Iván Redondo fue jefe de gabinete de Pedro Sánchez y también trabajó para el PP en Extremadura.

Iván Redondo fue jefe de gabinete de Pedro Sánchez y también trabajó para el PP en Extremadura. Rodrigo Mínguez

Política ENTREVISTA

Iván Redondo: "Preparé para el presidente un informe para hacer una España plurinacional en 2028"

"El Estado de las Autonomías se está muriendo. Hay que constituir España como una nación de naciones".

"No trabajaría ni para Bildu ni para Vox".

"Tenía un agujero en el corazón, experimenté la depresión… El Palacio de la Moncloa me salvó la vida".

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Las claves

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Iván Redondo revela que preparó para Pedro Sánchez un informe para impulsar una España plurinacional en 2028, coincidiendo con el cincuentenario de la Constitución.

El exjefe de gabinete de Sánchez detalla en su libro anécdotas personales y políticas, describiendo el funcionamiento interno de la Moncloa y el inicio del 'sanchismo'.

Redondo explica que su salida del Gobierno estuvo motivada por problemas de salud graves, incluyendo una operación cardíaca, y que se plantea volver a la política por vocación de servicio público.

Defiende la idea de una España como nación de naciones y considera que la amnistía es un signo de reencuentro, pero descarta la posibilidad de un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Cuando entra, le miramos el dobladillo del pantalón. Él también se lo miraba de vez en cuando. El día de su primer trabajo en Madrid, en un lugar más o menos como este, cerca del cielo, a lomos de los edificios caros, llegó con un dobladillo que cosieron su mujer y él una noche a todo correr.

En muy poco tiempo, sin aprender a cogerse bien el dobladillo, se convirtió en la segunda persona más poderosa del Gobierno. No habían pasado ni quince años desde que trabajaba como camarero y acomodador.

La vida del hombre que entra en la sala es la vida de un pisotón en el acelerador. La de una noche febril de esfuerzo y desenfreno. Un resacón.

Fíjense en la edad: no tiene ni 45 años y todas las preguntas que le lanzamos versan sobre lo que hizo, y no sobre lo que hace.

Y una cuestión para el estudio metafísico, quizá la más importante: Pedro Sánchez lo abrazó. ¡Lo abrazó de veras! Sólo por eso merece la pena entrevistarlo. Se trata de una especie en peligro de extinción.

Iván Redondo, exconsultor de Sánchez: “El Palacio de la Moncloa me salvó la vida”

–Cuenta que Sánchez, además, un día, le dijo "te quiero".

–¡Está usted haciendo trampas! –se parte de risa.

–¿Se lo dijo o no se lo dijo?

–¡Ha perdido la cabeza!

–Leo literalmente de su libro: "Te quiero y te necesito a mi lado". Eso le dijo Sánchez. Y es precioso.

–¡Contextualice! El verbo "querer" tiene ahí otro significado.

Contextualizamos. Habían ganado juntos la moción de censura. Sánchez y él. Bueno, en ese "juntos" también estaba José Luis Ábalos, que pronunció el discurso. Otro motivo para la entrevista. ¿Qué vio y qué no vio? ¿Supo algo?

–¡No vi nada! De haberlo visto, me los habría llevado por delante.

Y Sánchez, que acabaría abrazándolo el día que murió su perro, le dijo esa frase… "Te quiero y te necesito a mi lado".

Así se convirtió, Iván Redondo, un chavalillo de San Sebastián sin padrinos, en jefe de gabinete del presidente del Gobierno.

Hemos venido a verle porque acaba de publicar, Redondo, El Manual (Contraluz, 2026). El primer tratado de un jefe de gabinete. Una versión, su versión, claro, de muchas de las cosas que sucedieron en el inicio del sanchismo; el proyecto que ha cambiado España para siempre.

En sus páginas se van trenzando anécdotas personales y políticas. Muchas desconocidas. Y un paisaje de gran utilidad: la Moncloa descrita por dentro con precisión. Con todos sus asesores, con todo su aparato de propaganda, más vigoroso que nunca.

