Ante todo, diez verdades elementales para que nadie se llame a engaño.
1.— En ningún Estado, con los medios de vigilancia y comunicaciones que tiene Marruecos, pasa desapercibido el movimiento de cien mil personas durante varios días con un destino específico.
(Máxime cuando en las redes sociales, constantemente monitorizadas, venían circulando las consignas, los planes e incluso los primeros casos de éxito para entrar en Ceuta.)
2.— Ningún Estado, con los medios policiales y la cultura de represión de Marruecos, permite, si no es de forma deliberada, que cuatro quintas partes de esas cien mil personas traspasen una línea de demarcación cuya protección le está encomendada, e invadan en riada interminable un territorio extranjero.
(Rabat lo demostró, de hecho, quince días después cuando ni uno solo de los miles que pretendieron participar en otro asalto logró su propósito y unos cuantos se llevaron unos buenos porrazos. Quien con tanta eficiencia cierra el grifo, es quien igualmente lo abre sin importarle siquiera las decenas de muertos que provoca).
3.— Es imposible que los 25 agentes del CNI y sus compañeros del CIFAS y otros servicios desplegados en Ceuta no detectaran y advirtieran ese movimiento con el suficiente margen de tiempo para que el Gobierno español blindara todos los accesos a la ciudad e impidiera que se consumara la invasión. Máxime cuando, según la demoledora cronología que hoy revela en EL ESPAÑOL, Juan Vivas llevaba tres días lanzando un SOS tan dramático como para pedir el Estado de Alarma.
(Miente por lo tanto Marlaska, miente la Moncloa y mienten los ministros corifeos, como espero que se demuestre en la Comisión de Secretos Oficiales y en el juzgado de María Tardón en la Audiencia Nacional. La última coartada del ministro del Interior de que lo que no se advirtió fue la cantidad de los que iban a entrar es, en efecto, de juzgado de guardia).
4.— Que sea Margarita Robles quien esté diciendo la verdad no descarga su responsabilidad. Al contrario, la duplica. La ministra de Defensa debería dimitir inmediatamente por no haber sido capaz de defender la frontera de Ceuta —sola o en compañía de otros— y por contribuir ahora, con su aquiescencia, a la cronificación de la invasión y a la humillación de las Fuerzas Armadas, utilizadas como atrezzo, y reducidas, como se ha visto, a la indefensión personal.
(No reclamo la dimisión de los demás ministros porque en la trayectoria de ninguno de ellos hay el menor atisbo de que la dignidad o el bien común puedan prevalecer sobre la ambición personal o el fanatismo ideológico).
5— Es inconcebible que un jefe de gobierno de una democracia parlamentaria que constata una "violación de la integridad territorial" de su país por parte de ochenta mil personas no comparezca en las siguientes 24, 48 o 72 horas ante el Congreso con un plan para revertir por completo la situación o en su defecto presente la renuncia, para que otro Gobierno —si hace falta de unidad nacional— lo haga.
(Carlos Mazón tuvo que dimitir por tardar tres horas en reaccionar ante la Dana, mientras mantenía un almuerzo que debió haber cancelado. Sánchez tardó tres días en ponérsele al teléfono a Vivas y nadie nos ha contado qué se lo impidió entre tanto).
¿Cuántas Ceutas nos prepara Sánchez?
6.— Es inadmisible que un jefe de gobierno cuyo territorio ha sido invadido por ochenta mil personas se fuera de vacaciones como si diera por cerrada la crisis cuando sólo setenta mil lo habían abandonado y más de diez mil permanecían ocupando el pequeño istmo de Ceuta. En su negativa a decretar inmediatamente afectada la Seguridad Nacional, dejando tirados a los ceutíes en medio de la marabunta, está la clave de esta crisis.
(Y es una bellaquería que el ministro Puente elogiara desafiante la capacidad "resolutiva" de ese "puto amo" por el que babea políticamente con ánimo sucesorio, mientras escupe con zafiedad a periodistas).
7.— Sólo la complicidad con el invasor y la conformidad con la invasión pueden explicar que el presidente del Gobierno permaneciera a continuación cuatro semanas de veraneo, sin comparecer ni ante el parlamento ni ante la opinión pública, rehuyendo todas las decisiones imprescindibles, en flagrante contraste con su gestión mediática de crisis anteriores.
