Cómo está el patio!!! Con tanto recorte la cosa no está pa tirar ni una migajita que te sobre. Por eso hoy os traigo una super-receta de aprovechamiento. Concretamente aprovechando los restos de un pollo asado que no pudimos terminarnos. Hoy demostramos que con lo que no nos comemos se puede hacer algo más que croquetas.

Ingredientes

  • 200 gr. de pasta (en este caso rigatone)
  • Agua
  • Sal al gusto
  • Un chorrito de aceite
  • 1 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • Restos de pollo asado (o una pechuga entera o en filetes)
  • 1 cacito de caldo concentrado  (de ese que parece como una gelatina, aunque si no lo encuentras o no quieres comprarlo, puedes sustituirlo por una pastilla de caldo concentrado de pollo de las de toda la vida)
  • 3 cucharadas soperas de zumo de limón
  • 150 gr. de queso fresco tipo Philadelphia (en mi caso, light)
  • Perejil picado fresco

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Si no tienes “restos”, no te preocupes, que puedes preparar esta receta igualmente con una pechuguita de pollo “nueva”. Y si no tienes pollo, pues le puedes poner lo que se te ocurra. Lo mejor de esta receta es descubrir su sorprendente salsa al limón que le va que ni pintado a la carne y la pasta. Que no se diga que los macarrones tienen que ir siempre con tomate!

(para 2 personas)

 

Preparación

Empezaremos cociendo la pasta, para ello no nos complicamos y seguimos las instrucciones del fabricante cociendo el tiempo que nos indiquen con un poquito de sal.

Picamos bien finito la cebolla y el ajo. Luego echamos un chorrito de aceite a una sartén y ponemos a pochar la cebolla y el diente de ajo bien picados.

Una vez tenemos la cebolla y el ajo pochados, añadiremos los restos de pollo asado cortándolos en tiras o en trocitos que quepan en la boca. Como os decía en la introducción, si no teneis restos de pollo asado, podeis usar unos filetes de pechuga a la plancha cortados en tiras también. Sofreímos todo durante un minuto (no mucho porque en realidad la carne ya está hecha)

Seguidamente cogemos un cucharón de agua, de la que estamos usando cociendo la pasta, y la echamos en la sartén con el pollo, cebolla y ajo. Añadimos ahora el cacito o la pastilla de caldo, las tres cucharadas de zumo de limón y el queso fresco. Removemos bien hasta que el queso se deshaga completamente y quede una salsa ligada. Si estuviera demasiado espesa, podemos licuarla un poco echando más agua de la de hervir la pasta. Si por el contrario estuviera demasiado líquida, símplemente añade más queso y deja que reduzca. Es importante tener en cuenta que en caliente la salsa parece mucho más líquida de lo que luego se queda en realidad. En cuanto se enfría un poco enseguida coge consistencia, así que mejor pasarse de líquido que de sólido.

A estas alturas, la pasta ya habrá terminado de cocerse, así que escurréla. Echa de nuevo la pasta, ya escurrida, en la olla vacía y vierte también dentro el contenido de la sartén con el pollo y la salsa de queso. Remueve bien para darle el último “chup chup”.

Sirve rapidísimamente, decorando con abundante perejil picado. Debe degustarse al momento, ya que la salsa tiene peligro de adquirir demasiada consistencia si la dejamos reposar demasiado. Al momento está exquisita.

 

Resultado

Una pasta facilota y riquísima que se prepara en un momento (y tan al momento que se me olvidó haceros fotos del paso a paso!)

Tiempo: 30 minutos

Dificultad: 1/5

Digestión: 3/5

Precio: 3€