Image: Fortuny, pintor y coleccionista

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Arte

Fortuny, pintor y coleccionista

17 noviembre, 2017 01:00

El fumador de opio, 1869 (detalle)

El Museo del Prado inaugura la exposición Fortuny (1838-1874), una muestra con cerca de 170 piezas de diferentes colecciones como el Museo Fortuny de Venecia o el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Obras de un artista imprescindible para comprender el arte del siglo XIX y que nos descubre su faceta de coleccionista.

"Se pasaba las horas muertas en las espléndidas salas de los reyes nazaritas: allí meditaba y recibía ideas a las que el pincel daba luego seductoras formas." Así definía Pedro de Madrazo, padre de la historiografía del arte decimonónico y pariente de esta dinastía de pintores, a Mariano Fortuny y Marsal (Reus, 1838- Roma, 1874), también unido a su familia por matrimonio. "Su hijo, también pintor, creció rodeado de obras de arte, no sólo las que pintaba su padre sino también de todas las piezas que éste coleccionaba de origen hispanomusulmán, pero también persa y del Lejano Oriente, especialmente de Japón", cuenta Javier Barón, comisario y jefe de Conservación de pintura del siglo XIX del museo. Este gusto por dibujar escenas de temática oriental de otro tiempo -en particular, del mundo árabe- que tomaba de las piezas que coleccionaba o de los lugares que visitaba, le convirtieron en uno de los artistas más importantes de esta corriente en Europa, muy apreciado por el color y la luz que captaba en sus obras.

"La dimensión variada y poliédrica de Fortuny exigía un tratamiento diversificado y atento de toda su creación", añade su comisario. De esta manera, la primera monográfica sobre su obra, ofrece como novedad una visión plural de este artista que desborda su faceta de pintor, ligado al programa de exposiciones sobre los grandes maestros del XIX, patrocinada por la Fundación AXA. "Al igual que en la antológica sobre Ingres, nos interesa mucho esta etapa, tan convulsa para España y para el resto de Europa, y que sin embargo, ha legado importantes obras al presente", cuenta Jan- Paul Rignault, presidente de la Fundación AXA. Igualmente, ha valorado durante la presentación "su mirada profunda y la extraordinaria calidad técnica en todos los campos de su producción".

Este recorrido, "se inicia con las recientes adquisiciones por parte del Museo del Prado, gracias al legado Carmen Sánchez entre otros, como el Busto de Mariano Fortuny, realizado por Prosper d'Epinay en 1869", señala Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigador de la pinacoteca. "Piezas como esta se unen a la muestra junto a más de cuarenta instituciones que nos han facilitado prestamos de sus obras para esta gran exposición en Madrid".

El aficionado a las estampas, h. 1865 (detalle)

Un amplio despliegue de lienzos, dibujos, acuarelas y grabados, pero también piezas arqueológicas, dispuestas en secciones sobre las diferentes etapas del artista. Destaca, su formación en Roma (1858-1861), como pensionado por la Diputación de Barcelona, que le puso en contacto a partir de 1858 con el gran arte del Renacimiento y el Barroco. "Su calidad como acuarelista es ya visible en Il contino, cuyo asunto, un joven con atavío del siglo XVIII en un jardín monumental (el de Villa Borghese, en Roma), anuncia su dedicación posterior al género historicista", explica Barón. Le sigue, el apartado dedicado a África y el descubrimiento de la pintura (1860 y 1862), que inicia su fascinación por el mundo árabe a partir de 1860, cuando presencia -para luego pintar- La batalla de Wad-Ras. En palabras de su comisario, "este viaje inicia su característica iconografía orientalista. Igualmente, es un creador muy original porque utiliza puntos de vista bajos en sus composiciones, el tratamiento de la luz y su pincelada suelta, propia de una apreciación intensa de la realidad".

Tras pasar unos meses en Barcelona, "el artista volvió a Roma, donde continuó trabajando en motivos árabes y realizó óleos y acuarelas que representaban tipos populares que veía en los alrededores de la ciudad". Pero también recibe encargos, como pintar uno de los techos de la residencia parisina de la reina María Cristina de Borbón, y que por primera vez, se muestra en su posición originaria en el techo de las salas de la pinacoteca, lo que permite una mejor comprensión de la obra.

Vista de La reina María Cristina y su hija la reina Isabel pasando revista a las baterías de artillería que defendían Madrid, 1837.

Su temprano, pero también ocasional, cultivo de la litografía en 1857 "se mantuvo durante la década de 1860, con una serie de aguafuertes que constituyó una de las cimas de su arte, y que vemos diferenciada en la sección dedicada al grabado". En ellos abordó motivos árabes, otros de género y también algunos de inspiración clasicista, que había estudiado en las obras de Ribera, Rembrandt y Goya. Esta parte se une a la dedicada a los maestros antiguos y el Prado (1866-1868), con pinturas entre las que destaca su versión del San Andrés de Ribera, -recientemente adquirido por el Museo-, y su visión de los grandes pintores aquí expuestos. Pero su comisario destaca especialmente "esa estancia de más de dos años en Granada (1870-1872) que proporcionó a Fortuny la tranquilidad que deseaba, lejos de París, en un ambiente de gran belleza que le inspiró un conjunto excepcional de cuadros".

También piezas que hablan sobre su vida y que le vinculan a una de su pasión: el coleccionismo, donde el artista comparte espacio con estas piezas, que le sirven de inspiración para modificar la realidad. Junto a ellas se exhiben ejemplos de su extraordinaria colección de antigüedades, como armaduras persas, o cerámica y cofres hispanomusulmanes, que atesoraba en su atelier. Todos ellos, objetos conservados en las más importantes colecciones del mundo, como el Museo Fortuny de Venecia y el Museo de Arte Moderno de Cataluña.

Finalmente, durante los dos últimos años de su vida Fortuny abordó temas árabes, y de inspiración japonesa, que había tratado en años anteriores, esta vez con un dinamismo y una expresividad más marcados, a través de un colorido más intenso y una pincelada más libre. Su obra Músicos árabes (1872-1874), quedó inconclusa tras su prematura muerte, y "supone una síntesis estética y temática de su producción global. Un arte que realza el arte del pasado, con la creación viva del presente, a través de una visión minuciosa y rica en todos sus detalles".

@SilviaSSC91