(Como en el caso de Marruecos, sus posteriores rectificaciones ponen en evidencia esa parálisis, mientras la situación en Ceuta se iba pudriendo exponencialmente día a día. ¿Era eso lo que quería? ¿Qué ardiera la ciudad para llegar con la manguera culpando de la deflagración a otros?).
8.— Sólo la complicidad con el invasor y la conformidad con la invasión pueden explicar que, cuando al fin, después de que el daño ya estuviera hecho, la Bella Durmiente de La Mareta se haya desperezado y accedido a poner en marcha el mecanismo de emergencia, pero lo haya hecho agraviando tanto a los ceutís. El decreto en el BOE habla de "afluencia masiva simultánea", nombra Mando Único a un ministro bajo grave sospecha de corrupción y requisa sus polideportivos para convertirlos en asentamientos.
(Hasta la comparecencia de Marlaska del viernes nos preguntábamos por qué no se daban diariamente los datos de los expedientes de expulsión incoados y ejecutados, igual que se comunicaban los de los vacunados contra el COVID. Ahora ya sabemos que era para camuflar la infamia de que en un mes sólo hayan sido cien. El 1% de los que de verdad permanecen o el 2% de los que, mintiendo de nuevo, admitió el ministro).
La Ceuta liderada por Juan Jesús Vivas ha sido durante décadas un ejemplo de integración, convivencia y colaboración activa entre españoles de cuatro culturas y otras tantas religiones.
9.— Sólo la complicidad con el invasor y la conformidad con la invasión pueden explicar la falta de respuesta proporcional a la escalada verbal de Rabat y en especial a la llamada a la "lucha" para "liberar de la ocupación" a Ceuta y Melilla que el ministro de Asuntos Islámicos—que exista ese cargo lo dice todo de Marruecos— formuló hincado de hinojos ante Mohammed VI.
(Como bien escribió Beatriz Becerra, Albares lleva camino de pasar a la historia de la diplomacia como el conde don Julián del siglo XXI y Bolaños nos falta al respeto a todos los españoles cuando reclama pruebas judiciales como requisito político para la denuncia de la implicación de Rabat. Cuando todos los demás partidos, en inaudita unanimidad que va desde Bildu hasta Vox, reprochan al Gobierno su entreguismo a Marruecos, sólo queda preguntarse bajo qué chantaje actúa).
10.— La Ceuta liderada por Juan Jesús Vivas ha sido durante décadas un ejemplo de integración, convivencia y colaboración activa entre españoles de cuatro culturas y otras tantas religiones. En los últimos años se había convertido además en la "aldea gala" del consenso constitucional, con el PSOE local integrado de una u otra forma en una mayoría de gobierno que no incluía a Vox ni a ninguna otra fuerza extremista.
(No cabe pues mayor vileza ni más descomunal mentira que la de los sicarios gubernamentales que, utilizan los incidentes del jueves para presentar a sus habitantes como un foco de racismo y xenofobia).
Pero todo esto tiene una explicación y es terrible.
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En su Tesoro de la lengua castellana o española Sebastián de Covarrubias explica en 1611 el sentido político de un proverbio que viene de Esopo: "Los que para medrar inquietan las repúblicas son comparados a los pescadores de 'anguillas', los cuales si no enturbian el agua no pueden pescar ninguna, por lo cual se 'dixo': "A río revuelto ganancia de pescadores".
Mil setecientos años antes, Salustio retrató a Lucio Sergio Catilina como un hombre de atractivo físico y capacidad intelectual, moralmente corrupto, que buscaba el poder "a cualquier precio". Su conjura del 63 antes de Cristo es el precedente clásico de la siembra del caos al servicio de un objetivo político.
En concreto su llamado "plan de incendios" consistente en prender fuego a Roma por doce puntos a la vez, ha sido considerado como fuente de inspiración de la técnica de la toma o la conservación del poder mediante el shock, el miedo y el tumulto.
Los nazis recurrieron a ella al aprovechar el pavoroso incendio del Reichstag para culpar a un comunista y liquidar las libertades de la República de Weimar.
Durante el estalinismo no cesaban de brotar conspiraciones de agentes fascistas al servicio del extranjero para desencadenar las recurrentes purgas. Y Mao sublimó la técnica al desatar la violencia de la Revolución Cultural contra las propias estructuras del Estado que lideraba –"Bombardeemos el Cuartel General"— para impedir que los chinos le pasaran factura por el colapso de la economía.
