Las vacaciones de los cinco últimos presidentes del Gobierno.
Sánchez culmina las vacaciones más largas de un presidente en 32 años: 27 días interrumpidos sólo 105 minutos para ir a Ceuta
Pese a la invasión sin precedentes de Ceuta, Sánchez nunca ha tenido más días de esparcimiento en nueve veranos en la Moncloa.
Rajoy interrumpió sus vacaciones por el atentado de Las Ramblas, Zapatero por el accidente de Spanair, González para ver a Gorbachov y Juan Pablo II.
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Pedro Sánchez disfruta este año de sus vacaciones más largas desde que llegó a la Moncloa. Y ello pese a la invasión de Ceuta, que ha creado una crisis de seguridad nacional sin precedentes, ha quebrado la ciudad y ha supuesto una tragedia humana, con más de un centenar de muertos.
Pero el de Sánchez también es el veraneo más extenso de un presidente del Gobierno en 32 años. Desde las que Felipe González disfrutó en 1994, dos años antes de abandonar el poder.
Sánchez inició su descanso el pasado 29 de julio y tiene previsto retomar su actividad este lunes 24 de agosto, 27 días después.
Partió hacia Lanzarote al día siguiente de dar la rueda de prensa en la que hizo balance del curso político y se instaló en La Mareta. Desde allí recomendó sus lecturas favoritas.
Sólo abandonó la isla durante unas horas, el pasado 31 de julio, para viajar a Ceuta tras el asalto de 80.000 inmigrantes. Permaneció en la ciudad autónoma apenas 105 minutos antes de regresar a Canarias y retomar sus vacaciones.
Desde entonces, ha mantenido un perfil público prácticamente inexistente, pese a que la crisis en Ceuta se ha ido agravando.
Su imagen no volvió a aparecer hasta el pasado 17 de agosto, cuando Moncloa difundió unas fotografías presidiendo por videoconferencia una reunión con siete ministros para analizar la situación de Ceuta.
Todo mientras delegaba en sus ministros que, en los últimos días, han ido desfilando por la ciudad.
El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha estado más veces en Ceuta que el presidente: dos.
Bate su propio récord
Con estos 27 días, Sánchez supera ampliamente sus veraneos de los últimos años. En 2025 disfrutó de alrededor de 23 días de descanso y en 2024, de 21.
Además, su salida este año se produjo antes de lo habitual: abandonó Moncloa a finales de julio, cuando tradicionalmente los presidentes comenzaban sus vacaciones ya entrado agosto.
El último precedente de un periodo estival de esta duración hay que buscarlo en los gobiernos de Felipe González. El presidente socialista disfrutó de 31 días de vacaciones en 1988 y 30 en 1994.
Pero los veranos presidenciales no siempre transcurren con normalidad. Diferentes crisis, de seguridad o económica, han obligado a los jefes del Ejecutivo a recortar o interrumpir sus vacaciones.
Felipe González interrumpió las suyas en 1989 para reunirse con François Mitterrand en El Escorial, y luego con el Papa Juan Pablo II en Oviedo.
En 1990, la crisis provocada por la invasión iraquí de Kuwait y la primera guerra del Golfo también trastocó sus planes.
Mijaíl Gorbachov y Felipe González, en la Expo de Sevilla en agosto de 1992.
Le ocurrió algo similar en el verano de 1992. Tuvo que hacer varios paréntesis por la enfermedad del ministro Francisco Fernández Ordóñez, y luego para reunirse con Mijaíl Gorbachov en Sevilla y despachar con el Rey en Marivent.
Y en 1993, sus vacaciones de agosto se limitaron a tres fines de semana que pasó fuera de Madrid.
También le ocurrió a José Luis Rodríguez Zapatero. En 2008, suspendió su descanso en Doñana y regresó a Madrid después del accidente del avión de Spanair en Barajas, que provocó 154 muertos.
La crisis económica tuvo un efecto todavía mayor sobre los veranos de Zapatero. En 2010 renunció a sus vacaciones para seguir desde la Moncloa la evolución de los mercados y de la prima de riesgo.
Un año después, el deterioro de la crisis de deuda volvió a condicionar su descanso y a reducirlo de forma drástica.
Nueve años después, en 2017, Mariano Rajoy también tuvo que abandonar sus vacaciones en Galicia. Los atentados de Barcelona y Cambrils le obligaron a desplazarse a la capital catalana para ponerse al frente de la respuesta institucional.
Rajoy vivió otro verano excepcional en 2016, aunque por motivos políticos. La investidura fallida y la posibilidad de una nueva repetición electoral le obligaron a mantenerse prácticamente en guardia durante todo agosto. Apenas disfrutó de algunos fines de semana en Pontevedra.
El propio Sánchez también vio alteradas sus vacaciones en 2020. La segunda ola de la pandemia de Covid le llevó a adelantar su regreso a Madrid, en un verano en el que apenas disfrutó de 17 días de descanso.
Durante sus primeros años en la Moncloa, Sánchez mantuvo periodos vacacionales inferiores a los 20 días. No fue hasta 2024 cuando superó por primera vez esa barrera, con 21 días.
En 2025 amplió el descanso hasta unos 23 y este año da un salto todavía mayor, hasta los 27.
Frente a estos veranos condicionados por las crisis, José María Aznar mantuvo durante sus años como presidente una rutina estival mucho más estable.
Aznar solía pasar unas tres semanas en un chalet privado de Oropesa y regresaba después a la actividad política con su tradicional visita a Quintanilla de Onésimo, donde participaba en partidas de dominó.
Luego, a partir de 2001, cambió este escenario por las aguas de Menorca, que surcó junto a Ana Botella en un típico llaut, acompañado por una larga lista de lecturas.