Conviene leerlo con desfibrilador al lado. Porque en un momento dice que Sánchez y Suárez son parecidos… ¡por la firmeza de los principios! Y en esa página, a uno, a muchos quizá, el corazón le falla.

Decíamos "te quiero" porque hemos venido a hablar del corazón. Iván Redondo tenía, literalmente, un agujero en el corazón. Dice que ese fue el motivo por el que se marchó.

Al hilo de esas confidencias, vamos a provocarle, vamos a hacerle una entrevista de trabajo –dice estar dispuesto a volver– y vamos a intentar enterarnos de qué significa eso de "la España plurinacional". El proyecto que propuso a Sánchez y para el que redactó un informe secreto de reforma constitucional. Para aplicarse en 2028... coincidiendo con los cincuenta años de la Carta Magna.

El último español que escribió de sí mismo en tercera persona y se autoproclamó "El Director", igual que ahora usted, fue el general Mola, cerebro del golpe de Estado de 1936. ¿Ha buscado inspiración en sus textos?

No me va usted a pillar. Además, le contaré una cosa: cuando llegué a vivir a Madrid, allá por 2003, me tocaba votar en un colegio que se llamaba "General Mola" y que hoy, por fortuna, se llama "Reina Victoria".

¿Por qué escribir de uno mismo en tercera persona? Traslada al lector una sensación inquietante.

Es un juego de roles, un mero recurso narrativo. Ya ha visto que no me guardo nada. Esa tercera persona no supone una barrera, una distancia a la hora de contar.

Varios ministros de la UCD me han dicho que Suárez era la persona que mejor abrazaba de España. ¿Qué tal abraza Sánchez? Cuente esa escena en la que está usted con él, en su despacho, y a usted le dicen que su perro ha muerto. Se echa a llorar y Sánchez le abraza.

Fue un gesto de empatía, de conexión. Para mí, fue un momento muy difícil.

Cualquiera que ha perdido un perro sabe de lo que hablo. Venía yo de una racha difícil. Había pasado lo de mi operación, había pasado el coronavirus… y mi perro se fue súbitamente.

Los perros despiertan en nuestras almas cosas que no sabemos que existían. Mi perro me había acompañado en los momentos más importantes de mi vida, desde mi etapa de Extremadura. Lo habíamos vivido todo juntos. Y, de repente, no estaba. Me lo contaron cuando estaba reunido con el presidente.

Tenía usted, literalmente, un agujero en el corazón. Y dice que por eso se fue de Moncloa.

Tenía 39 años. Era un día cualquiera y fui a hacer deporte, dentro de Moncloa, con el ministro Bolaños y el general Ballesteros. Para usar esas instalaciones, te obligan a un chequeo médico.

Y ahí salió el agujero.

Algo no cuadraba. Después de ese chequeo, hubo más pruebas y dieron con el agujero.

Te quedas en shock. Piensas en muchas cosas. Piensas qué habría pasado de no haberte topado con ese chequeo de una manera tan casual. Y me pregunté si me iba a morir.

Explique la enfermedad.

Se llama CIA: comunicación interauricular. Un agujero que hace que la sangre vaya de un lado del corazón al otro. Nací con él, no tenía que ver con el estrés. Todavía no existe tecnología suficiente para diagnosticar en un niño si se trata de un mero soplo o de un agujero.

Los médicos de Moncloa me dijeron que debía operarme sí o sí porque es una afección que, a la larga, puede provocar problemas muy serios.

¿Por ejemplo? ¿Qué le dijeron?

Podría haberme quedado sin el oxígeno que necesitaba. Podría haberme dado un ictus muy joven. Mi piel podría haber adquirido un tono morado. Si vas dejando pasar el tiempo y no sabes que tienes ese agujero, pueden pasar esas cosas.

¿A quién se lo contó?

Se lo conté a mi familia primero y después al presidente. Fuera de mi entorno más cercano, el presidente era la única persona que lo sabía; más allá de los médicos, claro.

Y se operó en secreto.