Tras la matanza de la Piazza Fontana de Milán en 1969, falsamente atribuida al anarquismo, se acuñó el concepto de "estrategia de la tensión", consistente en fabricar un clima de miedo y acción-reacción que polarice a la sociedad, deslegitime a la oposición y empuje a la población a refugiarse en la protección del Gobierno.
La "estrategia de la tensión" consiste en fabricar un clima de miedo y acción-reacción que polarice a la sociedad, deslegitime a la oposición y empuje a la población a refugiarse en la protección del Gobierno.
La estupenda película de Peter Weir, El año que vivimos peligrosamente, proyecta esa dinámica en Indonesia, mediante la crónica de la caída de Sukarno y la implantación de la dictadura militar del general Suharto. El guion ilustra con nitidez el impulso del desorden ambiental como antesala de la deriva del poder hacia una fórmula autoritaria.
El denominador común es encontrar un chivo expiatorio, ajeno o tangencialmente relacionado con los hechos —por eso se habla de operaciones de "falsa bandera"— al que atribuirle la responsabilidad de hechos horrorosos, mientras su verdadero promotor o beneficiario ajusta cuentas con sus enemigos.
Como en el caso de Ceuta es imposible achacar a Feijóo y Abascal —ni siquiera al taimado Aznar— la organización del asalto, la versión oficial señala a una doble mano negra: "las mafias que trafican con seres humanos" y la "injerencia extranjera para dividir a la UE".
Lo primero es absurdo, pues no hay trama criminal capaz de mover a decenas de miles en Marruecos —y encima gratis— si no es por encargo del Trono.
Lo segundo, la "guerra cognitiva" de Albares, es lo suficiente ambiguo como para poder señalar a la vez a Trump, Putin, Israel, Argelia, Elon Musk y la "internacional reaccionaria".
En todo caso, Sánchez ya ha ido a lo suyo, es decir a acusar a la "extrema derecha y la derecha extrema" de estimular el racismo, la xenofobia, el odio a los extranjeros y finalmente la espiral de violencia en Ceuta.
Dos de sus ministros, Bolaños y Mónica García, han evocado incluso el fantasma de los "tanques" y los "tiros" como presunta receta de la oposición para resolver la crisis.
Otros miembros del gabinete han hablado de la "inhumanidad" del PP por pretender abandonar a su suerte a los "niños y niñas" —sobre todo a las '500 niñas de Sira Rego'— que parecen haber amanecido por casualidad en Ceuta.
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Los suecos tienen una tradición que se llama dötstädning. Suele traducirse como "limpieza sueca de la muerte" y consiste en ir ordenando, regalando, tirando o decidiendo qué hacer con sus pertenencias antes de morir.
Sería el equivalente a una especie de ejecución testamentaria en vida para irse machadianamente "ligeros de equipaje" y facilitar las cosas a quienes vendrán después.
En la política a eso se le llama "transición ordenada" y es lo propio de los regímenes presidencialistas en los que la limitación de mandatos prohíbe a nadie perpetuarse en el poder.
Pese a haber puesto en marcha una democracia parlamentaria, Adolfo Suárez tenía algo parecido en mente cuando consensuó con Felipe González los grandes asuntos de la Transición.
Tras los abusos de toda índole en los que degeneró el "felipismo", tanto Aznar como Zapatero asumieron —en circunstancias distintas— que dos mandatos deberían ser suficientes para cualquier proyecto político personal.
La moción de censura privó a Rajoy de la oportunidad de consolidar esa regla no escrita y ahora nos encontramos ante la maldición de alguien que tiene en la cabeza exactamente lo contrario.
Cualquiera diría que Sánchez pretende introducir en la vida pública "la suciedad española de la muerte", como emulación del "morir matando" de los kamikazes japoneses, los jihadistas islámicos o los defensores de ciudades sitiadas como Numancia, Sagunto o Massada.
Y que su ídolo es el gigante Sansón que odiaba tanto a los filisteos como para derribar el templo de Dagón sobre sus propias espaldas.
Pero la comparación no sería exacta porque lo que Sánchez intenta es revertir todos los pronósticos clínicos, meteorológicos y demoscópicos para aferrarse a sus más remotas posibilidades de supervivencia, a base de hacer una carnicería política de sus adversarios.
