Bárbara Fluxá: 'Nevera', 2005

Bárbara Fluxá: 'Nevera', 2005

La tribuna

El arte contemporáneo como altavoz de la crisis medioambiental

En el Día Mundial del Arte, la galerista Lucía Mendoza aborda uno de los temas que más preocupa a los artistas de hoy: el cambio climático y la sostenibilidad del planeta 

15 abril, 2023 02:29

El arte contemporáneo es un sincero reflejo del tiempo que vivimos. Son los artistas los que, desde su capacidad para proponer nuevos relatos y abrir fisuras en la realidad conocida, crean su obra para despertar, desde la emoción, nuestra consciencia.

Es un hecho que la sostenibilidad del planeta está en riesgo, social, económica y medioambientalmente. Sobre esto no hay ninguna duda. Pero, inmersos como estamos en una vida cuya velocidad es irrefrenable y ascendente, quizá no estemos dedicando el tiempo suficiente a la comprensión de lo que esto significa, las consecuencias que puede tener y el mundo que estamos construyendo y/o destruyendo al mismo tiempo.

El arte contemporáneo es una herramienta valiosísima en la expresión de toda esta problemática que parece no permear a la cotidianeidad de nuestro comportamiento. Nuestras acciones importan, y mucho.

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Esta es una de las razones por la que grandes artistas en el mundo crean su obra tratando de abrir una ventana a la reflexión. Una ventana abierta a distintos campos como son la producción alimentaria, la crisis medioambiental, la extracción de recursos, el desequilibrio económico o las desigualdades sociales.

Una corriente de creación, impulsora de acciones, llega para convertir nuestro planeta en más sostenible, creando redes de conexión y colaboración. Existen ya muchos profesionales que están desarrollando esta labor, como es el caso de Blanca de la Torre, comisaria de arte, responsable de la curaduría de la primera bienal sostenible en Cuenca, Ecuador. Sus palabras dan buena cuenta de las convicciones del sector: “Hablamos de futuro, de un mundo más justo y sostenible, de resiliencia, de adoptar una visión sistémica, de cuestionar la actitud antropocéntrica sobre el entorno natural, del arte como espacio de posibilidades para la creación de un nuevo paradigma”.

Una corriente de creación, impulsora de acciones, llega para convertir nuestro planeta en más sostenible, creando redes de conexión y colaboración

Quizá lo más impactante de su trabajo es la manera de hacer desde lo local para abordar temas que, de una manera u otra, afectan a todo el planeta. Trasladando sus métodos de trabajo a distintas localizaciones, no sólo convierte los proyectos en más sostenibles en cuanto a producción y gestión se refiere, sino que crea esas redes de conexión a través de las cuales se comparte el conocimiento y las herramientas necesarias para abordar una práctica más inclusiva, más participativa y más abierta. Las redes y puntos de conexión que Blanca establece en sus proyectos suponen un acercamiento a la creación de una comunidad planetaria en todos los sentidos.

Es interesante observar cómo diferentes artistas, además de dedicarse a abordar una particular (o varias) de las problemáticas de la sostenibilidad, han desarrollado proyectos que tratan de paliar los efectos de los desequilibrios que estas causan. Este es el caso de Olafur Eliasson, artista danés, [quien] realiza una labor inmensa conectando la creación plástica y la ciencia en pro de programas y proyectos que fomentan la sostenibilidad, todos ellos amparados bajo la misma web desde la que nos muestra su trabajo en el que sus obras son producto de una estrecha colaboración entre la ciencia y las artes visuales.

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Otro creador comprometido con el cambio es Daniel Canogar, ferviente cumplidor de la economía circular. Como él mismo cuenta, vive rebuscando materiales en los centros de residuos tecnológicos con los que después desarrollar su trabajo. Una obra que nos muestra su nítido compromiso con el medio ambiente es RAFAGAS, en la que proyecta cuatro documentos sobre medioambiente sacudidos por ráfagas de vientos de sus localizaciones geográficas -Acuerdo de París, Protocolo de Kioto, Protocolo de Montreal y Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro- a modo de “metáfora política que explora cómo el peso de la palabra, y las leyes que la sustentan, son fundamentales para la protección de la especie humana y del planeta”.

