Ciencia

Arca de Noé tecnológica

15 noviembre, 2000 01:00

Las estimaciones indican que el 34 por ciento de las especies de peces, el 25 de las de mamíferos y el 11 de las de pájaros han llegado a niveles poblacionales tan bajos que su supervivencia peligra. Cada día, un centenar de especies desaparece

Desde enero de este año, el legado biológico que dejarán los españoles a las generaciones futuras es más pobre. Ese mes murió en Huesca el último bucardo, una hembra que fue aplastada por la caída de un árbol. La sensación de pérdida irreparable motivó un debate acerca de la conveniencia de clonar la sub-especie Capra pyrenaica pyrenaica, como modo de recuperarla. Tras muchas idas y vueltas, la decisión final ha quedado en manos del Gobierno autónomo de Aragón. En los próximos días, sus autoridades anunciarán si siguen adelante con el singular experimento conservacionista.

La clonación de mamíferos cobró fama en 1996, cuando los científicos del Instituto Roslin (Escocia) clonaron a Dolly, una oveja, a partir de células extraídas de un ovino adulto. Básicamente, la técnica consiste en introducir ADN de un animal en un óvulo de una hembra al que se quitó su material genético original. El huevo así fecundado es implantado en el útero de un animal "nodriza", en donde completa su gestación. Al cabo de un tiempo, la madre da a luz un especímen genéticamente idéntico al propietario del ADN introducido, algo así como un gemelo mucho más joven.

El éxito de Dolly, actualmente un animal adulto en buen estado de salud, inspiró a algunos científicos la idea de aplicar la clonación a fines conservacionistas.

Un centenar al día

Las estimaciones indican que el 34 por ciento de las especies de peces, el 25 de las de mamíferos y el 11 de las de pájaros han llegado a niveles poblacionales tan bajos que su supervivencia peligra. Cada día, un centenar de especies desaparece. Mediante la clonación se busca dar un renovado impulso a la cría en cautividad de animales en peligro de extinción. Un impulso sumamente necesario, vista la gran dificultad de reproducir ciertas especies con los métodos disponibles.

Con ese propósito, el Gobierno aragonés ha entrado en tratos con Advanced Cell Technology (ACT), una compañía de Massachusetts (Estados Unidos) especializada en manipulación genética. La firma biotecnológica es conocida, entre otras cosas, por haberse adjudicado en 1999 el primer clon de embrión humano, sin aportar pruebas de sus dichos. La iniciativa tiene sus críticos. Quienes hayan seguido el tema por los periódicos, recordarán que el Comité Científico del Plan para la Recuperación del bucardo descartó la clonación por considerarla una operación inútil. "Es imposible recuperar la sub-especie a partir de un solo individuo", afirma uno de sus miembros, Ricardo García, especialista en ungulados del Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC, situado en Jaca (Aragón).

"Las especies se componen de poblaciones, con gran variabilidad genética", afirma. "Un ejército de clones genéticos no tiene nada que ver con una población natural", prosigue García. "Son precisamente esas variaciones las que permiten a un individuo afrontar los cambios en su entorno".

En caso de clonarse la bucarda, "tendríamos únicamente hembras, lo cual obligaría a aparearlo con machos de especies próximas. Tendríamos híbridos que, a su vez, habría que ir cruzando y seleccionando hasta recuperar el bucardo original, una técnica llamada retro-cruzamiento". Para ese viaje no hacen falta alforjas, viene a decir García: "Podríamos llegar al mismo resultado cogiendo cabras de Gredos y soltándolas en los Pirineos, gastando mucho menos dinero. La clonación sería una alternativa viable si dispusiéramos de un mínimo de diez a treinta individuos", dictamina.

Clonación de pandas

Tal es la situación del oso panda, otra de las criaturas que, junto con el bucardo, figuró entre los objetivos de la clonación conservacionista. En China, su hábitat, el número de especímenes en libertad no pasa de mil, y se teme que en 25 años haya desaparecido. Las tentativas de reproducir el centenar de ejemplares existente en los zoológicos no han dado resultado. Para salir del callejón sin salida, los especialistas de la Academia de Ciencias China han emprendido un programa de clonación de pandas. Sus experimentos se encuentran en una fase inicial, comenta Eduardo Roldán, especialista en biología de la reproducción del CSIC. Roldán acaba de visitar a sus colegas chinos en su laboratorio de Pekín: "Allí han transferido ADN de panda a óvulos de conejo, obteniendo embriones de hasta seis días con un desarrollo normal. De momento se han detenido en esa fase, pues les preocupa conocer en qué medida hay intercambio de material genético entre el óvulo receptor y el ADN injertado".

