Sánchez viajó a Nueva York y Boston para tratar de alejarse lo más posible de Ceuta y dejar atrás los casos de corrupción. Pero todos los fantasmas que le perseguirán siempre se subieron con él en el avión.
Empezando por el escrito final del juez Peinado que sienta definitivamente a Begoña Gómez en el banquillo. Ella se había quedado en Madrid y a la portavoz del Gobierno le caía el encargo de ejercer de defensora particular.
Lo hizo no sólo cumpliendo el ritual de denostar al instructor, sino presionando ya al nonato jurado como si fuera la pasante del 'abogado del Lincoln' debutando en estrados: "Hacer justicia, es declararla inocente".
A la mañana siguiente los oídos le chirriaron a Sánchez en la Gran Manzana. Era el eco del rapapolvo que el número dos de Albares recibió en Bruselas cuando el Consejo de Asuntos Generales rechazó por séptima vez la oficialidad del catalán.
Con la particularidad de que era la primera reunión tras el chantaje español de supeditar la ampliación de la UE al cumplimiento de ese requisito imposible.
'Un poquito más de por favor', vinieron a decirle sus colegas. El alemán fue el más explícito al reclamar a España "espíritu europeísta".
El subtexto era terrible: o sea que el mismo país que tanto luchó por su entrada en la UE, tanto ganó con su integración y tanto ha recibido de los Fondos Next-Gen, pretende ahora convertir a la torturada Ucrania y otros tres países del Este en rehenes de una alocada promesa que nunca podrá cumplir.
Y encima insiste en la "insolidaridad" de quienes le reprochan no haber defendido la frontera común.
Muy en esa misma línea de ganarse la antipatía de sus socios occidentales, Sánchez boicoteó acto seguido la recepción que Trump ofrecía como anfitrión a todos los mandatarios asistentes a la asamblea general de la ONU. Recurrió a una excusa de dama estirada de comedia de época: la invitación había llegado tarde.
Si pretendía ofenderle, no lo consiguió. Ese día el ogro de la Casa Blanca no tenía tiempo para vapulearle. Estaba demasiado ocupado amenazando de nuevo a Irán y culminando dos asuntos que nos afectan.
Tanto en el caso de Groenlandia como en el de Venezuela los acontecimientos le han cogido a Sánchez con el pie cambiado. El acuerdo entre Washington y la OTAN demuestra que, sea quien sea su inquilino, nuestros intereses pasan por la Casa Blanca. Era el peor momento para quedarse fuera del redil atlántico.
Tal vez por eso Sánchez soltó al día siguiente la cursilería de que las relaciones entre España y Estados Unidos son "más fuertes que el acero del Puente de Brooklyn". No está mal para ser el presidente que ha dejado pasar la oportunidad de unirse a las celebraciones del 250 aniversario de la independencia y rentabilizar el papel de España en el nacimiento de aquella gran nación.
El sueño final de Sánchez: un alcalde musulmán para Madrid.
Y en cuanto al paseíllo con vuelta al ruedo de Delcy y sus dos besos en el plenario de la ONU, fue el típico gesto de la exnovia que te dice que siempre será tu amiga justo antes de subir al altar con otro. Porque a Sánchez lo abordó de gris peñazo, pero el traje blanco y radiante lo tenía preparado para la foto de su boda con Trump, justo al otro lado del "muro" y con el petróleo como dote.
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A nuestro presidente tampoco le fue mejor ante las cámaras de la CNN. Hacía meses que no se encontraba cara a cara con un o una periodista de verdad. Por eso se quedó lívido cuando Christiane Amanpour le pidió cuentas por "the Ceuta disaster" mediante una pregunta cargada de estupefacción: "What did you, guys, do wrong?".
Tras ese "tíos, ¿qué es lo que hicisteis mal?" y el reproche de que "quince mil sigan deambulando" por la ciudad, Sánchez ni siquiera cuestionó la cifra. Trató de echar balones fuera y terminó admitiendo entre balbuceos "un fallo en el control fronterizo" por parte de Marruecos.
Tal vez pensó en el sopapo dialéctico que le habría dado Amanpour, si le hubiera repetido que Rabat gestionó "de manera inteligente" la avalancha, como le dijo una semana antes a su anfitrión de la Sexta sin que le parpadearan ni los tirantes.
¡"Un fallo en el control fronterizo"! Así es como denomina una invasión torrencial la 'Pedrolengua'. Pero incluso ese pellizco de monja le pareció excesivo y todo volvieron a ser loas a Marruecos en la posterior ruedita de prensa para atunes hipnotizados.
Aún le quedaba otro buen tantarantán entre rascacielo y rascacielo. El momento en que Zapatero oficializó la versión de que las joyas habían sido un regalo 'personal' del rey Abdalá, le pilló poco menos que con los micrófonos delante.
