Ángel en su pescadería de Gálvez (Toledo).

Ángel en su pescadería de Gálvez (Toledo). Cristian Sánchez

Ciencia

Ángel (58), pescadero, sobre el anisakis: "Si se fríe el pescado no pasa nada. Si lo vas a comer crudo, hay que congelarlo"

"Los jóvenes no entran a mi pescadería, se van a los centros comerciales", explicó el propietario.

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Las claves
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El consumo de pescado fresco en España ha caído un 36,2% desde 2008, provocando el cierre de más de 5.000 pescaderías.

Ángel Gómez, pescadero de Gálvez (Toledo), advierte que el miedo al anisakis es infundado si se cocina bien el pescado o se congela para consumirlo crudo.

El alto precio del pescado y los nuevos hábitos de consumo alejan a los jóvenes de las pescaderías tradicionales.

Ángel mantiene su negocio por motivos sentimentales, a pesar de que cada vez es menos rentable.

A pesar de la tradición pesquera de España, el pescado fresco empieza a parecer un artículo de lujo.

Según datos oficiales, su consumo ha caído un 36,2% desde 2008, lo que ha provocado el cierre de más de 5.000 pescaderías a nivel nacional.

Esta es la dura realidad diaria de Ángel Gómez, de la cuarta generación de pescadores en Gálvez (Toledo), quien sitúa claramente el origen de su declive.

"En el 2008 hubo una crisis que me bajó las ventas un 30% y desde entonces no he levantado cabeza", señaló en conversación con EL ESPAÑOL - EL DIGITAL CLM.

A los problemas económicos se suma el pánico infundado al anisakis.

Ángel, que lleva 37 años regentando la pescadería, suele tranquilizar a su clientela con un consejo muy claro: "Si se fríe el pescado no pasa nada porque el bichito se muere. Si lo vas comer crudo, hay que congelarlo".

Además, señala para calmar los ánimos que "muchos pescados de acuicultura ya vienen libres de anisakis".

Ángel atendiendo a unas clientas en su pescadería de Gálvez (Toledo).

Ángel atendiendo a unas clientas en su pescadería de Gálvez (Toledo). Cristian Sánchez

Cuando Ángel se incorporó al negocio familiar a los 22 años, el mercado era mucho más sencillo y predecible: "Solamente vendíamos la típica sardina, boquerones, pescadillas y caballas".

Hoy, los hábitos son distintos: "El atún rojo antes no se conocía y ahora se trae en temporada".

Para ofrecer la máxima calidad, no duda en viajar a Mercamadrid semanalmente: "Voy con mi furgoneta y allí en la capital tengo mis proveedores y compro dependiendo de la relación calidad-precio".

Sin embargo, asume que el coste es un obstáculo importante en la actualidad.

"El precio del pescado es elevado, lo sé. Ten en cuenta que desde que se pesca en alta mar hasta que llega aquí pasa por muchas manos y eso sube su valor", reconoce.

Esta situación aleja especialmente a las nuevas generaciones del pequeño comercio: "Los jóvenes no entran a mi pescadería, se van a los centros comerciales donde compran ropa, fruta y todo tipo de productos de una sola vez".

A ello se suma la inexperiencia culinaria: "Escucho a muchos decir que no lo compran porque les huele la cocina o porque no saben cómo cocinarlo".

Aunque a sus 58 años es plenamente consciente de que "este negocio es cada vez menos rentable", Ángel mantiene la persiana de su local subida por motivos puramente sentimentales: "porque es un negocio que heredé de mi padre. Y me da pena".