El detalle reviste importancia, porque de confirmarse el intercambio, saldría una auténtica quimera, una criatura con 90 por ciento de genes de panda y diez de conejo. Lo que preocupa a los chinos no es tanto la "contaminación" por ADN cunícola, mero material de ensayo, como la eventual mezcla con los genes de oso negro, la especie más próxima cuyas hembras serán utilizadas de "nodrizas" de los futuros pandas clónicos. Más avanzado se encuentra el experimento encarado con el gaur, un bóvido asiático amenazado de extinción por los expertos del citado ACT. En su laboratorio de Massachusetts fusionaron ADN de un macho muerto con un óvulo de vaca. El clon, bautizado Noé, nacerá en los próximos días, y será "la primera criatura que subirá por la rampa del arca de las especies amenazadas que los científicos intentamos clonar", vaticina en "Scientific American" Robert Lanza, uno de los autores del ensayo.

Está visto que harán falta meses y quizás años para conocer la eficacia de la clonación de especies amenazadas. Existe un cúmulo de dificultades por superar. A diferencia de la clonación de ganado, una actividad de obvio impacto lucrativo, no hay aquí ganancias en juego; no cabe, por lo tanto, contar con jugosas financiaciones. Otra dificultad concierne a las especies animales en sí; como no han sido sometidas a crianza selectiva al modo de las variedades domésticas, son genéticamente mucho menos predecibles.

Solventar esos retos llevará demasiado tiempo, según un colectivo de científicos nada dispuesto a esperar el perfeccionamiento de la técnica; ellos quieren tomar medidas antes de que sea demasiado tarde. En abril presentaron una propuesta en "Science" llamando a la creación de una red mundial de bancos de genes, donde se conserven tejidos o muestras de ADN congeladas de seres en peligro de extinción.

Banco de germoplasma

De lo contrario, "a nuestros descendientes no les quedarán poco más que breves descripciones en artículos científicos y especímenes en los museos", se advierte en el texto firmado entre otros, por Oliver Ryder, de la Sociedad Zoológica de San Diego (Estados Unidos).

La proposición se ha materializado parcialmente en los altos del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. En su planta superior se guardan dos contenedores cilíndricos de acero de 1,20 metro de alto, llamados Adán y Eva respectivamente, muy parecidos a los utilizados por los bancos de semen y embriones. En su interior se conservan en hidrógeno líquido material genético de plantas raras y animales amenazados. En ese medio se pueden conservar indefinidamente; quizás hasta cientos de años (por lo pronto, los criadores de ganado vienen inseminando vacas con semen de toros congelado 50 años atrás, con excelentes resultados). A juicio de sus promotores, lo que sí está claro es la necesidad perentoria de recoger el material genético antes de que desaparezcan las especies. "Ignoramos qué clase de tecnologías existirán en los próximos 50 o cien años", comenta Betsy Dresser, directora del Audubon Institute Center for Research of Endangered Species de Nueva Orleans. "Pero tenemos que asegurarnos de que exista una biblioteca de ADN de la cual servirse cuando se trate de recrear ecosistemas aquí o en otros planetas".

La suerte del lince

Sin proyectarse tan lejos, Roldán adhiere a la idea de los bancos de germoplasma. Al experto del CSIC le interesa en especial la suerte del lince ibérico, del cual subsisten apenas 600 individuos. Participa de un proyecto de cría en cautividad presentado al Ministerio de Medio Ambiente, dentro del cual coordinaría el banco de recursos biológicos. En ese marco, "la clonación tendría el valor de una herramienta, siempre con objetivos claros".

Cuando los expertos hablan de "claras" se refieren principalmente a dos cosas; en primer lugar, su utilización en especies todavía no extintas. Este requisito deja fuera los sueños de "resucitar" animales extinguidos, cuya expresión más fantasiosa se ve en la película Parque Jurásico. "La técnica, en su estado actual, requiere tejidos bien conservados, obtenidos a pocas horas de la muerte del ejemplar, como mucho", señala García. El obstáculo mayor lo opone el deterioro del ADN correlativo al proceso de descomposición. Para restaurar un animal se necesita su genoma completo. De esa ley sólo escaparían excepciones como el perro dingo, un can australiano extinguido del cual se conservan fetos en formol, la base de los planes de clonación. En los demás casos, la recuperación de una especie a partir de piezas de museo pertenece al dominio de la ciencia ficción. Por estas consideraciones se ha descartado la anunciada "resurrección" del mamut lanudo hallado en un trozo de hielo hace un año en Siberia.

Medidas protectoras

El otro requisito apuntado por los especialistas concierne al uso oportuno de la clonación. No puede apostarse todo a esta técnica; de ningún modo debe sustituir el amplio repertorio de medidas protectoras, algunas tan sencillas como proteger el hábitat de las poblaciones menguantes (al gaur, en concreto, lo ha acorralado la caza desenfrenada y la destrucción de las junglas de bambú en la India y el sudeste asiático). Recelan, en particular, del creciente y en apariencia imparable "fetichismo tecnológico" en boga, y la tendencia anexa a depositar todas las esperanzas en soluciones prodigiosas e instántaneas.