El propio Sánchez ya había dado pábulo a ese relato, pero ahora se trataba de una confesión en toda regla ante el juez. Una confesión verosímil —pero no necesariamente veraz—, mediante la que, en pos de la proscripción del delito fiscal, Zapatero se declaraba culpable de haber vulnerado el Código Ético que había promulgado para todos los demás.
El "no tengo nada más que añadir, sigue contando con mi confianza", debió caer como una catarata de agua helada sobre los últimos ingenuos del sanchismo. Ahora ya no queda ninguno en esa cohorte que acompañaba a las de los fanáticos, canallas y aprovechados.
Que Ángel Víctor Torres, el de la "caja de productos típicos" para ser "degustados", escoja a cuál de las tres categorías pertenece o mastique y engulla ante las cámaras alguna de las esmeraldas de Zapatero.
Es lógico que haya otros ministros y miembros de la propia Ejecutiva que pidan, siquiera sea por conveniencia electoral, un distanciamiento público del paladín desenmascarado.
Porque si, después de esto, Sánchez no tiene "nada más que añadir", a lo mejor es que quien tiene mucho que añadir sobre la intervención del presidente y su esposa en los rescates de Plus Ultra y Air Europa es el pana Zapatero.
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Pero como Dios no abandona nunca a un socialista vestido de Armani, en medio de tantas tribulaciones, Sánchez también tuvo su momento de alegría. Mejor dicho, su foto para lanzar las campanas al vuelo.
Hubo un tiempo, precisamente en la 'era ZetaPé', en que el encuentro del jefe del Gobierno español con un presidente de los Estados Unidos como Obama suponía una 'conjunción planetaria'. Ahora a lo más que puede aspirar Sánchez es a una 'photo oportunity' con el alcalde de Nueva York, acompañada de los dos versos más manidos de Lorca.
Zohran Mamdani, el regidor más joven y más de izquierdas, pero sobre todo el primer musulmán en llegar al cargo, le incluyó en un panel sobre política económica, en su residencia oficial de Gracie Mansion. Un palacete en el Upper East Side cuatro veces más grande que el ático que Sánchez dice que pretendía habitar Ayuso.
Antes de ser elegido, Mamdani vivía en un edificio de Queens de renta protegida, pese a que su sueldo como concejal y su nivel de vida era muy superior al de sus convecinos.
Él mismo había alegado que la subida de ese alquiler sería "un robo" y había respaldado a su experta en vivienda que proclamó que la propiedad era "un ejercicio de supremacismo de la raza blanca". Pero cuando le pidieron que cediera su piso a una familia que de verdad lo necesitara, puso pies en pared.
Entonces comenzaron las críticas de que tenía un rasero para los demás y otro para sí mismo. Algo parecido a lo que le pasó a Sánchez con el negocio de la prostitución.
En su reunión percibieron que les unían muchas cosas: la repulsión por Trump, el etiquetado de Netanyahu como "asesino", el populismo en las redes sociales, la defensa de la inmigración y el multiculturalismo y por supuesto una política de vivienda basada en la congelación de los alquileres.
Mientras Sánchez posaba en Manhattan, la policía sacaba a Maricarmen de su casa frente al Retiro por orden del juez. Era una de las más de 270.000 personas expulsadas de sus viviendas desde que el PSOE volvió en 2018 al poder.
Su caso no había desembocado en la tragedia del suicidio de una de las últimas afectadas en Barcelona, pero tenía todos los elementos —la edad, la silla de ruedas, la vida entera ligada a esa casa— para convertirse en icono mediático.
Tras ocho años de promesas incumplidas en materia de vivienda, el PSOE se dio cuenta de que, si no se subía a la ola de la indignación, sería arrollado por ella. Había que culpar a la derecha madrileña por no proteger de la legalidad a Maricarmen y a la derecha estatal por no blindar a todos los morosos vulnerables.
Tras ocho años de promesas incumplidas en materia de vivienda, el PSOE se dio cuenta de que, si no se subía a la ola de la indignación, sería arrollado.
Es un hecho que Junts, PP y Vox tumbaron en febrero la prolongación de la moratoria contra los desahucios por no incluir medidas frente a los 'inquiokupas'. Pero el Gobierno tiene en un cajón un decreto que incluía un escudo permanente. La inane Isabel Rodríguez ni siquiera lo llevó al Consejo de Ministros.
Sánchez no ha tenido votos para aprobarlo —veremos ahora quienes cambian de postura para salvarle el culo a él— ni sentido de la responsabilidad para que las urnas configuren cuanto antes una mayoría parlamentaria real.
