ofertas lucrativas de Estados, presupuestos ilimitados para hacer lo que ellos quieren. Me haría muy rico, pero vivo en Suecia, tenemos sanidad y educación gratuitas. Si mantienes un estilo de vida normal, el arte sigue siendo lo más importante. En Hollywood, trabajando en grandes máquinas como Westworld, como artista mueres poco a poco. Es mejor ser honesto. Solo hago cine si puedo hacer mi cine.

P. ¿Qué criterio le ha llevado a encomendarle a Alexandre Desplat la banda sonora?

R. Siempre me ha encantado su música. Cuando escribo, tengo su sensibilidad en la cabeza. Le envié el guion y le encantó. Nos conocimos en París y conectamos, porque él también creció viendo cine egipcio. Supo de inmediato de qué trataba la película: de un hombre vendiendo su alma pieza por pieza. Y eso es lo que compuso.

P. ¿Cómo es la ingeniería para cuadrar el presupuesto para sus películas?

R. Es muy fácil, porque mis películas tienen éxito comercial. Soy muy cuidadoso con de dónde viene el dinero. En Egipto hay teorías conspirativas locas: dicen que si soy sionista, que si me paga la Hermandad Musulmana... Es divertido. Pero si te fijas en los logos verás que es una coproducción entre Francia, Suecia, Dinamarca y Finlandia. La respuesta para quien quiera saber de dónde sale el dinero son las cifras de taquilla de mis anteriores películas. La gente invierte porque cree que ganará dinero.