Santiago Abascal y Viktor Orbán, en una reunión reciente celebrada en Hungría.

Santiago Abascal y Viktor Orbán, en una reunión reciente celebrada en Hungría. Vox

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Santiago Abascal debe aprender de lo sucedido en Hungría

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Este domingo se celebraron las elecciones legislativas de Hungría y sus resultados no han sorprendido a nadie; las encuestas ya vaticinaban la derrota del ahora exprimer ministro húngaro, Viktor Orbán.

No hay rastro de la izquierda en el parlamento húngaro; es más, está compuesto únicamente por tres formaciones políticas, todas ellas de derecha. Tras cuarenta años de dictadura comunista, que sumió al país en la pobreza más extrema, los húngaros se niegan a que la izquierda vuelva a gobernar: ya saben qué les esperaría.

Se puede afirmar que la política económica de Viktor Orbán en estos últimos cuatro años, basada en un proteccionismo rígido, ha conducido a Hungría hacia una crisis económica. Es por ello que la nación ha decidido poner fin a dieciséis años de mandato de Orbán.

Los puntos centrales de esta política de "autodestrucción" han sido los siguientes:

1. Aumento del déficit público para intentar paliar la subida de los costes energéticos derivados de la guerra de Ucrania.

2. Depreciación de la moneda húngara (el forinto) debido a la escalada de la inflación.

3. Control de precios impuesto por el Estado.

Todo lo anterior, sumado al incremento de los tipos de interés por parte del Banco Central de Hungría, ha provocado una caída de la inversión agregada, disminuyendo esta en torno al 5% del PIB.

Los apoyos internacionales del exmandatario húngaro tampoco han contribuido a mejorar su popularidad. El desgaste derivado de los conflictos internacionales (como la inestabilidad en Oriente Próximo) y la posible pérdida del Senado por parte de Trump en las elecciones de mitad de mandato en EEUU, sugieren que contar con figuras de la administración estadounidense anterior no fue una estrategia acertada para la campaña electoral.

En el caso de España, el principal aliado y perjudicado a nivel nacional es el partido conservador Vox. Santiago Abascal ha buscado el respaldo de Viktor Orbán en sus actos de partido con el objetivo de reforzar su presencia parlamentaria. Sin embargo, si alguien dentro de Vox cree que la gestión de Orbán es un modelo para presumir dentro de nuestras fronteras, debería hacérselo mirar. El referente internacional de Abascal debería ser Javier Milei en Argentina o Giorgia Meloni en Italia, y no la extrema derecha prorrusa.

En definitiva, cuando la sociedad empieza a sufrir las consecuencias de una mala gestión económica en sus bolsillos, los gobernantes acaban siendo castigados en las urnas. Esto es lo que ha sucedido en Hungría: los ciudadanos han visto cómo su renta per cápita se estancaba en la última legislatura de Orbán, con un crecimiento de apenas el 1,4 % en todo el periodo.