Pedro Alonso.
Pedro Alonso, 55 años: "A los 30 caí en el abismo de la depresión. Tenía una niña pequeña y estaba arruinado, fue durísimo"
"Empecé de forma increíble, pero la caída fue apoteósica, un colapso absoluto", revela el actor sobre su periodo más difícil antes de 'La casa de papel'.
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El éxito es una sustancia volátil que suele destruir a quienes no han aprendido a sobrevivir a su ausencia. Pedro Alonso (55 años) conoce ambos extremos.
Hoy, su rostro sigue siendo reconocido prácticamente en cualquier rincón del planeta gracias a Berlín, el inolvidable personaje que catapultó a La Casa de Papel a la categoría de fenómeno de masas.
El transatlántico audiovisual comenzó como una producción nacional en Antena 3 en 2017 y, tras su salto a Netflix en 2019, hizo historia entre la tercera y la quinta temporada (2019-2021) al convertirse en una de las series de habla no inglesa más vistas del planeta.
La acogida del público fue tan arrolladora que el spin-off de la serie, Berlín, aún mantiene al actor gallego en el centro de la escena tras más de nueve años de trayectoria.
Su "apoteósica caída"
Sin embargo, cuando la ola gigantesca de la fama mundial impactó sobre él, no encontró a un intérprete deslumbrado. Encontró a un hombre reconstruido. Mucho antes de que su cara llenara marquesinas internacionales, Pedro Alonso ya había sido engullido y devuelto por la propia industria.
Con una nitidez casi quirúrgica, el actor ha recordado cómo llegó a tocar fondo, tanto en su carrera como en lo personal, poco después de superar la treintena.
"Yo empecé de forma increíble la profesión. Me fue increíblemente bien al principio. En todos los castings que iba, me salía. Empecé con una compañía de teatro legendaria, con La Fura dels Baus. Empecé a hacer giras internacionales. Ahí me ven, me sale una película, un protagonista. Hago una película con la productora de Almodóvar", rememora en el espacio De estreno sobre su arranque vertiginoso en el mundo de las artes escénicas.
Pese a su meteórico ascenso, pronto le cegó una atroz caída: "Igual que fue irresistible la subida, la caída fue apoteósica. Pero a cámara lenta y hasta el colapso absoluto".
Aquel espejismo inicial lo condujo a una soberbia de la que la propia vida se encargaría de despojarlo: "Tuve un principio en el que todo parecía absolutamente fácil... Recuerdo aquel momento de los 90 en el que yo llegué a decir: 'Yo no hago televisión'. Decía cosas que luego la vida te hace ver desde ángulos muy diversos".
La resaca de aquel estrellato precoz terminó en un aislamiento profesional y social devastador: "Caí catastróficamente hasta el ostracismo más absoluto, con 30 y pocos años. Y yo fui el hijo pródigo que volvió a su tierra y al que miraban como 'parecía listo', 'parecía que tenía algo', pero al final ha caído y ha sido derrotado", reflexiona.
El parón creativo no era solo un bache laboral, sino una parálisis vital en toda regla. "Con el paso del tiempo comprendí que el colapso aquel significaba depresión. Yo pasé una depresión increíble, en la que vi el tren de la profesión pasar y no saber qué hacer. Además, yo era padre de una niña pequeña".
Desbordado por aquella situación adversa, con el ánimo por el suelo, cargas familiares, "arruinado" y "defenestrado", tocó fondo.
"Fue un momento durísimo de mi vida", sentencia Alonso sin paños calientes. "Pero fue capital para traerme donde estoy ahora. Porque entendí que yo estaba intentando cosas con un modelo de éxito y un modelo de comportamiento que me era ajeno. Y aquello fue en lo que peor me ha ido".
"Me tuve que volver a reconstruir"
Sin ingresos y apartado del foco, la única salida fue rehacerse desde los cimientos: "Yo me tuve que volver a reconstruir. Empecé a cambiar mis acuerdos. Yo, de alguna manera, había hecho o había dejado de hacer cosas que me habían hecho mucho daño. Había intentado responder a una industria que te demanda y que te pide, pero que te escupe como si fueses un pedazo de carne en cuanto no le das lo que quiere".
En mitad de ese paisaje desolador, fijó un límite innegociable: "Vi que había algo maravilloso en ese camino, pero algo muy peligroso. De alguna manera, yo me prometí a mí mismo que no a cambio de mi alma".
Ese aprendizaje fue el escudo que lo protegió cuando la marejada de La Casa de Papel irrumpió en su vida años después. "Yo había tenido algún piquito de éxito. Pero uno aprende que el éxito es humo y suele pasar muy rápido. Haces una serie que de repente va bien y es muy corta... Pero esto ha sido un fenómeno, una cosa loca, fuera de previsión", destaca.
Cuando le tocó vivir el triunfo mundial de la serie ya contaba con herramientas para digerir lo que le sucedía: "Me pilló preparado. Yo ya me había muerto de la pena. Había sido arrollado por la industria. Entonces, ya tenía otra clase de acuerdos".
El éxito de 'La casa de papel": "Es un tsunami"
Frente al delirio colectivo, Alonso aplicó una distancia prudencial con la fama y los focos: "Cuando empezó a crecer aquella ola delante de nosotros, yo los dos primeros años la negué. Dije: 'No, no, esto no es tan fuerte'. Y luego dije: 'Esto es una locura'. Y vas por el mundo, hacías promoción... Porque en España eras un actor español, pero fuera, a veces ves en los ojos de la gente y comprendes lo que está pasando: 'Ah, que yo soy esa persona del fenómeno'".
La clave para no desintegrarse en mitad del torbellino fue blindar su identidad: "Yo ya tenía otros acuerdos conmigo. Yo me hice una promesa. Yo dije: 'Esta ola puede pasar. Y, de hecho, seguramente va a pasar. No me va a pillar ese momento como un pollo sin plumas. Lo que yo soy se tiene que mantener al margen de lo que me está rodeando'".
Frente a la sobreexposición mediática y el fervor del público, el intérprete activó una estrategia de autoprotección: "Decidí tomar mucha perspectiva y me protegí mucho del impacto. Porque vi lo que estaba empezando a pasar alrededor".
"Es un tsunami de un alcance gordo, de un nivel de exposición tremendo", dice sobre la producción. "Y si no tienes herramientas... nadie te ha educado para eso. En nuestra profesión no es solo hacer el trabajo: es cómo gestionas la tensión del trabajo, cómo gestionas la exposición de la subida de adrenalina y la bajada. Y yo estaba prevenido".
Pese a estar "flipando", "alucinando" y "sufriendo grandes impresiones en muchos momentos" al constatar la magnitud de su proyección internacional, Alonso prefirió dosificar sus energías.
"Yo en muchos procesos de la serie estaba en on, y otras en off. Me iba, me retiraba, me recogía, me recargaba. Porque el fenómeno ha durado más para mí que para nadie", subraya, en alusión a su papel protagonista en la secuela de La casa de papel.
"Yo he estado en la segunda temporada de Berlín 9 años y medio, y eso era un trasatlántico. Cada vez que había un poquito de bajada, he hecho muchas temporadas de eso... He hecho mucha promoción y he viajado por el mundo con eso. Y veía que... se lía", explica.
La historia de Pedro Alonso no es la crónica de la suerte instantánea. Es la confirmación de que para aguantar en lo más alto sin perder la cordura, primero hay que haber aprendido a caminar con dignidad sobre las propias ruinas.