Lo hicimos un 17 de diciembre de 2020, un jueves, para que encajara con un fin de semana y las Navidades. Así logramos que pasara desapercibido.

La operación no fue en el hospital que hay en Moncloa y que describe en el libro.

No, no. Ese hospital se utiliza solamente para emergencias nacionales. Aunque tenía mucho miedo, también tenía la garantía de que me iba a despertar porque los médicos me explicaron que era una operación controlada. Pero el miedo está ahí y te replanteas muchas cosas.

Escribe que lloraba en el coche, camino de Moncloa, y también en casa.

La medicación que tomaba era fuerte. Mi cuerpo experimentó muchos cambios. También, consecuentemente, mi cabeza. Sentía que no era el mismo. Sentí el inicio de una depresión.

¿Cómo era esa depresión?

Estás acostumbrado a levantarte a las cinco y a ponerte a leer la prensa. Y, de repente, un día, no te apetece nada leer la prensa. No te apetece hacer las cosas que hacías. Creo que es algo que le pasa a todo el que se replantea la vida de una manera tan abrupta.

Durante mis últimos seis meses en Moncloa, estuve más medicado que en toda mi vida. Nada era igual. Mejoré algo con el Plavitz, una medicación muy fuerte que se usa tras los infartos de miocardio. En ese momento, dirigí la primera campaña de Illa en Cataluña y me sentí mejor. Al dejar la medicación, volví a caer.

¿Cuál fue el planteamiento para dejarlo?

Habíamos ganado la primera moción de censura de la Democracia. Habíamos ganado cinco elecciones consecutivas. Hablé con mi mujer. Estaba como estaba. Supe que había llegado el momento de parar.

Pero, ¿por qué no contó entonces que se iba? ¿Cuál es la diferencia con contarlo ahora?

El presidente entendió mis motivos. Por supuesto que mi mujer y yo nos planteamos contarlo, pero decidimos hacerlo en el futuro, ahora. En ese momento, contarlo me habría generado un gran estrés. Y yo debía centrarme en recuperarme física y mentalmente.

Desliza la idea de que la rapidez en la detección fue gracias a Moncloa. ¿Fue un privilegio? Dicho de otra manera: de haber sido un ciudadano corriente, en la sanidad pública, ¿quizá todavía ni se habría operado?

Tuve el honor de ir a hacer deporte a un búnker de seguridad que exige ese chequeo completo por protocolo. Entonces, sí debo decir que el Palacio de la Moncloa me salvó la vida. Sin embargo, no acepté ningún privilegio. A partir de la detección, me operé como cualquiera.

Iván Redondo, en la sede de su consultora, en Madrid.

Iván Redondo, en la sede de su consultora, en Madrid. Rodrigo Mínguez

Y después de todo eso, después de ese coste de vida personal, dice que quiere volver a la primera línea. Debe de ser cierto eso que dice de que la política es tan adictiva como la heroína. ¿Ha probado la heroína?

No, no.

Bueno, pero quiere volver.

Vamos a ver, lo explico: mi prioridad número uno son el Grupo Redondo y mi familia. Pero, como ciudadano, estando como está España, con este ambiente de ira y corrosión, estoy dispuesto a volver. Me siento sano y fuerte para hacerlo.

Quiero a mi país y creo en el servicio público. Me prometí, se lo digo de verdad, después de todo lo del corazón, que iba a ser más claro en mis respuestas. Así que, sí, estoy dispuesto a volver. Conozco el gabinete de la Presidencia, la política autonómica, la oposición, el gobierno…

Parece que le estoy haciendo una entrevista de trabajo.

¡No! De verdad que no lo necesito. El Grupo Redondo cubre todas mis necesidades. Es una cuestión de vocación, de servicio público.

Ha trabajado para Sánchez y para el Partido Popular. ¿Hay algún partido para el que no trabajaría?

Le doy la vuelta a su pregunta...

¿Trabajaría para Vox?

Vox sabe perfectamente que no.

¿Y para Bildu?

