Fotograma de la película 'Trascendence'.

Fotograma de la película 'Trascendence'. Aurum Producciones.

Ciencia

¿Puede la IA resucitar a los muertos? Luces y sombras de un futuro inquietante

Las nuevas tecnologías ya permiten alterar la relación con personas fallecidas.

Proyectos como Séance AI o Deepbrain AI abren un nuevo capítulo.

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Hablar con los muertos es una pretensión humana tan antigua como nuestra especie, y lo mismo puede decirse de las historias en que los muertos vienen a hablar con nosotros. De hecho, la definición más sensata de fantasma que he llegado a conocer es la que propone Roger Clarke en su libro Historia de los fantasmas, en la que afirma que los fantasmas son universales, porque están presentes en todas las culturas; atemporales, porque aparecen en todas las épocas; y de origen desconocido, porque no sabemos si existen en la realidad, sólo en la mente de las personas, o cuál es el origen exacto del fenómeno.

A medida que pasa el tiempo, nuestro interés se ha ido desplazando del fenómeno religioso al deseo de preguntarles cosas sobre el más allá, muchas veces alentados por la absurda convicción de que personas ignorantes en vida se hayan convertido en sabias después de muertas, como si la sepultura o el crematorio les hubiesen añadido algún tipo de macabra ciencia infusa.

Sin embargo, con la llegada de la inteligencia artificial, se acaricia la posibilidad de regresar a la vieja aspiración de hablar con personas ya fallecidas, si previamente se ha almacenado su conocimiento y su carácter en un centro de datos.

Un fotograma de la serie 'Upload'.

Un fotograma de la serie 'Upload'. Prime Video.

Todos conocemos ejemplos en la ficción de esta trama. En Trascendence, la película estadounidense de 2014 dirigida por Wally Pfister, un científico almacena su mente en un superordenador para seguir adelante con sus investigaciones tras su propia muerte. En la serie Upload, con cuatro temporadas y veintinueve episodios, se trata en clave de comedia el tema de lo que ocurre cuando la gente descarga sus cerebros en un ordenador y sigue viviendo en un mundo paralelo digital, al que pueden acceder los vivos para hablar con sus seres queridos fallecidos. Muy similar es el capítulo titulado San Junípero, de la famosa serie Black Mirror, aunque de muchísima mayor calidad y profundidad, a mi entender.

La cuestión es que todas las películas y series mencionadas son productos de ficción, pero se acerca el momento en que sus premisas se puedan hacer realidad. Nada impide ya, a día de hoy, entrenar a una IA con las películas que vio una persona, los libros que leyó, y el modo de hablar y razonar de esa persona, almacenado por ejemplo en sus escritos, charlas y conferencias. Cuanta más información se disponga sobre un individuo, más fiel podrá ser el modelo informático que se cree a partir de sus datos, y más se parecerán sus respuestas a las que habría dado ese individuo de seguir entre nosotros.

Fotograma de 'San Junipero', episodio 4 de la temporada 3 de 'Black Mirror'.

Fotograma de 'San Junipero', episodio 4 de la temporada 3 de 'Black Mirror'. Netflix.

De hecho, esta tecnología ya existe, y se denomina "tecnología del duelo" o Grief Tech, en inglés, aunque se encuentre dando sus primeros pasos. Y ya hay empresas que se dedican a eso. Por citar a algunas, podemos hablar de Project December, desarrollada por Jason Rohrer empleando la interfaz de GPT-3, que permite justamente añadir datos de una persona para luego poder hablar con ella, como explicaba arriba.

Otro ejemplo es Séance AI, similar a la anterior pero basada en GPT-4. También existen servicios como HereAfter AI, que permiten a las personas grabar sus historias y su propia voz en vida para crear un avatar con el que sus familiares puedan interactuar después de su muerte, o productos más complicados como el de la coreana DeepBrain AI, que crea complejos avatares en 3D para poder seguir teniendo delante en el futuro a las personas difuntas y poder conversar con ellas.

Lo sabemos muy bien: si algo tiene demanda y puede hacerse, se hace. La cuestión es que estos productos de inteligencia artificial cambian nuestra relación con la muerte y aún no conocemos muy bien sus efectos. Por una parte, algunos psicólogos afirman que su uso puede retrasar el proceso del duelo, mientras que otros creen que pueden ayudar en este duro trago.

Existe también preocupación sobre los posibles ataques contra la privacidad que puedan cometerse por este método, ya que si el avatar del fallecido lo crea una tercera persona, basándose en las obras y apariciones públicas del difunto, se necesitaría su consentimiento para "recrearlo" de manera digital, y esto no va a ser necesariamente así. ¿Qué impide, por ejemplo, recrear a Chateaubriand suministrándole a la IA las casi tres mil páginas de sus Memorias de Ultratumba? Y eso, sin contar que se podría fácilmente encontrar y facilitarle al modelo el resto de sus muchas obras. Nada lo impide. Y se hará.

¿Quién es propietario de este carácter sintético? ¿Quién tiene derecho a apagarlo en un momento dado? ¿Qué sucede si esa personalidad sintética empieza a desbarrar y decir tonterías, dañando la imagen de la persona real fallecida? ¿Qué ocurre con las opiniones machistas, racistas o violentas de un determinado individuo? ¿Las refleja también su personalidad post mortem? ¿Qué pasa si en lugar de las obras de Chateaubrieand se le ocurre a alguien alimentar a una IA con las obras de Menéndez Pelayo y los discursos de Goebbels, todo junto? ¿Cómo se impide ese mestizaje forzado de caracteres diferentes, creado por humor, burla o mala fe?

Como puede verse, aún hay muchas preguntas sin respuesta y es posible que nunca salgamos de ese laberinto. O no de una pieza.

Los deadbots, que así los llaman algunos, pueden facilitar consuelo temporal, pero todavía está por ver cuál será su efecto en nuestra relación con la muerte. Y con la vida: porque si ya somos muchos en el debate público actual, aportando opiniones de todo tipo, solo nos faltaba que viniesen también los muertos a sumarse al caos, convirtiendo el guirigay en aquelarre.

Morirse de una vez y que te dejen en paz puede convertirse en una reivindicación del futuro.