Coque Malla, en 'La ópera de los tres centavos'

Coque Malla, en 'La ópera de los tres centavos' Barco Pirtata

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'La ópera de los tres centavos': alboroto y distancia

Los actores rompen la cuarta pared bruscamente, solicitando la participación del público inesperadamente, ¿para justificar así el citado distanciamiento?

Más información: Coque Malla, a navajazo limpio en la ópera para mendigos de Bertolt Brecht que aterriza en España

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Hacía tiempo que no se representaba en Madrid La ópera de los tres centavos de Bertolt Brecht y Kurt Weill, ausencia que el Teatro Infanta Isabel ha reparado con el espectáculo dirigido por Mario Vega, con el reclamo del cantante Coque Malla que lo protagoniza e impulsado por dos productoras privadas y el teatro municipal Pérez Galdós de Las Palmas.

Producción desigual, de estética tosca apropiada para el ambiente barriobajero de la obra, pero a la que le falta en su ejecución vileza y obscenidad: ¡Esto es una caricatura de la maldad del mundo!

La mayor penitencia es cómo suena la música y las canciones de Kurt Weill. No se aprecian las texturas por las que es justamente valorada esta genial partitura, mezcla de ritmos populares, casi de feria, con un toque lírico que le da un expresivo color. Ni la banda ni los cantantes tienen el brío y desparpajo del cabaret alemán para interpretar las descarnadas e irónicas canciones de Brecht-Weill.

La obra -el próximo año cumplirá cien años- nació como una versión de The Beggar's Opera (La ópera del mendigo, 1728), cuyo libreto escribió el inglés John Gay, contemporáneo de Swift y con el que compartía el gusto por la sátira social; Gay partía de la idea de que la gente de más baja condición social comparte con los ricos los mismos vicios, pero a diferencia de estos es castigada por ello.

La tesis de que todo el mundo es corrupto la toma prestada Brecht para el libreto de Weill: escribe con ayuda de Elisabeth Hauptmann una fábula integrada de cuadros-canciones sobre el hampa de la industriosa Londres victoriana. Presenta a los criminales y proxenetas y a toda la escoria social de los bajos fondos organizados bajo las mismas fórmulas de corrupción, nepotismo y explotación con las que identifica a banqueros y hombres respetables del poder capitalista.

A través de las canciones que parodian la hipocresía burguesa, Brecht-Weill nos sirven parte del ideario marxista: satirizan desde el matrimonio y el amor romántico a la glorificación de la guerra y el imperialismo (Canción de los cañones); justifican la violencia revolucionaria (Jenny la pirata); disuelven la distinción entre criminales y respetables y comparan la gestión del crimen organizado como una empresa solvente (Canción de la insuficiencia del esfuerzo humano); hasta equiparan la prostitución con un negocio respetable.

Lo interesante es también su composición: sórdidas historias que narran las canciones y que contrastan con melodías seductoras o bellas, o a la inversa, provocando así un efecto de artificialidad que nos hace reír. La música no actúa como una ilustración de la letra, sino que se enfrenta a ella y crea una cierta tensión, un recurso del llamado distanciamiento brechtiano.

Pero la dirección de este espectáculo no se aplica a ello con pericia. Al contrario, los actores rompen la cuarta pared bruscamente, solicitando la participación del público inesperadamente y sacándonos del espectáculo, ¿para justificar así el citado distanciamiento?

Ya sorprende la misma obertura, cuando oímos la famosa Balada de Mackie Navaja que da cuenta de los crímenes cometidos del protagonista, la balada nos la canta el mismo Mackie, aquí Coque Malla. No tiene mucho sentido que el mismo protagonista nos introduzca en su historia, rompe con el primer guiño de distanciamiento de la obra.

Una imagen del espectáculo 'La ópera de los tres centavos', con Coque Malla en el centro

Una imagen del espectáculo 'La ópera de los tres centavos', con Coque Malla en el centro Barco Pirata

Tanto en el texto original como en la película que rodó George W. Pabst en 1931 con guion del mismo Brecht esta primera escena es interpretada por un cantante callejero que, acompañado de un armonio, va recitando la historia como un romance de ciego. Mackie Navaja está oyéndola entre el público y entonces se levanta y entra en escena. Con esta transición el actor nos conduce elegantemente hasta su personaje, nos informa de que va a interpretar una historia.

En el elenco hay figuras acreditadas del teatro -Paula Iwasaki (Jenny), Carmen Barrantes (Polly Peachum), Andrea Guasch (Lucy Brown), Cristina García (la madre de Polly y esposa de Peachum), Miquel Mars (el policía Tiger Brown)- en su mayoría son actores-cantantes, con la excepción del barítono Omar Callicchio (Jonathan Peachum).

La obra permite que se interprete como una ópera o como una comedia musical, y de hecho muchas canciones están planteadas más para ser dichas que cantadas. Pero los actores no se lucen como cantantes, los sentí alborotados y alguna destacaba con su voz chillona; y tampoco Coque Malla logra arrancar matices a su canto ni personaje.

Esta comedia musical se estrenó en Berlín en 1928, eran los estertores de la República de Weimar y el auge del nacionalsocialismo y del comunismo recorrían como un fantasma Europa. Echo de menos una versión más acorde a los tiempos actuales, en los que no faltan ejemplos de corrupción, pero nada se dice de quién es el autor de la traducción y de la versión.

En cualquier caso, una versión actualizada tampoco garantiza nada: fue la opción de Marta Pazos, que la dirigió el verano pasado con traducción al catalán y versión de Marc Rosich en el Festival Grec de Barcelona, y que según la crítica tampoco acertó.

La ópera de los tres centavos

Teatro Infanta Isabel. Madrid
Basada en La ópera del mendigo, de John Gay, por Bertolt Brecht (texto) y Kurt Weill (música), en colaboración con Elisabeth Hauptmann

Elenco: Coque Malla, Andrea Guasch, Carmen Barrantes, Paula Iwasaki, Cristina García, Miquel Mars, Diego Molero, Pablo Novoa, Néstor Ballesteros
Cover: Dulcinea Juárez
Músicos: Miguel Malla (Saxofón tenor y clarinete bajo), Daniel Rouleau (Saxofón alto, saxofón soprano, flauta y piccolo), Evgeni Riechkalov (Trompeta I), Gabriel Marijuan (Percusión y trompeta II), Roberto Bazán (Trombón y contrabajo), Néstor Ballesteros (Piano, celesta y armonio), Pablo Novoa (Guitarras y banjo), Carmen Barrantes (Cello).
Dirección: Mario Vega
Texto: Bertolt Brecht en colaboración con Elisabeth Hauptmann
Música: Kurt Weill
Dirección musical: Miguel Malla
Diseño de Iluminación: Juan Gómez - Cornejo
Diseño de Vestuario: Elda Noriega
Diseño de Escenografía: Mario Vega
Diseño de Sonido: Pilar Calvo
Movimiento y Coach Vocal: Óscar Martínez - Gil
Dirección de Producción y Producción Ejecutiva: Nuria Cruz Moreno
Dirección Técnica: Alberto Hernández de las Heras
Distribución: Fran Ávila Producción y Distribución

Una producción de Teatro Pérez Galdós, Barco Pirata Producciones Teatrales, Unahoramenos producciones en coproducción con el Auditorio de Tenerife.