Por eso sólo la mediación de Almeida puede devolver ahora a su piso a Maricarmen. Más vale tarde que nunca, sobre todo si sirve para frenar su martirologio como nuevo emblema anti-PP.
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Si Sánchez hubiera disuelto las Cortes cuando se quedó sin socios, no habría podido hacerse la foto con Mamdani. Para eso —y para manejar las instituciones como parapeto de la corrupción frente a los tribunales— prefirió seguir gobernando sin el Congreso.
La coincidencia es cruel porque Mamdani comenzó su carrera como abogado de familias amenazadas por desahucios hipotecarios. Ahora que es alcalde, los alguaciles siguen sacando de sus casas en Nueva York a casi tantos miles de morosos como en el conjunto de España.
Ni allí ni aquí la intervención sobre los alquileres los ha hecho más asequibles. Al contrario, porque ha reducido la oferta.
Ni en EEUU ni en España la intervención sobre los alquileres los ha hecho más asequibles. Al contrario, porque ha reducido la oferta.
Pero Sánchez no se arrima a Mamdani por los resultados de su aun incipiente gestión. Lo ve como un símbolo disruptor, alternativo y burbujeante. Sobre todo, burbujeante, en justa correspondencia al remoquete de abanderado de la 'izquierda champagne'.
Veremos si a los neoyorquinos les sale más barata de lo que a los franceses les costó la 'gauche caviar'. Pero la revolución cultural está en marcha, mediante la traducción de esa convergencia de almazuelas que forman su legendario 'melting pot' en un contrapoder basado en el antagonismo con lo tradicionalmente establecido.
A Sánchez se le hacía la boca agua cuando Mamdani lo presentó como "defensor de la clase trabajadora". Era como si oyera a su gemelo digital. Por eso de sus labios brotó con la fuerza de un surtidor un manifiesto compartido: "Los poderosos nos temen porque demostramos que otro modelo económico es posible".
Debe ser para protegerse de los "poderosos" por lo que Sánchez ha exigido que un despliegue policial sin precedentes bloquee todas las calles adyacentes al Congreso de los Diputados cada vez que él acuda a simular que lo tiene en cuenta.
Habrá nada menos que cinco cortes de tráfico, desvío de ciudadanos a calles excluidas del perímetro y vaciado de su interior mientras Sánchez permanezca en el palacio de las Cortes.
El síndrome de Paiporta se ha convertido en paranoia. Pronto verá moverse el bosque de Birnam ante la Moncloa.
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Su último sueño húmedo, prácticamente póstumo, sería que, entre el millón y medio de inmigrantes regularizados, entre los familiares de los menores que se acogerán a la reagrupación o incluso entre los invasores de Ceuta surgiera un Mamdani que repitiera en Madrid el mismo milagro que Sánchez ha visto encarnado en Nueva York.
EL sueño húmedo de Sánchez, sería que, entre los inmigrantes regularizados o entre los invasores de Ceuta surgiera un Mamdani que repitiera en Madrid el milagro que Sánchez ha visto en Nueva York.
Un alcalde musulmán para la plaza de Cibeles. Y otro Mamdani o mejor otra Mamdani para la Puerta de Sol.
Menuda conmoción, qué agravio para las gentes de orden, qué misil en la línea de flotación del Régimen del 78. Eso sería más suculento que una avalancha en la frontera.
Por ahora sólo ha ocurrido en un pueblecito de 548 habitantes llamado Castelló de Farfanya, aunque ya esté en marcha en la emblemática Figueras. Moha Lalouh, nacido en Marruecos, acaba de ser arropado por el ministro Urtasun como candidato de los Comuns a la alcaldía. Dalí le espera en su sillón surrealista.
Pero en la Villa y Corte, Sánchez tendrá que conformarse de momento con pedirle a Reyes Maroto que haga campaña con hiyab y buscarle ancestros mauritanos a Óscar López.
Pobre presidente. Fue a Harvard a despotricar de los 'tecnoligarcas' y los estudiantes le hicieron el catálogo de sus deudas políticas por corrupción. Tuvo que improvisar que los casos de su hermano condenado y su mujer embanquillada eran "otras cosas".
Total, que el presidente fue a la Costa Este a por lana cosmopolita y salió trasquilado con las mismas tijeras de extirpar cizaña que una semana más le aguardan desplegadas en casa.
Incluso el éxtasis de Gracie Mansion tuvo su 'cara B'. Siempre quedará en su recuerdo el rostro cobrizo de Mamdani, esforzándose en alagarle con su Lorca para guiris. Pero es obvio que no podrá poner el vídeo en ningún acto electoral.
"Altough I know the roads, I'll never reach Cordoba", recitó el alcalde musulmán.
No, aunque Sánchez se sepa los caminos, nunca llegará ya a Córdoba.