Te voy a explicar mi planteamiento. Yo siempre escucho cualquier propuesta, pero para mí, la política, no es sólo una cuestión profesional. Es una cuestión que se integra con lo personal. Mis principios tienen más que ver con las ideas que con las ideologías; con las personas más que con los partidos. No olvide que jamás he pertenecido a un partido.

Sobre Bildu no ha contestado.

Bildu sabe que tampoco. Pero, de verdad, no voy a entrar en esta sopa de letras, en este partido "sí", en este partido "no". Estudio el proyecto, estudio si el candidato es una buena persona. Me siento muy orgulloso de todos los proyectos políticos con los que he colaborado.

Me gustaría colaborar con un proyecto que procure el rearme moral de España, que genere emociones positivas, que una generaciones y que pase página de muchos problemas históricos.

Redondo dice que quiere volver a la primera línea política.

Redondo dice que quiere volver a la primera línea política. Rodrigo Mínguez

Vayamos a la discoteca Mogambo, hace ya casi treinta años. Cuenta que vio entrar a su padre con otra mujer que no era su madre y que, a partir de ahí, aprendió lo que significa que a uno lo quieran y no lo quieran.

Somos muchos los que hemos pasado por algo así. Por el abandono, por la ausencia de la figura paterna. A mí, esa imagen me ayudó a entender mucho mejor a mi ama, a admirar cómo nos sacaba a cuatro hijos adelante ella sola.

Soy el pequeño de los tres chicos. Somos cuatro: tres chicos y una chica. A mí, en la vida, quienes me han abierto puertas han sido siempre las mujeres. Entendí de pequeño lo que es ser mujer y trabajar; los obstáculos que encuentran.

Eso lo enlaza con uno de sus sueños: contribuir a que una mujer sea presidenta del Gobierno de España. Creyó en Yolanda Díaz, que le ofreció trabajar a su lado y usted lo rechazó. ¿Hay alguna mujer hoy en primera línea, aparte de Ayuso, que tenga potencial para ser presidenta?

Después de mi salida del Gobierno, en 2022, hubo dos acercamientos. El que usted menciona de Yolanda Díaz y también uno del Partido Popular.

¿Con Casado o con Feijóo al frente del PP?

Ya en tiempo de Feijóo.

¿Le llamó Feijóo personalmente?

Me voy a quedar ahí. Yolanda Díaz me citó en el Ministerio de Trabajo.

¿Por qué en el caso de Yolanda Díaz da tantos detalles y no los da en el caso del PP?

Fueron dos personas relevantes del equipo de Feijóo en ese momento.

¿A Feijóo lo llegó a ver?

En el momento en que se planteó la propuesta, lo agradecí mucho, pero dije que no. No era mi momento.

¿Y con Yolanda Díaz? ¿Qué pasó?

Le transmití mi discrepancia sobre su anuncio en el polideportivo Magariños. Me parecía un error que no contara con Podemos. Agradezco ambos acercamientos. A su pregunta de si veo en primera línea política a una mujer con posibilidades de ser presidenta del Gobierno… En este momento, no lo veo.

Un momento de la entrevista.

Un momento de la entrevista. Rodrigo Mínguez

Empieza su libro con la moción de censura, que usted dirigió junto a Sánchez, pero se olvida de alguien que también estuvo y fue muy importante: José Luis Ábalos. No aparece ni una sola vez. ¡Ni Stalin recortaba las fotos con tal maestría!

Yo tenía una relación puntual y profesional con José Luis sobre cuestiones electorales. Él desempeñó lo que se llama la "fase de censura". No tengo nada que contar en relación a él.

Pero estaría dentro de esa operación que usted dirigió.

Yo dirigí la moción. Analizamos, evidentemente, el discurso que debía hacer José Luis en la tribuna. También estuvo en las negociaciones con los distintos partidos.

¿Alguna vez vio algo raro?

Si hubiese tenido conocimiento de algo de lo que conocemos, me los habría llevado por delante.

Estando al lado del presidente, estando en Moncloa, ¿no vio nada extraño ni en Ábalos ni en Koldo?

