Ifakoladé asegura que es necesario realizar sacrificios para que las deidades puedan cumplir lo solicitado.

Ifakoladé asegura que es necesario realizar sacrificios para que las deidades puedan cumplir lo solicitado. E. E.

Reportajes

Ifakoladé, el brujo que sacrifica animales durante rituales para buscar el amor o dinero: "Cada deidad pide algo diferente"

El brujo cubano llegó hace 23 años a Madrid y empezó a realizar rituales de santería. En ellos utiliza su Oráculo de Ifá para hablar con los "seres supremos". 

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Los dientes de Marco Antonio Muñiz (Cuba, 1982) están teñidos de un amarillo extraño. Lleva así desde hace 23 años, cuando recién llegó a Madrid.

—¿Usted fuma, toma café, o bebidas oscuras?— le preguntó una odontóloga.

Él respondió negativamente. No le gusta el café. Tampoco las bebidas oscuras.

—Es por mi trabajo— asegura Muñiz.

La odontóloga lo miró con cara de estupefacción. En sus años de estudio en la universidad no le explicaron que una profesión fuese capaz de teñir los dientes de amarillo.

—¿A qué se dedica?— le preguntó.

Él la miró un momento en silencio. Tras unos segundos, le dijo que no creería su respuesta.

Soy brujo— remató el cubano.

Ella lo miró con cara de incredulidad. También de sorpresa. Entonces, él aprovechó el golpe que le había asestado.

—Me especialicé en ello hace 23 años, cuando llegué a vivir a Madrid. Hice muchos viajes a Nigeria para aprender y replicar— finalizó.

A Muñiz le gusta causar ese impacto. No se trata de que él vaya a cualquier sitio para contar lo que hace.

Pero realizar un trabajo, que pocas personas hacen, le otorga un aura de misterio y también de respeto.

Además, el cubano reconoce que, para las personas, lo místico es un territorio que no intentan atravesar, a no ser que tengan una finalidad concreta.

Un brujo es capaz de resolver cualquier situación que aqueja a un humano: dinero, salud, amor, enemigos— dice Muñiz, al otro lado de la línea.

En su consultorio, ubicado en Coslada (Madrid), tiene el Oráculo de Ifá. Es su sistema de adivinación Yoruba.

Sus consultas suelen ser telefónicas. En muy pocas ocasiones necesita la presencia de quien le necesita.

—No hago ninguna pregunta. El Oráculo de Ifá me va guiando— asegura.

El número de consultas lo tiene grabado. Hasta el momento ha atendido 32.423 clientes.

Parte de los elementos con los cuales trabaja.

Parte de los elementos con los cuales trabaja. Cedida

Esas personas se han acercado a él para hacer un amarre de amor. Otros para tener prosperidad. Algunos también se han animado a más y buscan que sus negocios triunfen, que sus enemigos se alejen o algún amuleto que los proteja del peligro.

Pero otros tantos buscan una “solución” más radical a sus problemas. Le han pedido que, mediante hechizos, enferme a una persona o le cause la muerte.

—Ese tipo de cosas no las acepto. El mal que uno hace, se traslada a los hijos y nietos. Eso se inyecta a su descendencia— asegura.

Sin embargo, los casos que sí acepta, tienen un precio -no solo el monetario-: debe haber sacrificios. No en todas las ocasiones, pero sí en las más complicadas.

Sacrificios

En el mundo espiritual, el brujo es conocido como Ifakoladé Aremú. Así le pusieron en Nigeria.

En sus viajes le enseñaron todo lo necesario para consagrarse como uno de los brujos de máximo nivel. Parte de sus clientes son de allí. Pero también, en mayor medida, están en España.

“En total son 400 más una deidad. Ellos son humanos ascendidos. Entonces, cuando un cliente viene para tener prosperidad, me toca ir preguntando una a una si con esa deidad es la que debo trabajar”, asegura.

Para que esas deidades puedan cumplir con lo que Ifakoladé les pide, él va preguntando con qué las alimenta. Puede ser cosas sencillas como arroz, sal, azúcar, granos hasta lo más complejo: animales.

