Javier, electricista.

Javier, electricista. Podcast 'Sector Oficios'

Sociedad

Javier, 35 años, electricista: "Siempre nos cuesta intentar contratar a alguien, es un poco la asignatura pendiente"

El trabajador reflexionó sobre la escasez de trabajadores que viven los oficios tradicionales en España y el alto costo que tiene contratar hoy en día.

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Las claves

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La falta de profesionales cualificados es uno de los principales problemas en los oficios técnicos en España, como electricistas, fontaneros y carpinteros.

Javier, electricista en Puertollano, afirma que su empresa no puede crecer debido a la dificultad para encontrar y formar nuevos empleados.

El coste de contratar y formar aprendices es alto y supone una inversión de tiempo y dinero que no siempre da resultados positivos.

Javier defiende mayor reconocimiento para los profesionales del sector y considera fundamental valorar el trabajo, incluidos desplazamientos y elaboración de presupuestos.

Encontrar profesionales cualificados se ha convertido en uno de los principales desafíos para numerosos sectores en España, especialmente en los oficios técnicos.

Electricistas, fontaneros, carpinteros o instaladores coinciden en un mismo problema: la demanda de trabajo no deja de crecer, pero resulta cada vez más complicado incorporar nuevos trabajadores.

Esa es la realidad que vive Javier, un electricista de Puertollano (Ciudad Real), que ha explicado en el pódcast Sector Oficios cómo la falta de mano de obra está limitando el crecimiento de su empresa.

La escasez de electricistas en España

Con 35 años y una trayectoria de casi dos décadas en el sector, Javier reconoce que su negocio atraviesa un buen momento en cuanto a encargos, pero no puede expandirse por la dificultad para encontrar personal.

"Lo que nos cuesta es lo de siempre, pues intentar contratar a alguien, que es un poco ahí la asignatura pendiente", afirma. Su caso refleja una situación compartida por muchos pequeños empresarios.

Según explica, el volumen de trabajo actual permitiría incorporar a otra persona, pero las cuentas no salen.

"Ahora mismo tenemos el síndrome de los autónomos del uno y medio. Tengo trabajo para mí y para medio más, pero el coste empresarial que supone contratar no es el de medio trabajador, es mucho más", señala.

El problema, explica, no es únicamente el salario. Formar a un aprendiz implica dedicar tiempo que deja de invertirse en la actividad diaria. "Un aprendiz te vale fácilmente 2.000 euros, pero mucho más, porque tienes que destinar parte de tu tiempo para enseñarle y vas a bajar la producción", comenta.

A ello se suma la incertidumbre de que la inversión no siempre dé resultado. "Las inversiones del año pasado han salido malas en dos chicos y claro, vas a tener que tener diez para dar con uno bueno", lamentó.

Pese a ello, Javier sigue convencido de que existen jóvenes con ganas de aprender un oficio. "Estoy convencido de que hay gente que quiere aprender y que tiene necesidad", asegura, aunque reconoce que conectar con ese talento sigue siendo una de las grandes dificultades del sector.

Su experiencia profesional comenzó a los 18 años, cuando estudió un grado medio de Formación Profesional y descubrió su vocación por la electricidad durante las prácticas en el mantenimiento de centrales telefónicas.

Después pasó por distintos ámbitos del sector: trabajó en una tienda de suministros eléctricos, en mantenimiento industrial, en plantas fotovoltaicas y en una central de biomasa, acumulando una experiencia muy diversa antes de dar el salto definitivo al emprendimiento.

Durante casi una década compaginó sus empleos con pequeños trabajos para familiares, amigos y vecinos. El boca a boca fue ampliando su cartera de clientes hasta que decidió abandonar la estabilidad de un contrato fijo para dedicarse por completo a su empresa, Demotensión.

Además de la escasez de trabajadores, Javier también reivindica un mayor reconocimiento del trabajo de los profesionales. Considera que los desplazamientos y la elaboración de presupuestos deberían cobrarse, ya que consumen tiempo y dinero que muchas veces no se recuperan.

Aunque admite que algunos clientes buscan presupuestos gratuitos, cree que esa práctica ayudaría a valorar mejor el trabajo técnico. Asimismo, otra lección que ha aprendido como autónomo es saber renunciar a determinados proyectos.

Tras sufrir un impago de 1.000 euros, asegura que la tranquilidad está por encima de cualquier contrato. "Es mejor una retirada a tiempo que cualquier otra cosa", concluye, convencido de que proteger la salud y evitar clientes conflictivos también forma parte del éxito de un negocio.