Le repito que, de haber visto algo extraño, me los habría llevado por delante. Yo me dedicaba al presidente del Gobierno desde el edificio Semillas, en Moncloa. También dirigía campañas. Tenía ese perfil híbrido, pero nada más.

Usted asegura en el libro haber mantenido conversaciones muy intensas con Sánchez en los días previos a la crisis de gobierno que terminó con Ábalos. Barajaban nombres, apuntaban virtudes y defectos… ¿Usted sabe, entonces, por qué el presidente cesó a Ábalos?

No, no lo sé. Hablábamos de nombres a futuro, compartíamos ideas y propuestas. En algunas ocasiones, él me seguía metiendo de ministro en la quiniela para intentar que me quedara. Pero no, no funciona como usted apunta. Además, mis conversaciones con el presidente siempre serán confidenciales.

Por eso la pregunta era "si usted lo sabe", no si usted me lo puede contar.

No, de verdad que no lo sé. Tenga en cuenta otro factor: en esas conversaciones, yo ya me estaba desconectando. Ya había incluso contado a algunos miembros del gabinete que me marchaba. Estas charlas, además, fueron en mayo. Julio, la crisis de gobierno, quedaba lejos todavía.

Dice usted de sí mismo: "Era una de las personas mejor informadas políticamente y con más conocimiento de las tripas estratégicas del Gobierno, así como de la situación en los diferentes legislativos: el estatal y los autonómicos". Y, a pesar de eso, ¿nunca vio nada que le hiciera tener una ligerísima sospecha de que una trama así estaba sucediendo en el seno del Gobierno? Vuelvo al asunto porque el hecho de que nadie viera nada genera incredulidad en el ciudadano.

Le voy a bajar la tensión a la pregunta y le voy a volver a recordar que el gabinete se dedica a captar información política para transformarla en un conocimiento que le pueda ser útil al presidente en su toma de decisiones.

Usted está en la sospecha permanente, pero yo me dedicaba a la estrategia política y, sobre todo, institucional. No me dedicaba a la fiscalización de los ministerios y sus órganos de contratación. El planteamiento de su pregunta se deshace como un azucarillo.

Vivimos en una España donde la única exigencia del presidente del Gobierno es la penal. No hay responsabilidad política. No ahora, sino siempre. González no dimitió porque no se pudo probar su conocimiento de las tramas, Rajoy lo mismo. Sánchez, ahora, lo mismo. ¿Está capacitado para gobernar alguien que no es capaz de ver que sucede algo así dentro de su Gobierno?

Cuando tuvimos conocimiento de la trama, yo propuse una cuestión de confianza: que el presidente se sometiera a una cuestión de confianza en el Parlamento.

No lo hizo.

Pero el Parlamento no le ha retirado la confianza al presidente. Ni siquiera ha habido una moción de censura.

Hombre, ese planteamiento…

En una democracia fuerte como España, el presidente puede seguir avanzando. Usted me dirá: "El presidente no siempre tiene la confianza del Parlamento". Bueno, para unas cosas sí y para otras no. Le diré más: estoy convencido de que, si hubiese presentado esa cuestión de confianza, la hubiera ganado.

La confianza del Parlamento en un presidente, porque sé que va a ir por ahí, no solo se demuestra en si tienes unos Presupuestos Generales del Estado, que por supuesto es idóneo tenerlos.

No "idóneo"; es obligatorio constitucionalmente.

Sí, es cierto, pero déjame que diga que también es idóneo. Soy partidario de hacer política en el Parlamento incluso cuando pierdes las votaciones, porque la política es como el judo: tienes que buscar la energía del rival para transformarla.

Le pongo un ejemplo: nosotros presentamos unos Presupuestos en 2019, que no salieron porque Esquerra los tumbó. Después, convocamos elecciones y las ganamos. Aquella derrota fue una catapulta. España está hoy más empatada de lo que parece.

¿Qué quiere decir?

El bloque de la derecha tiene 12 millones de votos, igual que en 2011. Y hay un millón de votos que nunca irán a ese bloque. Muchos españoles tienen hoy confianza en la labor que está haciendo el presidente.

