Nacho en su panadería.
Nacho, dueño de una panadería: "Invertí 10.000 €, trabajo sólo 30 horas y monté todo en dos semanas. Quiero tener vida"
Nacho es un excocinero con más de 20 años de experiencia en hostelería que ha abierto una micropanadería en Calatayud para tener más conciliación.
Más información: Luis, dueño de una panadería: "Montar el negocio cuesta unos 20.000 € y se pueden ganar unos 1.800 € al mes".
En una esquina tranquila de Calatayud (Zaragoza), el olor a pan recién hecho se funde con la historia de un cambio de vida.
Nacho Morales, cocinero durante más de 20 años, decidió dar un giro radical a su carrera y apostar por su propio proyecto: Panis Micropanadería, un obrador de pan de masa madre y harinas ecológicas que ha conquistado a los vecinos de esta ciudad zaragozana.
Después de años entre fogones y horarios interminables, Nacho sintió la necesidad de recuperar algo tan simple como valioso: tiempo para vivir.
"Vengo de estar muchas horas trabajando por cuenta ajena y lo que quería era trabajar para vivir, no vivir para trabajar", afirma. Esa búsqueda de equilibrio lo llevó a Utrera, donde participó en una asesoría de panadería artesanal que, según él, le "cambió la perspectiva".
De aquel viaje regresó con la certeza de que su proyecto era viable: "Salí convencido en un 90 % de que esto sería rentable aquí. Y cuando hice una encuesta y dejé probar el pan, lo confirmé al 100 %".
En pocas semanas, encontró un local de 60 metros cuadrados, una antigua charcutería con licencias alimentarias previas, y adaptó el espacio a su nueva vida entre masas, fermentaciones y hornos: "En dos semanas ya estaba haciendo pan en el obrador".
Un modelo sencillo y rentable
Con una inversión total de unos 10.000 euros (incluyendo maquinaria, licencias, mobiliario, etc.), Panis nació oficialmente en julio de 2025. Su modelo se apoya en la producción bajo pedido y la venta directa a través de su web.
"Comencé horneando miércoles y jueves para los pedidos online, y desde hace poco abro los viernes para atender a quienes prefieren comprar en persona", explica. (En total, trabaja unas 30-35 horas a la semana horneando).
Así pues, en apenas unos meses, la micropanadería ya le permite obtener un sueldo modesto pero suficiente, algo de lo que Nacho se siente orgulloso: "Lo justo para cubrir gastos del local y sacarme un sueldecito".
"Compensa totalmente, porque gano en calidad de vida. Tengo dos hijos y ahora puedo disfrutar de las tardes y los fines de semana con ellos. Eso no está pagado", asegura.
El obrador de Nacho no solo es un negocio: es una declaración de principios. Su pan se elabora exclusivamente con masa madre, harinas de trigos antiguos y fermentaciones largas. "Solo intentamos hacer un pan honesto, el producto que nos gustaría comer a nosotros", dice.
En un mercado dominado por las prisas y los aditivos, su propuesta defiende la tradición, la calidad y la sostenibilidad.
La acogida en Calatayud ha sido entusiasta. Los vecinos valoran el sabor y la digestibilidad de sus productos, y el boca a boca se ha convertido en su mejor campaña. Con una población de unos 20.000 habitantes y la fidelidad de clientes de los pueblos cercanos, Panis se ha consolidado como referente local del pan artesano.
Mirando hacia el futuro
Nacho no esconde su ambición de seguir creciendo, aunque siempre con los pies en la tierra: "Este modelo es muy escalable. En uno o dos años me gustaría ampliar producción e incluso explorar el B2B con restaurantes o caterings".
Por el momento, ya planea incorporar un segundo horno y aprovechar la cámara frigorífica del local para optimizar fermentaciones.
Mientras tanto, el panadero de Calatayud sigue amasando con paciencia la otra masa, la del tiempo: el tiempo propio, el que perdió durante años y que ahora huele a pan recién hecho.