José Antonio Satué posa tras la entrevista.

José Antonio Satué posa tras la entrevista. Carlos Martín

Málaga

José Antonio Satué, un primer año de puertas abiertas como obispo en Málaga: del trato llano a la lucha contra los abusos

El relevo de Catalá ha traído a la diócesis a un pastor de trato llano, especialmente sensible ante la pobreza y la migración y perseguidor de los abusos en el marco de la Iglesia.

Más información: "Al llegar encontré en Málaga situaciones de pobreza que no podía imaginar; no podemos estar de espalda a esa realidad"

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Las claves
Las claves

José Antonio Satué cumple un año como obispo de Málaga, mostrando un perfil cercano, dialogante y transparente, especialmente en la gestión de los abusos en la Iglesia.

Ha impulsado un servicio diocesano de atención a víctimas, garantizando indemnizaciones y priorizando el apoyo psicológico y espiritual ante casos como el del padre Fran.

Satué destaca por su sensibilidad ante la pobreza, la migración y la vivienda, promoviendo una Iglesia menos autorreferencial y más volcada en los necesitados.

Ha abierto un proceso de reflexión con las cofradías para ordenar las salidas extraordinarias y defiende valores como la humildad, gratitud y fidelidad frente a los retos actuales.

José Antonio Satué cumple este 13 de septiembre un año como obispo de Málaga. Doce meses le han bastado para dibujar un perfil de obispo cercano, de trato llano y con las puertas abiertas a los medios de comunicación.

De hecho, de cuando en cuando, se asoma a la sección de opinión de este periódico. Un estilo que contrasta, sin duda, con el de su antecesor, Jesús Catalá, de carácter más reservado, tras 17 años pastoreando la diócesis.

El mejor retrato de esa forma de encabezar el obispado lo ha dejado en el asunto más delicado que ha tenido sobre la mesa, los abusos en la Iglesia. En un terreno en el que la institución arrastra una credibilidad dañada, Satué ha optado por dar la cara.

Ha convocado ruedas de prensa, ha pedido perdón en nombre de la Iglesia, ha tratado de situar a las víctimas en el centro hasta el punto de garantizar sus indemnizaciones al margen de lo que dictaran los recursos de la diócesis, y ha trabajado para impulsar un nuevo servicio diocesano de atención a las víctimas.

Su historia

Antes que obispo, Satué fue el niño de una de las familias más pobres de Sesa, un pueblo de la provincia de Huesca que en su infancia apenas rondaba los 400 habitantes. Con 16 o 17 años entró a trabajar en una granja de terneros para poder estudiar, y los veranos hacía de peón de albañil, cogía pacas de paja o pasaba las noches recogiendo pollos por 5.000 pesetas.

Había estudiado Electrónica Industrial cuando, a los 19 años, decidió entrar en el seminario. La razón fue sencilla, pensar que aquello que hacía el cura del pueblo, la catequesis, las celebraciones, estar cerca de los enfermos, podía llenar también su vida. Se ordenó sacerdote a los 25.

José Antonio Satué.

José Antonio Satué. Carlos Martín

La duda lo acompaña desde entonces. A sus 33 años de ministerio confiesa que aún la siente, incluso sobre lo más profundo. Admite que ha habido momentos en los que le ha costado encontrar a Dios y reivindica ese territorio incierto. "La duda es un espacio de encuentro", afirmaba hace unos meses en una entrevista en EL ESPAÑOL de Málaga.

Ordenado sacerdote en 1993 tras formarse en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón, se licenció en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma en 2004. Su ministerio echó raíces en la diócesis de Huesca, donde fue párroco de San Lorenzo y de otras parroquias y asumió cargos de gobierno como vicario general, vicario judicial y deán del cabildo de la catedral.

En abril de 2015 dio el salto a la Santa Sede como oficial de la Congregación para el Clero. En Roma compaginó ese trabajo con la colaboración en la Casa di Marco, una institución del Servicio Jesuita a Refugiados dedicada a menores no acompañados.

El papa Francisco lo nombró obispo de Teruel y Albarracín en 2021 y, ya con León XIV como pontífice, fue designado obispo de Málaga el 27 de junio de 2025. Tomó posesión el 13 de septiembre.