Entonces, cuando el otro día dijo Sánchez que quiere gobernar ocho años más, ¿lo ve factible?

Eso fue un titular para la industria de la actualidad. Tienes que aportar muchas razones para durar mucho tiempo. Oye, igual se encuentran, pero no sólo tiene que ver con las razones que das. Tienes que lograr un sentimiento generalizado y positivo en la parte de la sociedad española que no te vota.

Yo no lo estiraría tanto. Creo que lo que quiso transmitir es que tiene un proyecto para España y que está aplicando unas políticas estructurales que necesitan tiempo. Desde fuera, el tiempo de gobierno parece mucho más que desde dentro.

Explíquese.

La Administración tiene sus tiempos, sus ritmos. Cuatro años pueden parecer un montón, pero, aunque vayas rápido, no son suficientes para lograr cambios y corregir males endémicos. Muchas veces, ni siquiera ocho años son suficientes para ver los resultados.

¿Qué piensa de la limitación de mandatos que, por ejemplo, impera en Estados Unidos?

He tenido algunas conversaciones con primeros ministros europeos sobre este asunto. El estándar de lo que buscan casi todos ellos es el de un límite de tres legislaturas. Es la respuesta mayoritaria que encontré. Hay políticas que aplicas en tu primera legislatura y que no brillan hasta la tercera.

Estábamos en los Presupuestos. Como jefe de gabinete, ¿qué le diría a Sánchez ante el incumplimiento reiterado de la obligación constitucional de presentarlos? ¿No es peligroso acostumbrar a la sociedad a que la Constitución sólo se cumpla cuando conviene?

Yo creo que hay que presentar los Presupuestos. Lo digo como ciudadano, no como jefe de gabinete. Presenta los Presupuestos y, después, gana las elecciones. Con audacia, sin miedo. Y lo hará. Como pasó en 2019.

España necesita unos Presupuestos sociales siempre. España necesita adaptarse a cada momento. Ahora bien: hay que tener empatía. El Gobierno se asienta en una mayoría transversal, plurinacional y periférica. Este problema lo está sufriendo también el bloque de la derecha, esa incapacidad para aprobarlos.

Pero, piensa que va a haber legislatura hasta el final.

Sí. Lo creo. Hasta el último día.

Iván Redondo nació en San Sebastián.

Iván Redondo nació en San Sebastián. Rodrigo Mínguez

Dice haber sido el artífice del pacto de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Usted le dijo al presidente, desde muy pronto, que, si quería gobernar, tenía que ir a eso que usted llama "la España plurinacional". ¿Cómo es esa España?

La nación es lo que la sociedad de un país puede determinar desde un punto de vista existencial. Lo que se determina desde el punto de vista institucional es el Estado. Yo defiendo, efectivamente, una España como nación de naciones donde Cataluña, Euskadi y Galicia son una nación.

¿Y Andalucía?

La última reforma de su Estatuto habla de "realidad nacional". En mis artículos la llamo "la nación del sur". Me gusta jugar con la dualidad de la Transición: esas "nacionalidades" de las que habla la Constitución. Porque yo no encuentro la diferencia.

Ese concepto se planteó así para pasar página y que esa generación pudiera avanzar en la creación de la Democracia. En cualquier caso, yo no soy nadie para determinar cuántas naciones hay en España. Sólo le he dado mi opinión. En algún momento habrá que constituir España.

España ya está constituida desde 1978.

Tenemos una Constitución ejemplar, pero que hoy es incompleta. Cada generación tiene derecho a constituir su propio país. La España de las autonomías es una España de otro reinado. Está muriendo técnica e institucionalmente. Está muriendo de viejo y de éxito.

Creo que conviene encontrar el momento para constituir esa nueva España. Parece imposible, ¿verdad? En política, todo es imposible hasta que interesa.

Poco antes de su marcha, se produce la gran discrepancia entre Sánchez y usted. Acababa de pasar lo más duro de la pandemia y Sánchez quería centrar la acción del Gobierno en la economía, mientras que usted le decía que llevara lo más lejos posible "la España plurinacional". Al final, usted se fue del gobierno y Sánchez sí ha recorrido ese camino.