Y esto nos lleva de vuelta al bucardo. A juicio de los críticos, no se hizo lo suficiente para evitar su lenta pero progresiva desaparición; y ahora se busca recuperarlo de una forma com- pletamente desesperada. José Folch, responsable científico del proyecto aragonés, replica que su clonación es posible y "ahora es el momento oportuno para intentarlo". La controversia todavía va para largo. Entre tanto, una cosa parece bastante probable, y es que la clonación jugará un papel auxiliar modesto pero creciente en la preservación de la biodiversidad.

Una técnica por explotar

Con la aparición de la oveja Dolly en 1997, los investigadores del Instituto Roslin de Edimburgo demostraron que es posible clonar animales adultos, es decir, obtener animales genéticamente idénticos a aquéllos en cuestión a partir de células de sus propios tejidos. Desde entonces se han clonado diferentes especies animales de interés ganadero: ovejas, cabras, ratones, vacas, cerdos, etc. Se calcula que en el momento presente puede haber unos 500 animales clonados en el mundo. Esto indica que la técnica está básicamente establecida, que es reproducible y que es útil. Aunque es todavía una tecnología joven y no exenta de problemas, existen fundadas esperanzas de que, con la continua incorporación de nuevos laboratorios a este campo, en no demasiado tiempo se logrará simplificar y abaratar la técnica, con lo que ésta se hará accesible para su uso rutinario en más laboratorios y empresas.

Una de las posibilidades abiertas es salvar especies en vías extinción. Existen varios proyectos en marcha en diferentes países, incluído el nuestro, en esta dirección. Parece lógico pensar y defender que hay que tratar de salvar las especies a través de métodos naturales, así como determinar y corregir las causas que estén llevando a su extinción. Dada la disparidad de intereses socioeconómicos en la sociedad globalizada actual, esta discusión va a ser larga y de resultados inciertos. Mientra tanto, la clonación ofrece la posibilidad de preservar o aumentar el número de animales de una especie afectada, lo que puede ser crítico en especies con muy bajo número de ejemplares supervivientes e, incluso, recuperar especies extinguidas, de las que sólo queden células de algún animal conservadas en condiciones de viabilidad. Un problema que se plantea en esta situación es que la clonación produce animales genéticamente idénticos y es bien sabido que las poblaciones con una baja divesidad genética tienen problemas de viabilidad.

Existen varias posibilidades para tratar de solventar el problema. La mejor de todas sería llevar a cabo la clonación a partir de un número lo más alto posible de animales, es decir, no conviene esperar a estar en la situción crítica de contar con tan sólo uno, o muy pocos representantes de la especie. Otras alternativas serían llevar a cabo cruces y retrocruces con animales de especies muy próximas y, la más novedosa pero todavía no comprobada experimentalmente, sería la posibidad de introducir material genético adecuado en las células a partir de la cuales se clonarán los animales.

Aunque ninguna de estas soluciones es de momento perfecta y las garantías de éxito serán mayores dentro de unos años, cuando se tenga más experiencia, el estado de la tecnología en estos momentos es lo sufucientemente bueno como para intentarlo. Por tratarse de problemas que están en la frontera de nuestras capacidades, la garantía de éxito no existe y sólo a través de intentos conseguiremos identificar y vencer los problemas.

Además, España es un país con una gran biodiversidad dentro de Europa, lo que constituye una parte no desdeñable y creciente de nuestro atractivo turístico. Esta sería una razón adicional y "objetiva", para los que piensen en estos términos, para tratar de mejorar la suerte de nuestras especies autóctonas en peligro de extinción. Dentro de las medidas a tomar debería contemplarse el obtener muestras de algunos tejidos de estos animales, a partir de cuyas células se pudiera considerar en el futuro, y en caso necesario, su clonación.

Tanto la obtención de estas células como su conservación en condiciones de congelación que preservan su viabilidad, son relativamente fáciles y, ciertamente, poco costosas. La creación de un banco de células de este tipo requiere tan sólo una decisión política, que, incluso, podría tomar cada autonomía en función de sus intereses concretos.

Finalmente, sería altamente deseable que la clonación de estos animales se llevara a cabo en España. Pero en nuestro país, a pesar del interés de algunos laboratorios, no hay ninguno, ni en centros estatales ni en empresas, que domine esta tecnología. Sin duda, esto es en parte debido a que el coste de estos experimentos y de las instalaciones para trabajar con animales de interés industrial es relativamente elevado. Pero, dado el impacto, incluso económico, que esta técnica va a tener en el futuro de la producción ganadera, en un país como el nuestro, con una industria ganadera tan importante, es perentorio que el estado promueva, y las empresas correspondientes se embarquen, en este campo. Por suerte, contamos con científicos con una formación y mentalidad adecuadas para encarar con éxito tal empresa.

José Luis JORCANO