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Actualidad gastronómica

10 alimentos engañosos que no son lo que parecen o dicen ser

Alimentos engañosos que no son lo que parecen ser o no son lo que quieren hacernos creer que son. Lee siempre la letra pequeña.

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Es curioso que en pleno siglo XXI, viviendo una época en la que nunca fue tan fácil acceder a la información, en asuntos de comida muchas veces nos dejemos engañar más que nunca. Por ejemplo, yo no me imagino a mi abuela yendo al mercado a comprar carne para hacer unas albóndigas y llegando a su casa con otra cosa que no fuese exacta y exclusivamente carne.

Pero hemos progresado, los alimentos ahora vienen con todo tipo de etiquetas que aportan cantidades ingentes de información. En letras grandes, las que llaman nuestra atención, lo que realmente pensamos que es; en letra pequeña,  la que casi nadie se para a leer, los matices, las verdades.

Pocas veces se puede considerar un engaño desde un punto de vista legal, porque la etiqueta no miente, la información está ahí… en letra pequeña. Y con tanta información resulta que ahora hay más alimentos engañosos que nunca.

Otras veces incluso nos guiamos por la apariencia, por el buen precio, obviando hasta las letras grandes y, en realidad, acabamos comprando algo que no tiene mucho que ver con lo que pensamos que debería ser.

Alimentos engañosos que no siempre son lo que nos cuentan

Queso parece, queso no es

falso-queso-rallado

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Esta en la nevera junto a los demás quesos, el frontal transparente deja ver unos hilos de “queso” rallado y unas letras grandes indican que es para gratinar y fundir. En ningún sitio dice que sea queso, el etiquetado no miente, no hay engaño, pero al dar la vuelta y leer la letra pequeña el preparado lácteo que tenemos en nuestras manos es lo que podéis leer en la foto.

En definitiva, queso parece, queso quieren que creamos que es, pero queso no es.

Jamón, jamón… o no

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Cuando hablamos de jamón cocido, estamos hablando de un producto cárnico elaborado con jamón pero que también puede llevar azúcares, féculas y otros aditivos. Pero es que si hablamos de jamón York o jamón de York, ahí ya sí que se lía más la cosa, porque se trata de un fiambre elaborado con las partes magras de menor calidad que el jamón, por eso es más barato que el jamón cocido, y que también lleva buena cantidad de féculas y azúcares.

Zumos no solo de frutas

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Menudo lío el que nos hacemos con los zumos industriales, porque aunque todos parezcan eso, zumo de frutas en realidad nos encontramos con productos muy diferentes.

Por un lado están los zumos de 100% fruta exprimida, que han de estar siempre refrigerados, que sí podemos decir que son lo que aparentan. Pero por otro lado tenemos:

  • Zumos a base de concentrado de frutas. En este caso ya no se trata de un zumo obtenido al exprimir la fruta, sino que al zumo se le extrae el agua y después se reconstituye añadiendo vitaminas, agua y azúcar. No tienen por qué estar en la nevera.
  • Néctar. Tampoco tiene nada que ver con lo que entendemos como zumo, pues es una mezcla de zumo (al menos el 50%) con agua y azúcar o edulcorantes. No necesitan estar en nevera.

Y ya que estamos, aunque esto creo que ya es más difícil que nos lleve a engaño, están las bebidas sin gas con sabor a frutas que pueden estar o no en la nevera del súper y que solo contienen entre un 8 y un 10% de zumo.

Carne picada y más

carne picada

carne picada

A simple vista parece carne con mayor o menor cantidad de grasa, pero algo debería hacernos sospechar algo raro cuando un kilo de carne de ternera puede rondar los 10 euros el kilo y la carne picada de ternera en algunos sitios nos la venden por unos 6 euros.

En realidad la carne picada ya embandejada suele estar hecha con los recortes menos nobles del animal de que se trate a los que se añaden ingredientes como féculas, legumbres -proteínas de soja-, azúcares y colorantes para que la mezcla siga teniendo color carne.

Con lo fácil que lo hacía mi abuela pidiéndole al carnicero cuarto y mitad de aguja pasadas por la picadora.