Nuevo obispo

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https://s3.elespanol.com/2025/09/15/actualidad/1003743925274_258703759_1706x960.jpg Patricia Sierra

Aquel 13 de septiembre de 2025 su estatura, de 1,90 metros, no pasó desapercibida. Gafas de pasta negras a juego con la camisa, una cruz plateada al pecho y una sonrisa tímida completaban la estampa del hombre que, apenas unas horas antes, se había convertido en obispo de Málaga. En su presentación ante los medios no se colocó tras el atril de micrófonos. Se acercó a los periodistas y les estrechó la mano.

Llegaba desde Huesca para relevar a Jesús Catalá, que se despedía tras 17 años al frente de la diócesis y una etapa final marcada por problemas de salud. Reconoció conocer poco de la realidad local y pidió a los periodistas un diálogo sincero e incluso crítico, sosteniendo que los medios "hacen una gran aportación a la sociedad pese a vivir bajo la dictadura de los clics". Se dirigía a ellos esperando que la relación "no sea solo con el personaje, sino con la persona". Un detalle que antecedía su relación con ellos durante los meses siguientes.

Con la hoja de ruta todavía por definir, sí trazó un objetivo de fondo, el de una Iglesia más misionera y menos autorreferencial, capaz de volcarse en los pobres y en quienes se han alejado de la fe. Recuperó la idea de sinodalidad del papa Francisco, la de estar, trabajar, pensar, decidir y evaluar juntos. "La palabra clave es esa", afirmó.

Antes de llegar no sabía nada de esta tierra. En la entrevista con este periódico de hace unos meses, algo más asentado, afirmó que Torremolinos o Marbella siempre le sonaron a turismo y a frivolidad, y poco más. Tras comenzar a rodar como obispo, confiesa que lo que se encontró fue una gente muy acogedora, capaz de decirle en la calle cosas que en Huesca o en Teruel habrían tardado años, y lo que define como una diócesis "muy viva".

También halló una pobreza que no imaginaba. De hecho, mencionó a Los Asperones y Palma-Palmilla como la otra cara de Málaga, la ciudad del éxito. La imagen le impactó porque, a su parecer, una sociedad no debe medirse solo por sus cifras económicas, sino por su "cercanía" con quienes más sufren.

Una imagen del obispo.

Una imagen del obispo. Carlos Díaz

El obispo ha hablado abiertamente de todas las problemáticas. Sobre la vivienda, reclama que las personas con dificultades para acceder a una casa sean una prioridad de las administraciones públicas.

En torno a la homosexualidad, su planteamiento parte de la acogida. Constata que muchas personas homosexuales han sufrido discriminación y aboga por suavizar ese sufrimiento hasta hacerlo desaparecer, sin que ello implique cambiar la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio. "En la Iglesia no hay un grupo de santos y otro de pecadores", razonó.

Sobre el aborto pidió no frivolizar y mirar a la vez a la mujer y a la vida humana que hay en el cuerpo, y reclamó que se den "más facilidades" para traer un hijo al mundo.

Migración

Si en algo se muestra especialmente sensible es en el fenómeno migratorio, un aspecto que ha acompañado de gestos y palabras. En el encuentro "Frontera Sur", celebrado en enero en la Casa Diocesana, compartió su preocupación por la narrativa del odio hacia el que viene de fuera y por la criminalización de los pobres, y reclamó escuchar, conocer de cerca la realidad y colaborar. Su condición de miembro de la Subcomisión Episcopal de Migraciones y Movilidad Humana desde noviembre de 2021, y una diócesis que abarca Melilla, ciudad hermana fronteriza de Ceuta, le dan un anclaje directo con esa realidad.

Esa manera de entender la migración la demostró con la crisis de Ceuta. Este obispo es asiduo a usar las redes sociales, que le sirven para llevar su mensaje más lejos, incluso a los que no entran cada domingo a la iglesia El pasado 3 de septiembre difundió en su cuenta personal en la red social X un texto encabezado con el título "Ceuta en el corazón" en el que reclamó empatía simultánea hacia los dos lados del conflicto.