Sánchez tiene una virtud muy clara: es un economista centrado en el balance, que por cierto hoy es sobresaliente. Yo insistía en la importancia de no olvidarse de esa España diversa que quiere transitar hacia un nuevo encaje. Ojo, tan sólo era una recomendación. Esa es la labor de un jefe de gabinete: recomendar, nada más.

Tengo la intuición de que la visión de España como Estado plurinacional del sur de la Unión Europea se va a ir imponiendo con el paso del tiempo. Feijóo no es presidente por 20.000 votos en cuatro Comunidades, de las cuales tres son Navarra, Euskadi y Cataluña. España no es uninacional. La España plurinacional es el gran proyecto para los próximos veinte años.

Usted habla de hacer una reforma constitucional en ese sentido en 2028, por los cincuenta años de la Constitución. Preparó un informe para Sánchez con esas recomendaciones.

Lo primero sería preguntar a los españoles si quieren una reforma de la Constitución. Eso se llama artículo 92. Lo que no hay que hacer es forzar las cosas. No voy a contarle el contenido de ese informe. Ni quiero, ni debo, ni puedo.

Usted trasladó ese proyecto al jefe de gabinete de la Casa Real. ¿Y al Rey?

Las conversaciones con el jefe del Estado quedan en el ámbito de la confidencialidad. Sí reconozco en el libro mi relación de amistad y confianza con Jaime Alfonsín y con Domingo Martínez Palomo, entonces en la Casa Real. Pude trasladar mis ideas y mi visión de España. Pero no le voy a contar esas reuniones, igual que usted no me podrá contar las que tiene con su director.

¿No es imposible ese "reencuentro" si la otra parte proclama que solo quiere independencia? No es una opinión, me refiero a la abierta voluntad de independencia de los socios de Sánchez.

Para mí, la amnistía, por ejemplo, es un signo de reencuentro total. En la pregunta, va implícita su opinión personal.

No es la mía. Es la de Otegi o Puigdemont.

¿Cree que la situación en Cataluña es igual que la que heredó este Gobierno? Hay un momento fundacional en la moción de censura: el 90% de diputados catalanes y vascos votaron a favor. En Cataluña, se ha pasado página y estamos en una posición de reencuentro total.

Ese reencuentro también compete al PP. En el Congreso, se producen votaciones que no eran posibles hace diez años. Una democracia fuerte es una democracia capaz de perdonar y olvidar.

Usted es una de las personas que mejor conoce políticamente a Sánchez. ¿Hasta dónde es capaz de llegar en Cataluña para satisfacer a sus socios independentistas? ¿Un referéndum?

El presidente ha tratado desde el primer momento de construir un puente con Cataluña para que todos los españoles puedan cruzarlo. Eso tiene que ver con la convivencia democrática. La fortuna favorece al valiente.

Cuando Sánchez habla de Cataluña, habla de España. Me representa. Y estoy convencido de que la tesis del Gobierno sobre Cataluña representa a la mayoría de españoles. Yo no puedo hablar por el Gobierno, pero ya han dejado claro varias veces que no habrá referéndum.

Esgrime como argumento para negar el referéndum que el Gobierno lo ha negado en varias ocasiones. ¿No es esa una razón para creer que lo habrá? Dijeron que no a los indultos, a la amnistía, a los pactos con Bildu…

EL ESPAÑOL es un medio que, por lo general, trata de dar fuerza editorial a la derecha plural. El Partido Popular ha dicho muchas veces que jamás pactaría con Vox y ahora lo está haciendo. Está firmando medidas que van en contra de lo que dijo.

También lo hemos publicado en el periódico, informativa y editorialmente.

Es la realidad de España. Hay que encontrar puntos de unión. Yo no puedo hablar por el Gobierno. Pero pienso que, en España, no va a haber ningún referéndum de autodeterminación. Me parece que está clarísimo. Si alguno quiere seguir levantando esa bandera, la que está en su pregunta, que haga lo que quiera.