El psiquiatra Enrique Rojas.

El psiquiatra Enrique Rojas. E. E.

Ciencia

La psicología dice que las personas hipocondríacas aprenden de sus familias a obsesionarse por su salud

Vigilar constantemente el cuerpo puede alimentar la ansiedad y convertir cualquier pequeña molestia en una fuente permanente de preocupación.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Las claves

La hipocondría puede aprenderse dentro del entorno familiar al observar conductas de vigilancia excesiva de la salud.

Las personas hipocondríacas tienden a interpretar cualquier molestia corporal como señal de una enfermedad grave, generando ansiedad.

Existen dos tipos de hipocondría: una general, con preocupación por cualquier síntoma, y otra centrada en enfermedades específicas como la cardiofobia o la cancerofobia.

El psiquiatra Enrique Rojas recomienda reconocer el problema, distraer la atención del propio cuerpo y, en algunos casos, recurrir a medicación ansiolítica para reducir la presión emocional.

El miedo a enfermar puede convertirse en una preocupación constante que lleva a vigilar cada sensación corporal. Enrique Rojas explica que las personas hipocondríacas interpretan las molestias de forma alarmante.

El psiquiatra señala que esta conducta implica una exploración obsesiva del propio cuerpo y genera ansiedad. Para ayudar, considera fundamental que la persona sea consciente de lo que le ocurre.

Según Rojas, la hipocondría puede aprenderse dentro de la familia. Observar a familiares tomarse el pulso, mirarse la lengua, utilizar el termómetro o medirse la tensión puede favorecer esta tendencia.

De este modo, determinados comportamientos relacionados con la vigilancia de la salud pueden convertirse en modelos para otros miembros de la familia. La preocupación acaba centrada continuamente en detectar posibles enfermedades.

El primer paso que plantea el psiquiatra consiste precisamente en reconocer esta forma de actuar. Ser consciente de la tendencia permite identificar cómo determinadas molestias terminan interpretándose como señales de problemas graves.

Reconocer el problema

Rojas también considera importante luchar por mantenerse distraído. La recomendación busca apartar la atención de las sensaciones corporales y evitar que la vigilancia constante termine alimentando todavía más la preocupación.

El especialista distingue además entre dos tipos de hipocondría. En una de ellas, denominada general, prácticamente cualquier sensación corporal puede recibir una interpretación negativa y convertirse en motivo de alarma.

Existe también una forma particular, en la que la preocupación se concentra en cuatro o cinco posibles enfermedades o problemas concretos. Así, el temor no se reparte entre todas las sensaciones.

Entre los ejemplos que menciona Rojas aparece la cardiofobia, relacionada con el miedo a padecer un problema cardíaco. También cita el temor obsesivo a sufrir sífilis y las preocupaciones intestinales.

Otro de los temores señalados es la cancerofobia, una preocupación especialmente relevante para el psiquiatra porque el cáncer puede extenderse a diferentes territorios del organismo, aumentando la vigilancia sobre posibles síntomas.

Frente a estas preocupaciones, Rojas insiste en la importancia de reconocer lo que está sucediendo y poner medios para desatender esa vigilancia constante. El objetivo pasa por reducir progresivamente la atención.

El psiquiatra menciona asimismo la posibilidad de utilizar medicación ansiolítica para reducir el nivel de presión emocional. En su planteamiento, este recurso forma parte de un proceso orientado a conseguir pequeños progresos.

Así, afrontar la hipocondría pasa, según Rojas, por comprender la tendencia a interpretar las molestias de manera alarmante, reconocer posibles aprendizajes familiares y trabajar para disminuir la atención constante al cuerpo.

La clave del abordaje que propone está en identificar esos patrones y avanzar poco a poco, reduciendo la presión emocional y la atención permanente sobre las señales del propio cuerpo.