Es decir, liquidar a los filisteos, ayudado por sus socios parlamentarios y su banda de sicarios mediáticos, para perpetuarse él entre las ruinas del templo constitucional hecho pedazos.
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El requisito necesario, aunque no suficiente, es reconstruir las alianzas con la extrema izquierda y el separatismo, pulverizadas hoy por la corrupción y las promesas incumplidas.
A medida que se acerque la hora de votar Sánchez va a hacerles el mismo planteamiento que Salustio pone en boca de Catilina la noche clave de la conjura: "Idem velle atque idem nolle". Su unidad de acción se basará en "querer lo mismo y detestar lo mismo".
La segunda parte, la del "nolle", está hecha. Todos aborrecen lo mismo: el régimen del 78 con su monarquía constitucional al servicio de la unidad de España y la igualdad de los españoles, tal y como la defiende el PP con el renuente apoyo de Vox.
Lo que repudian esos socios de Sánchez está tan claro que ni siquiera nuestros campeones mundiales de fútbol se salvan de su bilis. Es el antagonismo lo que, según Carl Schmitt, construye la comunidad política.
Más complicado es el "velle". ¿Qué poner en lugar de lo que hay que sea tan grato para Sumar y Podemos como para Junts y Bildu? Es obvio que la coz de Oscar Puente al Rey apunta el camino de la República Multinacional con manga ancha de acogida a las nuevas brigadas internacionales.
Lo que Sánchez intenta es revertir todos los pronósticos clínicos, meteorológicos y demoscópicos para aferrarse a sus más remotas posibilidades de supervivencia, a base de hacer una carnicería política de sus adversarios.
Pero la complejidad de moverse hacia un cambio de régimen es de tal calado que requiere crear unas condiciones objetivas basadas en la inviabilidad de conservar lo que tenemos. Eso pasa por la destrucción de todos los puentes de concordia, la eliminación del espacio moderado y la fatal obligación de adscribirse a uno de los dos extremos.
Eso es el "enturbiar el agua" de Sebastián de Covarrubias. La "estrategia de la tensión" a la italiana. El "plan de incendios" de Catilina.
Por si los incendios físicos del verano no hubieran sido suficientes para alentar las llamas de la polarización, la invasión de Ceuta ha generado el primer incendio político a gran escala de la recta final de la legislatura.
Mohammed VI lo ha permitido y ya es el ganador de la crisis pues ha reabierto la "carpeta" de Ceuta y Melilla. Sánchez lo ha permitido y apuesta por que la desesperación sembrada en Ceuta y el contagio de la indignación en el resto de España alimenten la escalada en la que sus mil asesores y esbirros cantamañaneros encuadren el relato de la radicalización xenófoba de la derecha.
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¿Cuál será el siguiente incendio provocado? ¿Cuántas 'Ceutas' nos tiene preparadas Sánchez antes de las elecciones, prendiendo cerillas tales como la regularización del doble de los migrantes anunciados sin cribado criminal alguno, la adulteración rampante del censo electoral mediante la falsificación de la Ley de Nietos, la beligerancia repulsiva del CIS y los medios públicos o el modelo de financiación que premia o castiga a las comunidades según su afinidad al Gobierno?
Lo único que sabemos a ciencia cierta es que Sánchez va a sembrar de dinamita política el camino hacia las elecciones. En esta ocasión se le ha ido la mano y por eso nada teme tanto como una afluencia masiva a las manifestaciones de apoyo a Ceuta y una protesta pacífica sostenida en la ciudad al modo de la "revolución de terciopelo" checa, con rechazo expreso a los excursionistas ultras que le hacen el juego a la Moncloa.
¿Por qué nos ha colocado Sánchez en esta tesitura con su absentismo laboral de este verano? "Es imposible que sea tan tonto…", me decía un miembro de la corporación ceutí. Y desde luego que no lo es.
La alternativa sería imaginarle asomando la cabeza sobre la playa de El Tarajal declamando la autodefinición del Joker (vaya por dónde, otra película de Christopher Nolan): "Introduzco un poco de anarquía, altero el orden establecido y todo se vuelve caos. Soy un agente del caos. Y lo bueno del caos es que es justo".
Que ni él ni nadie diga que lo "deshumanizo". Porque la maldad es demoledoramente humana.