El brujo sabe que hablar de ello es un terreno arenoso, pero que es necesario para sus rituales.

No se trata de violencia gratuita, dice. Pero sí de un acto ritual en el que se establece un intercambio energético entre él y las fuerzas espirituales para obtener un beneficio.

Las personas nos miran raro a los brujos, pero las personas, constantemente, hacen lo mismo. Las corridas de toro, por ejemplo. La caza. Los alimentos que están en el hogar— añade con una risa tímida.

Esas deidades, explica, se alimentan mediante cualquier elemento de la vida. Por ejemplo, si se sacrifica un pollo, ese ser supremo le dice qué debe hacer con él.

Un animal siendo sacrificado.

Un animal siendo sacrificado. Cedida

En ocasiones, le pide dejarlo en un lugar específico. Uno de los sitios habituales es Casa de Campo, pero eso no indica que el sacrificio deba ser allí.

—Lo que yo hago es realizar el ritual en mi oficina, en privado, y después lo llevo, por ejemplo, a Casa de Campo. Allí lo dejo en alguna basura, pero envuelto, para que las personas no se lleven un susto— añade.

Algunas veces la deidad le permite que un sintecho pueda comer el alimento o incluso él.

—Es que las personas creen que un pollo por ser sacrificado no puede ser comido. Yo me he comido algunos sacrificios. Otros se los he dado a personas que no tienen techo y eso lo ven con cara de felicidad— asegura.

Hacer un sacrificio no le garantiza el éxito de su resultado, pero sí le muestra cuál es el camino correcto que debe seguir su cliente.

Por ello, su oficina está plagada de amuletos hechos a medida, también de olores de plantas que las deidades le han pedido. E intenta que el aura de su espacio siempre esté libre de malas energías.

—Puede ser que una de las secuelas de la brujería sea la marca amarilla de mis dientes. Soy muy aseado, pero nadie ha logrado explicar o conseguir que eso cambie— expresa.

Casos

No todas sus profecías se cumplen. No todos sus hechizos llegan a su finalidad. Pero la razón no es que -dice- él haya hecho algo mal.

“Algunos clientes piensan que con hacer un amarre a tu pareja, ella va a volver. Eso no es así. Un brujo no hace milagros. Un brujo no es un sicario. Tiene que haber cierto tipo de circunstancias para que todo se cumpla”, dice.

Para que un amarre, por ejemplo, funcione a la perfección, esa relación no debe estar rota. La persona a quien se lo van a hacer tampoco puede vivir en otra ciudad.

“No esperen que al realizar un amarre, la persona se mude de Barcelona a Madrid por amor”, asegura.

También ha entendido, con el paso de los años, que nadie se acuerda de él cuando finaliza su trabajo.

“No soy un médico que salvó una vida, entonces, en muchas ocasiones, veo clientes en las calles y cuando me ven se cambian de acera”, agrega.

Eso lo ha llevado a entender que así se comporta el ser humano: cuando alguien obtiene lo que necesita, él ya no es necesario.

Por eso no se apena de cobrar “caro”. Sin embargo, también adapta su caché. Es decir, su consulta básica -que todos deben pagar-, son 89 euros.

A partir de allí, él personaliza el pago. Si quien le busca es un empresario, que gana bastante dinero, a esa persona le cobra más.

Sus elementos de brujería.

Sus elementos de brujería. Cedida

Pero si le busca una empleada o un rider, que gana mucho menos, la tarifa es diferente.

Y eso le hace recordar que, hace 23 años, tuvo una conversación con su maestro.

—Maestro, después de todos estos años de trabajo, ¿qué es lo que le ha quedado a usted? ¿Qué enseñanza aprendió?— preguntó Muñiz.

Su maestro lo miró con frialdad. Él, quizás, esperaba una respuesta motivadora.

—El dinero. Nadie se acordará de ti cuando envejezcas y no puedas hacer esto— contestó.

Muñiz, en su mente, pensó “qué hijo de puta”, pero los años le dieron la razón a su maestro.

—No he conseguido amigos en mis clientes. Tampoco es que lo busque, pero nadie está agradecido con los brujos. Por eso, lo único que me queda, es el dinero— agrega.