El prelado lanzó a las redes una pregunta clara, si es tan difícil sentir empatía a la vez con la población ceutí, en especial mujeres y niños, y con las personas que entraron en la ciudad manipuladas y sin saber qué futuro les esperaba. Lamentó que pareciera que apoyar a unos obliga a odiar a otros. "Dios mío, cuándo vamos a superar esta epidemia de polarización", escribió, la misma idea contra la crispación que ya había lanzado a su llegada al Obispado.

El padre Fran

Ningún asunto ha marcado tanto su primer año como la forma de afrontar los abusos en la Iglesia, concretamente, los del padre Fran. Satué confiesa que estuvo casi en ayunas sobre los abusos sexuales de la Iglesia hasta que empezó a trabajar en Roma, donde tomó conciencia de que un abuso puede "romper por la mitad" la vida de una persona.

En la entrevista con este periódico sostuvo que la Iglesia ha ido pasando de salvaguardar su buen nombre a poner por delante el bien de las víctimas, y está convencido de que ese es el único camino para recuperar la credibilidad perdida.

El caso del padre Fran se ha convertido en el primer gran examen de esa forma de afrontar los abusos. Francisco C., sacerdote de Vélez-Málaga, fue condenado en julio de 2026 a 52 años de prisión por sedar y agredir sexualmente a cuatro mujeres de su círculo de amistades entre 2014 y 2018. Se encontraba en prisión preventiva desde septiembre de 2023, cuando el obispado, al conocer los hechos, le retiró las licencias ministeriales.

Los hechos, recogidos en el escrito de la Fiscalía, describían a un cura que elegía a sus víctimas entre sus amistades, las invitaba a su habitación y les administraba sustancias que anulaban su voluntad para después agredirlas, grabarlas y fotografiarlas. La denuncia partió de su entonces pareja, que halló en un disco duro fotografías y vídeos de varias mujeres sedadas.

Antes de que arrancara el juicio, en una rueda de prensa convocada en mayo de 2026, Satué dio un paso poco habitual. Anunció que, si había condena, la diócesis estaba dispuesta a colaborar económicamente en la reparación de los daños incluso en el caso de que los tribunales la exoneraran de la responsabilidad civil subsidiaria.

En aquella comparecencia situó en agosto de 2023 el momento en que, tras estudiar el material que fue recibiendo, tomó conciencia de la gravedad. El obispado conocía desde enero de ese año la relación del sacerdote con una feligresa, en incumplimiento de sus votos, y sostiene que desconocía la existencia de los vídeos hasta casi el verano. Asegura que fueron los primeros en animar a la mujer a denunciar los hechos ante las autoridades.

En el plano interno introdujo una novedad para garantizar la independencia del proceso canónico abierto en septiembre de 2023. Propuso que lo instruyera el Tribunal de la Rota de Madrid, dependiente de la Nunciatura Apostólica, y el tribunal aceptó.

Pidió perdón en nombre de la Iglesia a quienes no encontraron en ella la comprensión y el apoyo que debieron recibir, y evitó pronunciar nombres propios para no añadir más dolor. Según contó, antes del juicio ofreció a las cuatro mujeres, a través del abogado de la diócesis, un encuentro para escucharlas. Ninguna aceptó.

Con la sentencia ya dictada, en julio, dio el paso más contundente. Garantizó que las cuatro víctimas cobrarían las indemnizaciones fijadas, 403.129 euros en total, al margen de lo que ocurriera con los recursos de la diócesis.

Anunció que consignaría ese dinero de manera definitiva e irrevocable, de modo que las mujeres pudieran disponer de él incluso si una resolución posterior rebajaba o eliminaba la cuantía, y que la diócesis renunciaba a cualquier reintegración que pudiera corresponderle. Justificó la decisión con la voluntad de errar, en todo caso, a favor de las víctimas y calificó los hechos de "vergonzosos", reconociendo que ninguna reparación económica puede sanar el daño producido.

Esa misma mañana la diócesis remitió a las cuatro mujeres una carta con tres compromisos, el servicio diocesano de acompañamiento terapéutico y espiritual, la disponibilidad para un encuentro personal y el pago de la indemnización en el menor plazo posible.

