Renzo y Gabriel Huaman, los dos hermanos al frente de Waman.

Renzo y Gabriel Huaman, los dos hermanos al frente de Waman. Foto cedida

Restaurantes

Los peruanos que llegaron a Bilbao sin nada y ahora tienen un imperio 'gastro': "No sabía ni quién era Gastón Acurio"

La familia Huaman abrió el primer restaurante peruano de la ciudad en 2014 y ahora aspiran a lograr una estrella Michelin.

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Rosa Lucas llegó a Bilbao desde Perú en 2004, dejando atrás a un marido y dos hijos, uno de ellos recién nacido. "Trabajaba en el Euskalduna, cuidando a ancianas por la noche, en la mañana vendiendo helados... Entonces faltaban manos por todas partes", rememora. Su propósito era traer a España a su familia y, finalmente, por suerte, lo consiguió.

Gabriel y Renzo, sus hijos, aterrizaron en Euskadi con 14 y 2 años respectivamente. Mientras ellos crecían, Rosa tuvo otros muchos trabajos y terminó abriendo en 2012 una pequeña tienda de alimentación llamada La Parada que, con el tiempo, empezó a vender también productos latinoamericanos como rocoto, ají amarillo o Inca Kola.

A raíz de esto se dieron cuenta de la gran demanda de comida latina que había en la ciudad y decidieron abrir Rocoto en 2014, el primer restaurante peruano de Bilbao. "Desde el primer día fue un éxito", reconoce Rosa. Así nació el imperio gastronómico de la familia Huaman, ahora formado por tres negocios diferentes: el pionero Rocoto, el informal Manja, y Waman, el más gastronómico, con una fusión peruano-vasca.

Todos se encuentran a menos de 5 minutos caminando entre sí, en el juvenil barrio de Deusto. Rocoto logró hace sólo unas semanas un Solete Repsol como reconocimiento a su cocina peruana casual y Mawan fue incluido como 'Recomendado' en la Guía Michelin en 2022, en su primer año de apertura.

Al frente de Mawan se encuentran ahora, mano a mano, los dos hermanos, Gabriel (33 años) y Renzo (22), que tienen claro que quieren llevar el proyecto a lo más alto: "Nos gustaría ganar una estrella Michelin y que esa sea la carta de presentación de otros negocios". Por el momento no van en absoluto en mal camino.

Gabriel, que de joven no tenía ninguna intención en dedicarse a la cocina —"No sabía ni quién era Gastón Acurio", admite entre risas—, terminó trabajando durante dos años y medio en el emblemático Azurmendi (***), donde pasó prácticamente por todas las partidas y acompañó al equipo en eventos internacionales como el congreso Mistura, una experiencia que marcó profundamente su visión culinaria.

Por su parte, Renzo, que sí tenía claro que quería centrarse en la gastronomía, empezó ayudando los fines de semana en Waman mientras estudiaba y pasó también por Azurmendi. Primero tres meses de prácticas, y luego un año y medio con contrato.

Ahora acaba de volver a Bilbao después de estar más de un año en Perú aprendiendo de restaurantes tan célebres como Maido —mejor restaurante del mundo en 2025 por The World's 50 Best Restaurants—, Central —mejor restaurante del mundo en 2023—, Kjolle, Mil o Mérito.

Tartaleta de txangurro.

Tartaleta de txangurro. Foto cedida

Su regreso marca una nueva etapa para Waman. "Trae aire fresco, nuevas técnicas, productos diferentes", asegura Gabriel. Por ejemplo, en estos momentos se encuentran trabajando con biomateriales, algo que Renzo aprendió de Central y Mérito y que consiste en aprovechar los restos de ciertos alimentos para confeccionar la vajilla de cada plato.

De momento puede verse en recetas como la tartaleta de mango y txangurro o el talo vasco de cigala anticuchera, pero la idea es extenderlo a todo el menú.

En un futuro, a Renzo y Gabriel también les gustaría lanzar su propio restaurante vasco en Perú —"Allá no hay un restaurante vasco como tal, conceptualizado, con cosas de aquí locales", explican—; así como abrir otra especie de Waman en Madrid. "Tengo amigos que están yendo a la capital y siento que les va mejor que en el País Vasco, sería cuestión de mirar un poco el mercado allí", comenta el hermano mayor.

La entrada de Waman.

La entrada de Waman. Foto cedida

Así, lo que empezó en los 2000 con un viaje austero de una madre sola en una ciudad desconocida se ha convertido en una suerte de reino gastronómico con toda una familia implicada en enaltecer y expandir la cocina peruana más allá de sus fronteras. Una historia de superación, constancia y, por supuesto, mucho ají.