Publicidad del grupo Wagner en un edificio de Moscú.

Publicidad del grupo Wagner en un edificio de Moscú. Reuters

Europa

El Kremlin se harta de los fracasos de Wagner y busca mercenarios que no compitan con su Ejército

La idea es huir de grandes personalidades. Putin quiere a alguien de perfil bajo que obedezca y no le monte numeritos delante de su prensa afín.

5 abril, 2023 03:06

Siguen las especulaciones en torno a la muerte de Vladlen Tatarsky, el bloguero militar vinculado al Grupo Wagner y amigo personal de su líder, Eugeni Prigozhin. El prestigioso Institute for the Study of War incide en su último informe en lo comentado este martes por EL ESPAÑOL: la mala relación entre Prigozhin y el Ministerio de Defensa podría estar detrás del atentado, especialmente si se suma el descontrol de algunas facciones de los servicios secretos rusos y la pésima consideración que Putin tiene de estos "blogueros", que no dejan de ser reporteros fuera del control de la propaganda oficial.

En ese sentido, la inmediata reacción de Prigozhin colocando una bandera del Grupo Wagner junto a la rusa en un montón de gravilla que en su momento fue el edificio administrativo de Bakhmut puede haber sido la gota que ha colmado el vaso de Sergei Shoigu, Valeri Gerasimov y compañía. Así lo piensa, al menos, el ministerio de Defensa británico en su actualización de este martes. Putin se habría decidido ya a poner fin a la aventura de Wagner y estaría buscando otro Ejército privado que le fuera más dócil.

El enfrentamiento entre Prigozhin y la cúpula del Kremlin es tan público y notorio que es imposible que no esté influyendo en el desarrollo de la guerra. De Prigozhin fue la decisión de ir a por Bakhmut, hace ya nueve meses, y en Bakhmut han quedado decenas de miles de presidiarios convertidos en carne de cañón y varios de los mejores hombres de un Ejército paramilitar que resultaba imprescindible para reforzar la influencia de Putin y Rusia en África, con intervenciones decisivas en Siria, República Centroafricana, Libia, Mali o Mozambique.

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Prigozhin y Putin siempre han caminado juntos y ambos se han beneficiado de la relación. No hay que olvidar que el primero era el propietario del restaurante al que el segundo solía ir cuando era alcalde de San Petersburgo. Su relación, por lo tanto, viene de muchos años atrás. Incluso en Ucrania, hay que reconocer que Wagner se ha jugado el prestigio y la vida pese al continuo ninguneo de Moscú. Prigozhin llegó a calificar de "posible traición" la negativa del alto mando de enviarle más armas.

Algo se mueve en Crimea

Por otro lado, tampoco se puede obviar que el papelón de Wagner en Bakhmut está siendo tremendo. La ciudad está a punto de caer, sí, pero nueve meses para conquistar un enclave de 75.000 habitantes es muchísimo tiempo. La incomunicación entre Prigozhin y Gerasimov, junto a la heroica resistencia ucraniana y la decisión de sus comandantes de aguantar en la plaza y no rendirla sin más, ha echado por tierra lo que se anunciaba como una segunda ofensiva rusa. Después de estar hablando de ella desde el pasado otoño, al final parece haberse quedado reducida a la conquista de Bakhmut y punto. Los intentos de romper el frente en Kreminna, Vuhledar, Avdiivka o Siversk han acabado en sonados fracasos.

Cuerpos del batallón Wagner muertos en el campo de batalla.

Cuerpos del batallón Wagner muertos en el campo de batalla.

La resistencia de Ucrania ha puesto de relieve que Rusia necesita un Grupo Wagner si quiere ganar cualquier conflicto serio, pero a la vez ha convencido al Kremlin de que necesita un Grupo Wagner distinto, más dócil, con menos ego, que renuncie a sus banderas propias y a su propaganda y que no compita con el Ejército regular en la captación de combatientes. De hecho, aunque la legislación rusa, irónicamente, prohíbe la existencia de grupos paramilitares, en la misma Ucrania ya ha empezado a funcionar uno, llamado Convoy y dirigido por Sergei Axionov, responsable de la Crimea ocupada.

La existencia de Convoy se oficializó a finales de 2022, aunque Axionov empezó su campaña de reclutamiento a principios de año, coincidiendo con el inicio de la "operación militar especial" de Putin. El responsable militar de la organización es Konstantin Pikalov, excombatiente de Wagner en Madagascar, más conocido por su nombre de guerra, 'Mazai', un hombre fiel a Axionov y, por extensión, a Putin. Convoy tiene unos 300 miembros que se reparten entre la propia Crimea y el frente de Jersón. Muy poco para lo que necesita Rusia en este momento.

Más allá de Gazprom

Por eso mismo, desde hace tiempo, se viene especulando con la creación de un gran Ejército al cargo de una empresa privada. Las ventajas son obvias: se evitan movilizaciones forzosas que erosionen la popularidad del Gobierno y se puede uno saltar todas las convenciones oficiales sin que nadie pueda echar nada en cara al Kremlin. Al fin y al cabo, quien ejecuta sin juicio previo, quien tortura, quien viola y roba a civiles no es el Ejército regular ruso, sino unos paramilitares que se mueven, en teoría, por sus propios intereses.

Ahora bien, todo eso cuesta dinero. En su momento, se habló de Gazprom como posible patrocinador de una enorme milicia fiel a Putin, pero Gazprom tiene demasiados intereses en Occidente como para arriesgarse a dar la cara en ese sentido. En Rusia se sigue pensando que, una vez terminada la guerra, todo más o menos seguirá como antes, al menos en el plano comercial, y recordemos que llegó un momento en el que Gazprom tenía intereses casi en cada ámbito de la sociedad europea, Champions League incluida. Es cierto que en febrero se anunció la creación de unas fuerzas de seguridad vinculadas a la gran empresa de gas ruso, pero, en principio, sus intenciones son simplemente defensivas: evitar ataques a sus infraestructuras.

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El asunto es que Putin no necesita defenderse, sino atacar: emprender una gran movilización ofensiva que agite el avispero ucraniano donde sus tropas regulares llevan meses estancadas. Podría limitarse a potenciar las ya existentes, como las milicias chechenas de Roman Kadirov o el grupo Patriot, vinculado al ministro de Defensa, Sergei Shoigu, pero la idea es huir de grandes personalidades al frente del nuevo Ejército. Putin quiere a alguien de perfil bajo que obedezca y no le monte numeritos delante de su prensa afín. Ni Kadirov ni Shoigu dan el perfil. Les gustan demasiado los focos.

El otro problema es puramente demográfico. No hay rusos suficientes para tantos ejércitos privados. Si el objetivo declarado del ministerio de Defensa es juntar un contingente de un millón y medio de hombres sólo para combatir en Ucrania, si Wagner tiene sus propios medios de reclutamiento y además cada empresa se busca su guardia pretoriana, es muy complicado encontrar hombres preparados y dispuestos para organizar un Ejército de élite. Un nuevo ejemplo del caos y la desorganización que reinan en las altas esferas militares rusas.