Ese servicio da cuerpo a una promesa que Satué había lanzado en mayo en declaraciones a EL ESPAÑOL de Málaga, la de transformar la Oficina de Recepción de Denuncias de Abusos en un dispositivo que acompañe a las víctimas en los planos psicológico, espiritual y jurídico. El 18 de junio de 2026 la diócesis celebró una reunión para impulsarlo, con el apoyo del proyecto Repara del Arzobispado de Madrid.

Cofradías

Su relación con las cofradías es otro de los frentes que ha ido perfilando en este primer año. Satué no llega ajeno al mundo cofrade. Fue presidente de la Archicofradía de la Vera Cruz en Huesca, un cargo que asumió con recelo cuando se lo pidieron y que le sirvió para descubrir el trabajo que hay detrás de unas procesiones que salen a la calle una semana al año.

Esa experiencia le ha ayudado a situarse en una ciudad donde raro es el fin de semana sin una procesión. Nada más llegar percibió que había mucha salida más allá de la Semana Santa. Cualquier domingo, cuenta, oía música en la calle desde su casa. De ahí una convicción que repite cada vez que se le pregunta al respecto: la de que "lo extraordinario debe seguir siendo extraordinario", porque cuando lo excepcional se vuelve habitual se deja de disfrutar igual.

Con esa idea planteó abrir con las hermandades un proceso de reflexión para ordenar mejor las salidas extraordinarias. Sobre la pregunta que sobrevuela cada primavera, la de si habrá procesiones en Sábado Santo, se ha mostrado cauto desde el primer día. Contestó que eran decisiones que había que meditar y que, si en Málaga nunca las había habido, suponía que "será por alguna razón".

En cualquier caso, el pasado 8 de septiembre se le vio feliz en la procesión y misa dedicadas a la Virgen de la Victoria. En cualquier caso, el pasado 8 de septiembre se le vio feliz en la procesión y misa dedicadas a la Virgen de la Victoria, una festividad que calificó de entrañable y que sirve para convocar a los fieles en torno a la patrona de la diócesis.

Durante su homilía, articuló su discurso sobre la necesidad de un urgente "rearme del corazón" frente a los males de la sociedad actual, denunciando cómo la voracidad económica y el culto a nuevos ídolos quiebran la fraternidad humana.

Para abrir caminos de esperanza, el prelado propuso recuperar tres valores fundamentales: la humildad —como antídoto contra la soberbia y los enfrentamientos—, la gratitud —frente al pesimismo y la negatividad— y la fidelidad a los compromisos en una época dominada por lo efímero.

Es también interesante un aspecto que detallaba en una columna dedicada a la Virgen de la Victoria y que refleja bien su espíritu. Desde su punto de vista, hay una batalla clave en la Iglesia: la del individualismo. "Tenemos una riqueza enorme: parroquias, colegios católicos, hermandades, asociaciones, movimientos, vida consagrada y tantos hombres y mujeres que entregan generosamente su tiempo y sus capacidades; pero, necesitamos vencer la tentación de ir cada uno por su lado, superando recelos, protagonismos y prejuicios", escribía el obispo.

El obispo de Málaga, durante la misa dedicada a la patrona de la ciudad.

El obispo de Málaga, durante la misa dedicada a la patrona de la ciudad. A. Medina. Diócesis Málaga.

Desde su punto de vista, "lo que hace una parroquia puede enriquecer a otra; lo que aporta un colegio puede ayudar a una comunidad; las hermandades y asociaciones pueden hacer más eficaz su labor evangelizadora, promoviendo nuevos caminos de colaboración".

Balance

Un año después de su llegada, el niño de Sesa que trabajaba en una granja de terneros para poder estudiar dirige una de las diócesis más pobladas de España. Ha marcado posición sobre la pobreza, la vivienda y la migración y ha convertido la gestión de los abusos en la prueba de que sus palabras se comienzan a traducir, poco a poco, en gestos.

Queda camino por delante, como su reflexión pendiente con las cofradías y ese servicio de acompañamiento a las víctimas de la Iglesia que parece echar a andar. Su forma de trabajar se puede entender resumida en una de sus frases: "Si tenemos que correr un riesgo, es mejor correr un riesgo de equivocarnos a favor de las víctimas".