Es muy interesante explorar la cercana relación que existe entre el arte y la ciencia en los proyectos de muchos de los artistas que trabajan en torno a la problemática de la sostenibilidad. Elena Lavellés, licenciada en Bellas Artes y en Ciencias Geológicas y cuyo trabajo no sólo tiene lugar en el estudio sino que involucra laboratorios e instituciones científicas de todo el mundo (Instituto Eduardo Torroja, perteneciente al CSIC). Su compromiso con los proyectos la lleva a desarrollar gran parte de su trabajo sobre el terreno, entrando en minas subterráneas en condiciones bastante arriesgadas o a emplear residuos de quema de cenizas o recogidos en un vertedero, en la formación de nuevos materiales.

Luna Bengoechea: 'A cuánto está la libra', 2013

Luna Bengoechea: 'A cuánto está la libra', 2013

Es el caso también de Miguel Sbastida cuyas obras en video le llevan a recorrer el mundo convirtiendo su propio cuerpo, el latido de su corazón o su respiración, en objeto de la obra.

Una artista que sintetiza todos estos procesos, desde la docencia, la ciencia y la tecnología, unidos a la preocupación por la afección social es Bárbara Fluxá. Su obra emplea muchas herramientas tecnológicas como sónares de barrido lateral, cámaras termográficas u hologramas para rastrear pueblos sepultados bajo una laguna, medir la temperatura de los bosques, o mostrarnos el fantasma del fragmento del territorio que el ser humano es capaz de eliminar del mapa geológico tan sólo en unos segundos.

El arte y la ecología es otro de los grandes pilares del arte y la sostenibilidad. Artistas como Ana Matey cuyo trabajo se nutre de tres acciones, caminar, recolectar y desplazar, proponen proyectos duraderos en el tiempo que incluyen elementos orgánicos, el cuerpo, el dibujo o la palabra.

O el dúo Menhir, formado por Coco Moya e Iván Cebrián, cuyas obras alcanzan un formato muy peculiar, performático principalmente, trasladando a través de la creación de piezas musicales una referencia entre el territorio, interior y exterior, y los conceptos de pertenencia o afecto desde una concepción tecnonaturalista de la vida.

Es necesario que seamos conscientes de que podemos cubrir las necesidades que tenemos de otra manera

Y paralelamente encontramos asociaciones internacionales como GCC (Gallery Climate Coalition), organismo sin ánimo de lucro que ha conseguido reunir una comunidad internacional de agentes del sector comprometidos de manera muy activa con la reducción del impacto medioambiental de su actividad, y cuya Calculadora de carbono es una herramienta fundamental para valorar cuál es el impacto medioambiental de nuestra actividad anualmente para poder tratar de disminuirla.

O la Fundación Daniel y Nina Carasso, que en su línea de Arte Ciudadano apoya proyectos que desarrollan un espíritu crítico y un refuerzo de la cohesión social, además de acompañar y financiar iniciativas de alimentación sostenible.

['Estación total': donde el arte y la cartografía se dan la mano]

En este punto es importante citar a la artista canaria Luna Bengoechea, cuyo trabajo en la creación artística está vinculado a las problemáticas de la industria alimentaria. Una enfermedad personal le hizo descubrir cómo muchos de los alimentos que ingerimos contienen elementos tóxicos que pueden ser realmente dañinos, y cómo tan sólo modificando nuestra alimentación para convertirla en libre de esos compuestos podemos mejorar o recuperar la salud.

Cualquiera de estas propuestas se une a las de un enorme grupo de artistas y profesionales del mundo del arte que utilizan el arte contemporáneo como lenguaje para expresar que es necesario que seamos conscientes de que podemos cubrir las necesidades que tenemos de otra manera, de una forma que favorezca el equilibrio social y económico, y el cuidado de nuestro entorno, para que las futuras generaciones puedan cubrir las suyas.

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