Santi, fontanero en Madrid.

Santi, fontanero en Madrid. YouTube (@sectoroficiospodcast)

Ciencia

Santi, fontanero: "En 3º de la ESO solo aprobaba gimnasia y al cambiar a la FP me convertí en el primero de mi clase"

Su primer empleo comenzó con 600 euros, pero una nueva oportunidad le permitió duplicar su sueldo poco después.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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Santi abandonó la ESO tras suspender la mayoría de asignaturas, excepto gimnasia, y decidió formarse como fontanero.

Durante su formación profesional, pasó de ser un estudiante desmotivado a convertirse en el mejor de su clase, especialmente en la parte práctica.

Consiguió trabajo rápidamente tras las prácticas y, gracias a sus habilidades, fue aumentando su salario y responsabilidades.

Tras 20 años en la fontanería, Santi considera su profesión una forma de ayudar a quienes necesitan agua caliente.

A los 14 años, mientras otros chavales todavía buscaban qué querían hacer, Santi ya había encontrado una profesión que le despertaba interés. Su primo fontanero empezó a llevarlo al trabajo por las tardes.

Aquellas visitas terminaron cambiando su relación con los estudios. Santi cuenta que su madre siempre le decía que era "un poco pillo" y que no le gustaba demasiado estudiar, algo que él tampoco ocultaba.

La decisión llegó durante tercero de la ESO, cuando decidió abandonar los estudios después de acumular ocho o nueve asignaturas suspensas. Según recuerda, únicamente había conseguido aprobar gimnasia, pero tenía claro qué quería hacer.

Su padre aceptó la decisión y Santi puso rumbo al instituto de La Paloma para formarse como fontanero. Aunque normalmente había que esperar hasta los 18 años, él consiguió entrar cuando tenía 17.

Allí ocurrió algo que ni él mismo esperaba. Después de años en los que estudiar no le había motivado, durante aquel curso se convirtió en el mejor de su clase, especialmente en la parte práctica.

Mejora laboral

En las prácticas encontró además un compañero con el que complementaba sus capacidades. Mientras Santi destacaba haciendo trabajos, aquel alumno tenía más facilidad para la teoría, así que ambos se ayudaban y avanzaban juntos.

La formación también le abrió las puertas de una empresa. Después de aproximadamente medio año, comenzó unas prácticas y, tras solo un mes, la compañía llamó al instituto para comunicar que quería quedarse con él.

Su primer sueldo fue de 600 euros y llegó acompañado de su primer contrato como fontanero. Santi recuerda con especial emoción el momento de contárselo a su padre, que se alegró mucho por aquel paso.

Con 18 años, el responsable de la empresa empezó a dejarlo solo en las casas mientras se marchaba. Santi consideró que sus responsabilidades habían aumentado demasiado para cobrar 600 euros y decidió pedir 900.

Poco después apareció otra oportunidad gracias al boca a boca. Una fontanería cercana le ofreció 1.200 euros, pese a que todavía no tenía carnet de conducir. Santi se desplazaba en moto y aceptó.

Su aprendizaje práctico había comenzado mucho antes junto a su primo, que le enseñaba a reparar cisternas, cambiar termos y realizar diferentes trabajos. Le mostraba cómo hacerlo y después dejaba que Santi lo repitiera solo.

Aquel método le permitió enfrentarse progresivamente a tareas nuevas, aunque tardara más que un profesional experimentado. Con 37 años, Santi asegura que todavía conserva habilidades poco habituales, como trabajar con plomo.

Para él, la fontanería terminó siendo mucho más que una profesión. Tras 20 años dedicado a ella, explica que prefiere verla como una forma de ayudar a personas que necesitan agua caliente.