Trufas, manjar de lujo o fiasco

trufa-negra

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Nos creemos que todas las trufas son iguales, por eso vemos trufa y confiamos. Si comprobamos leyendo la letra pequeña, nos daremos cuenta de que en vez de tratarse de una deliciosa Tuber magnatum o una Tuber melanosporum, es una trufa china o Tuber indicum, sin ningún valor gastronómico y, por supuesto sin sabor. Y sin engaño, porque tampoco podemos decir que no es trufa.

Azafrán, el oro rojo que no siempre brilla

azafran

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El azafrán más apreciado del mundo se cultiva en España, pero se da el caso de que la producción no llega a los 3000 kg anuales. Teniendo en cuenta de que en algunos de los últimos años se han llegado a exportar más de 35000 kg de azafrán supuestamente español, está claro que a alguien le han dado gato por liebre. Y, en este caso, sí se trata de un fraude.

Fíjate también en las etiquetas de los productos del mar

Porque sí, incluso en el mercado o en la pescadería, la mercancía ha de exponerse mostrando la correspondiente etiqueta de trazabilidad que te puede aportar información mucho más útil que la del rótulo grande con el precio.

Zamburiñas bien y volandeiras también, pero sin engaños

volandeira-zamburina

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Las zamburiñas (Chlamys varia), a la derecha de la imagen superior, son un marisco muy apreciado, en algunos sitios incluso más que las vieiras, pero también son escasas, por lo que su precio suele ser elevado. En cambio, las volandeiras (Aequipecten opercularis) son mucho más abundantes, también están muy ricas y son mucho más baratas, por lo que es habitual que tanto en congelados, como en pescaderías o incluso en algunos restaurantes nos den volandeiras haciéndolas pasar por zamburiñas.

Navajas y longueirones

navajas

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Otra confusión que se da a menudo es que a lo que se suele llamar navajas no siempre lo son, pues tanto el longueirón vello -viejo- (Solen marginatus), el longueirón (Ensis siliqua) y las verdaderas navajas (Ensis arcuatus) tienen un aspecto muy similar, pero la carne de estas últimas es más blanda, mucho menos fibrosa y más sabrosa que la de los longueirones. Pero cuando nos pueden colar longueirones por navajas.

Si quieres saber cómo distinguir navajas de longueirones o volandeiras de zamburiñas no te pierdas el post con consejos para que no te tomen el pelo con el marisco.

Calamares y potas

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En productos congelados, especialmente los procesados como las anillas de calamar ya cortadas o las que vienen ya rebozadas, el calamar (Loligo vulgaris) no es tal sino pota (Illex coindetti). En fresco, también puede haber la confusión, pero si uno se fija un poco son bastante fáciles de distinguir con solo echar un vistazo a las aletas.

En el caso de la pota -arriba en la foto-, las aletas hacen forma de corazón y solo ocupan el tercio inferior. En el caso del calamar -abajo en la foto superior- las aletas abiertas forman un rombo que va desde la punta hasta la mitad del cuerpo.

Caballa y verdel

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Este es un ejemplo curioso de alimentos engañosos, más que nada porque la caballa es un pescado que recibe muchos nombres diferentes a lo largo de la geografía y tal es la cantidad de nombres que en algunos sitios se conoce a uno con el mombre del otro, por eso, lo mejor es fijarse en su aspecto para saber cuál es el de mejor calidad.

El de la parte superior de la foto es la caballa (Scomber scombrus) que se caracteriza por tener el dorso plagado de líneas negras paralelas sobre un fondo azul verdoso. El vientre es blanco plateado sin manchas ni lunares. En cambio, el verdel (Scomber japonicus) -parte inferior de la foto- tiene las líneas negras más estrechas e irregulares y un montón de lunares y manchas en el vientre. También tiene los ojos más grandes que los de la caballa. Aunque el algunos sitios se les conoce con los nombres cambiados, de ahí tanto lío.

Pero lo que nos interesa, la caballa tiene una carne más suave que es cada vez más apreciada en la cocina, mientras que el verdel tiene una carne mucho más seca sin apenas valor comercial que suele usarse como carnada. Así que cuando nos venden la variedad Scomber japonicus como si fuera caballa, nos están tomando un poco el pelo.

Y seguro que si cada vez que compras algo lees atentamente toda la etiqueta, descubrirás que al final nos comemos muchas cosas pensando que son otras.